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SÍ, ¡LA NECESITO!

Cuando te haces responsable de alguien

Una mano tirando de otra mano

¿De quién te estás haciendo responsable?

¿De quién te estás ocupando, en vez de dejar que esa persona se ocupe de sí misma?

Muchas personas han aprendido, por su historia de vida, a hacerse responsables de los demás.

Y se sienten culpables cuando no ocupan ese rol, como si abandonaran al otro, como si le dejaran en la estacada…

Me lo encuentro cada día en mis coachees.

Una que trata a su pareja como si fuera un hijo, estableciendo una relación asimétrica que es de todo menos de pareja. Le recuerda las cosas, le dice lo que tiene que hacer, le explica cómo hay que hacerlo, le riñe cuando no lo hace bien

Otra que cede al chantaje emocional de su madre. Que deja de escucharse y de hacer lo que siente y desea, para que su madre no lo pase mal.

Otra que no deja a su pareja porque “pobrecito, ¿qué va a ser de él?”.

(Por cierto, si tú también quieres trabajar conmigo, puedes rellenar este formulario).

Te podría poner mil ejemplos de personas que creen que están ayudando al otro.

Y no, ayudar no es hacer por alguien lo que esa persona puede hacer por sí misma.

Ayudar a alguien de una forma sana implica, primero, que esa persona te haya pedido ayuda y, segundo, que sea en algo que no puede hacer por sí misma.

Todo lo demás es ocupar un lugar que no te corresponde.

Incluso aunque el otro crea que no sabe sostenerse, eso no te hace responsable a ti.

Ese dolor que quieres evitarle, es precisamente lo que necesita para darse cuenta de algo.

De lo que sea, eso es cosa suya.

Cada adulto es responsable de sí mismo. Solo si tienes hijos eres responsable de otra persona. Pero nunca de otro adulto.

Cuando sobreproteges a alguien, pensando que así le estás ayudando, en realidad le estás impidiendo que desarrolle su propio potencial y sus propios recursos.

Cuando tratas al otro como si no fuera capaz, tú también estás contribuyendo a que se sienta incapaz.

De alguna manera, le estás castrando…

Les evitamos el dolor a los demás, porque también nos lo evitamos a nosotros mismos. Y lo único que estamos haciendo es impedir su crecimiento, igual que impedimos el nuestro.

Porque el dolor te obliga a hacerte responsable de ti, a pararte, a sentirte, a reconocerte, a aceptar lo que estabas queriendo evitar, a soltar eso a lo que te aferras, a afrontar lo que estabas queriendo negar… y a llegar donde no habías llegado antes.

Y, solo desde ahí, puedes aprender a volar.

Desplegar tus alas, o dejar que el otro despliegue las suyas…

EL REY Y EL HALCÓN

Un rey recibió como obsequio dos pichones de halcón y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara.

Pasados unos meses, el instructor le comunicó que uno de los halcones estaba perfectamente educado, pero que no sabía qué le sucedía al otro: no se había movido de la rama desde el día de su llegada a Palacio, e incluso había que llevarle el alimento hasta allí.

El rey mandó llamar a curanderos y sanadores de todo tipo, pero nadie pudo hacer volar al ave.

Encargó entonces la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió; por la ventana de sus habitaciones, el monarca veía que el pájaro continuaba inmóvil.

Publicó por fin un bando entre sus súbditos solicitando ayuda, y a la mañana siguiente vio al halcón volar ágilmente por los jardines.

—Traedme al autor de ese milagro —dijo.

En seguida le presentaron a un campesino.

— Hiciste volar al halcón ¿Cómo lo lograste? ¿Eres mago, acaso?

Entre feliz e intimidado el hombrecillo explicó:

— Su Alteza: yo sólo corté la rama. El halcón se dio cuenta de que tenía alas,
y voló

Si sientes que te cuesta soltar al otro y dejar que se haga responsable de sí mismo, tal vez sea el momento de que te hagas responsable de ti.

De ese rol de salvadora que has aprendido, de eso que te cuentas que eres cuando te ocupas de los demás, de eso que das cuando en realidad no quieres darlo, de eso que te reprochas a ti misma cuando sueltas y les dejas andar su camino, de esa culpa irracional que sientes cuando dices que no… De lo que sea que haya detrás de esa necesidad de hacerte responsable del otro, de lo suyo.

Esa es tu responsabilidad. Esa, sí.

Como siempre, me encantará que me cuentes qué te ha inspirado este post, en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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20 comentarios

20 comentarios
  1. Rosa 02/09/2021

    Uff, qué verdad más grande. Yo, siendo la más joven de mis hermanas, he sido la cuidadora de todos (en especial de una madre ultraexigente y sieeeeemmmpre enferma, real o imaginariamente). Les era imprescindible, pero sin agradecimiento por ninguna parte. Todo eran desprecios y dando por supuesto que era yo quien me tenía que encargar de todo. Hace 4 años, “corté la rama” radicalmente y ahora vuelo sola. La única pena es no haberlo hecho antes. Es duro llegar a tener que usar el contacto cero, pero en mi caso, era imprescindible. He optado por ser la mala, pero nunca más seré la tonta. Un beso

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 08/09/2021

      Hola Rosa,
      Muchas gracias por compartir. Espero que este camino que estás andando te sirva para aprender a respetarte y poner límites. Fíjate que en lo que cuentas hay dos extremos, de ser la cuidadora de todos a cortar la rama y volar sola. Y seguro que hay un camino intermedio en el que poniendo límites desde el primer momento también puedas volar acompañada, en futuras relaciones.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Carmen 02/09/2021

    A mi eso me paso con mi padre. Por un lado solo señalaba mis fallos y era hipercritico y narcisista. Por otro lado me chantajeaba de mil maneras para que no me fuera de su lado ni pudiera crecer.
    Su papel de padre no lo ejerció y yo parecía mas su cuidadora y madre que una hija. Se hacia el pobrecito incapaz cuando le convenía.
    Me ha dejado ciertas secuelas y heridas. Ese papel no lo merece nadie.

    Responder
    • Toya 02/09/2021

      Vanessa, quería preguntarte si todo lo que dices en este artículo es también aplicable a un hijo adulto mayor de 25 años. Me veo muy reflejada, pero no sé si un hijo es diferente, imagino que no, pero te agradecería tu confirmación.

      Responder
      • Ana 04/09/2021

        Me ha encantado este post, hace muchos años mi papá se separó de mi madre cuando tenía 3 años y siempre lloraba por no tenerle cerca, y cuando crecí me mude a otro país donde mis circunstancias eran un poco mejores, aún así difíciles porque todo lo he conseguido a base de mucho esfuerzo y sacrificio. Y mi padre siempre se ha mostrado como una víctima ante mi, nunca he recibido ayuda de mi padre, solo de dinero cuando era pequeña pero nada más, y ahora muchas veces sacrifico mis ganancias para ayudarle a él antes que a mi misma. La primera vez que ahorré se lo llevé todo y me dejé de lado limitándose a mi misma, y aun hoy en día me cuesta tomar la decisión de obsequiarme por mis esfuerzos antes que a él. Creo que debo replantearme mi vida y este post me ha dado un pequeño empujón hacia el cambio que muchas veces busco y no encuentro porque yo misma me castigo sin darme cuenta.

        Responder
        • Vanessa Carreño Andrés 10/09/2021

          Hola Ana,
          Muchas gracias por compartir, me alegro mucho de ese pequeño empujón. Observa y escucha de dónde viene ese sentir que mereces castigo, que no te mereces ser feliz, que has de pensar en los demás antes que en ti…
          Un abrazo,
          Vanessa

          Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 08/09/2021

        Hola Toya,
        No explicas mucho a qué te refieres, pero entiendo que se trata de que sientes que te estás haciendo responsable de ese hijo de 25 años. Creo que con los hijos se trata de darles las herramientas para que cuando ya son adultos puedan volar por sí mismos, más que de sostenerles, porque esto solo les llevará a ser dependientes y elegir parejas que les cuiden igual que les cuidaron sus padres. Te recomiendo un libro sobre esto: “La llave de la buena vida”, de Joan Garriga.
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 08/09/2021

      Muchas gracias, Carmen. Espero que sanes esas secuelas y esas heridas, para que puedas vivir desde el amor a ti misma y soltar el rencor y todo lo que no es tuyo :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Maria 02/09/2021

    Pues yo esto lo veo en la relación entre mi pareja y su hermana, y me pongo enferma de ver cómo él “se deja cuidar” y ella le trata como el hijo que no ha tenido…. ¡y ya es muy mayorcito!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 08/09/2021

      Hola María,
      A los demás no les puedes cambiar, supongo que eso ya lo sabes :-). Tan solo puedes hacerte cargo de ti misma y de lo que a ti se te despierta y te mueve en tu relación con los demás.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  4. Debbie 02/09/2021

    Vanessa, muy bueno tu post, y la verdad sí es algo que solía hacer, sobre todo con mi hermano menor, e incluso me enojaba si él no hacía las cosas como yo quisiera que las hiciera, y ahora veo que es importante que él aprenda de sus propias decisiones, y el hacerse cargo del otro tapaba los vacíos de mi autoestima, y estoy muy agradecida con Dios, con el universo, por permitirme ver estas cosas. Aunque haya sido difícil de ver al principio. Es muy liberador y empoderador hacernos cargo de nuestras vidas. Muchas gracias por tu post, y bueno, también tengo una sugerencia para ti, también sería interesante por ejemplo subir tus post a YouTube en formato de vídeo narración, y con una música relajante de fondo, así podrías llegar a más personas e incluso sería cómodo escucharlos mientras realizas alguna otra actividad.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 08/09/2021

      Mil gracias, Debbie. Es maravilloso tu comentario, tu despertar, la humildad de reconocer ese papel que aprendiste a ejercer desde tu ego y tus vacíos… Muchas gracias por compartirlo.
      Tengo pendiente hacer un podcast con mis post, sí. Me apetece mucho y no lo he hecho hasta ahora por un tema de tiempo, de que para meter algo nuevo hay que sacar algo antes, pero lo tengo en mente. Gracias también por tu sugerencia :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  5. Maria 03/09/2021

    Lo siento con mi padre… siempre sabe hacerme sentir culpable, a mi madre la trata fatal (toda la vida le ha estado poniendo cuernos)… pero él siempre lleva la razón de todo y tienes que estarle agradecida… además se refugia en el ‘yo soy así’.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 10/09/2021

      Hola María,
      Intentar hacer sentir culpables a otros es una forma de manipulación, consciente o inconsciente. Si has visto a tu madre no poner límites, es muy posible que hayas aprendido eso mismo. Y desde ahí que te hagas responsable del otro y te tragues sus culpas y sus chantajes emocionales. Te animaría a hacer un trabajo de autoconocimiento para poder sanar eso en ti, aprender a poner límites y que no se repita en tus relaciones.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  6. Elsa 03/09/2021

    Vanessa, agradecida por las lecturas o post que compartes, me ayuda mucho en mi desarrollo personal. Yo soy una persona muy sobre protectora y pienso que no lo puede y trato de complacer y entender, incluso siento pena por la persona que está conmigo, que va ser de él, pero sí desgasta emocionalmente; como orientas es dejar que solo se desarrolle, y cuánto equivocada estoy.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 10/09/2021

      Hola Elsa,
      Así es, si te ocupas de otros no puedes ocuparte de ti misma… Conocerte te ayuda a comprender de dónde viene esa necesidad de proteger a otros y complacerles, para que desde ahí puedas sanar lo que es aprendido y no te pertenece.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  7. Carolina 03/09/2021

    Gracias por este post… al morir mis padres asumí automáticamente ese papel en la vida de mis hermanos, todos adultos. Nadie me lo pidió pero yo lo vi como un deber, que finalmente me hizo entender que yo era la rama que no les permitía volar… y salí de sus vidas, fue lo correcto, por que yo también pude emprender mi propio vuelo.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 10/09/2021

      Qué bonito leerte. Me alegro mucho de ese aprendizaje, Carolina. Muchas gracias por compartirlo.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  8. Claudia 10/09/2021

    Buenas tardes, al leer este post me vi reflejada al máximo, puesto que yo siento que me hago cargo de mi pareja. Tenemos 25 años de casados, él está enfermo pero puede valerse por si mismo. El me hace sentir que es mi obligación estar atenta a todas sus necesidades, y si no hago algo me siento culpable. Cuando yo no estoy puede hacer muchas cosas, pero cuando yo estoy se pone en el papel de victima y de que sufre mucho dolor por su enfermedad. Lo peor y que me atormenta demasiado, es que por las noches no me deja dormir por sus quejas del mismo dolor. Debo despertarme y mínimo preguntar qué le pasa o si necesita algo, si no lo hago y sigo dormida se pone muy molesto, y es peor la situación pues se pone muy violento verbalmente. ¿Hasta donde llega mi obligación como pareja?

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 15/09/2021

      Hola Claudia,
      Creo que no existe esa obligación que nombras, que el vínculo en una pareja nunca está basado en la obligación, sino en el deseo, la elección, la reciprocidad… Cuando no nace de aquí, malo.
      Lo que cuentas suena a una dinámica de salvadora-víctima, a la que seguramente habéis contribuido los dos. Por muy víctima que se coloque alguien, es necesario que haya un salvador para que se cree esa dinámica tóxica. Y ahí es donde puedes trabajar, en esa manera de vincularte desde cuidar/estar pendiente de/ salvar al otro, y sentirte culpable si no lo haces.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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