Si no te das cuenta, no sirve de nada

Mujer tumbada - Si no te das cuenta no sirve de nada

¿Cómo resuelves un problema si no reconoces que lo tienes?

¿Cómo dejas de hacer algo si no te das cuenta de que lo estás haciendo?

¿Cómo paras de tropezar con la misma piedra si no te paras a mirar la piedra?

Cuando alguien se da cuenta de algo que le pasa, cuando se lo reconoce y se hace responsable, ya tiene medio camino andado.

Porque para cambiar, lo primero es que te des cuenta.

Si no te das cuenta, no sirve de nada.

Hasta que no tomas consciencia de lo que te pasa, se seguirá repitiendo una y otra vez.

Por ejemplo, hasta que no seas consciente de que los demás no te están rechazando, sino de que tú proyectas tu miedo y tu propio rechazo en ellos, te seguirá pasando lo mismo.

Hasta que no seas consciente de que estás intentando controlarlo todo porque no reconoces ni aceptas el miedo, seguirás pertubándote a ti misma en ese empeño por que nada se salga del marco.

Hasta que no seas consciente de que eres tú quien no se está respetando delante de esa persona, él o ella te seguirá faltando al respeto una y otra vez.

Hasta que no seas consciente de que no es que los demás no te valoren o no te tengan en cuenta, sino que eres tú quien no se tiene en cuenta, te seguirá pasando lo mismo.

Y así, con todo: hasta que no te des cuenta de que tu peor juez y verdugo eres tú misma; hasta que no te des cuenta de que no eres culpable sino sólo responsable; hasta que no te des cuenta de que el amor que más necesitas es el tuyo propio; hasta que no te des cuenta de cuando es tu ego quien toma las riendas; hasta que no te des cuenta de que eso que crees que eres no eres tú, sino lo que has aprendido; hasta que no te des cuenta de que no te estás dando permiso para sentir lo que sientes o para ser tú misma

Lo que te pasa te seguirá pasando una y otra vez hasta que aprendas la lección.

Es de cajón: si yo no veo una piedra, si no me doy cuenta de ella, seguiré tropezando una y otra vez.

Así que sí, insisto por si no te lo he contado suficientes veces, para que me llames pesada y con razón :-): Lo que te pasa tiene que ver contigo, y sólo contigo. Igual que lo que les pasa a los demás (o cómo responden a lo que tú haces) tiene que ver con ellos, y sólo con ellos.

Pero hasta que no aprendas la lección, vivirás erre que erre con la piedra.

Y da igual lo que te digan. Da igual que alguien se empeñe en abrirte los ojos. Nadie puede hacerse consciente de lo que le pasa a través de los ojos de otro.

Por eso, querer que los demás vean lo que no ven no suele funcionar.

Si una persona no quiere darse cuenta, si no es su momento, si no está preparada, da igual lo que los demás la empujen, que volverá a comerse la piedra.

Sólo cuando despierte, sólo cuando sea consciente, podrá coger la piedra y quitarla del camino.

Como en esa historia en la que un hombre que está soñando algo maravilloso en realidad es un mendigo con una vida horrible y que no tiene nada ni a nadie. Y te preguntan si le despertarías o le dejarías dormido. ¿Qué harías tú?

Yo, sin ninguna duda, le despertaría. Porque sólo despierto podrá ser consciente y andar el camino que necesite para salvarse a sí mismo…

Sólo cuando despertamos, podemos salvarnos.

Tal vez por eso, cuando una coachee se da cuenta de algo importante para ella, aunque sea algo doloroso, la felicito y la animo a que se lo reconozca, a que lo celebre, porque ha dado un gran paso.

Un paso imprescindible, que nadie puede dar por ella.

Como cuenta este cuento…

DARSE CUENTA

Me levanto una mañana, salgo de mi casa, hay un pozo en la vereda, no lo veo, y me caigo en él.

Día siguiente… salgo de mi casa, me olvido que hay un pozo en la vereda, y vuelvo a caer  en él.

Tercer día, salgo de mi casa tratando de acordarme que hay un pozo en la vereda, sin embargo no lo recuerdo, y caigo en él.

Cuarto día, salgo de mi casa tratando de acordarme del pozo en la vereda, lo recuerdo, y a pesar de eso, no veo el pozo y caigo en él.

Quinto día, salgo de mi casa, recuerdo que tengo que tener presente el pozo en la vereda y camino mirando el piso, y lo veo y a pesar de verlo, caigo en él.

Sexto día, salgo de mi casa, recuerdo el pozo en la vereda, voy buscándolo con la vista, lo veo, intento saltarlo, pero caigo en él.

Séptimo día, salgo de mi casa, veo el pozo, tomo carrera, salto, rozo con la puntas de mis pies el borde del otro lado, pero no es suficiente y caigo en él.

Octavo día, salgo de mi casa, veo el pozo, tomo carrera, salto, llego al otro lado!
Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido, que festejo dando saltos de alegría… y al hacerlo, caigo otra vez en el pozo.

Noveno día, salgo de mi casa, veo el pozo, tomo carrera, lo salto, y sigo mi camino.

Décimo día, me doy cuenta recién hoy que es más cómodo caminar… por la vereda de enfrente.

Jorge Bucay

Como ves, tomar consciencia no es algo que pase de un día para otro.

Hace falta andar un camino para llegar ahí, y caer en el pozo tantas veces como sea necesario.

Hasta que paras y empiezas a observarte.

Hasta que empiezas a escucharte.

Hasta que te aceptas y te das permiso para sentir lo que sientes.

Hasta que reflexionas y te preguntas qué es lo que está pasando ahí, qué es lo que eso te cuenta de ti.

Hasta que te das cuenta, das un paso atrás y te comprometes a soltar el automático.

Despertar, hacer consciente lo inconsciente, es algo mágico, que pasa muy de vez en cuando…

Pero cuando pasa, cada vez que pasa, se abre una puerta nueva para ti. Una nueva posibilidad. Un nuevo camino que antes desconocías.

Y eso, sin ninguna duda, se merece una buena fiesta.

¿Y tú? ¿Te has dado cuenta de qué es eso de lo que NO te estabas dando cuenta? Es un pregunta enrevesada, pero fundamental. Y, si te apetece, me encantaría que compartas tus reflexiones conmigo en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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15 comentarios

15 comentarios
  1. EVA 28/08/2020

    ¡Maldito pozo en la vereda! Jajaja pero es verdad, somos así y no lo vemos hasta que caemos cien mil quinientas veces.
    Creo que lo que nos han enseñado de niños muchas veces es erróneo… está bien ser persistente e intentar que las cosas funcionen, no vaya a ser que no funcione por que no lo he intentado lo suficiente o con las suficientes ganas, pero, si aun así no funciona o no sale, o no va bien…. Lo único que vas a conseguir es desanimarte y dejar de ser tú mismo para ser alguien que se da de bruces constantemente con la misma pared, en algún momento hay que aprender a desistir.
    Hace poco descubrí, a mis 40 años, que si no funciona… no funciona…que da igual lo mucho que lo intentes y que lo desees con todas tus fuerzas por que seguirá sin funcionar y que lo único que vas a conseguir en el proceso es olvidarte de tí y tus necesidades por un imposible, hay que aprender a dejar ir… a desistir a tiempo y a que si no funciona es que no tiene que funcionar, ya sea una relación, un trabajo o un hobbie.
    Ojalá alguien me hubiese dicho eso de joven, «intentalo, pero si ves que lo intentas con todas tus fuerzas y no ha salido…no persistas…déjalo ir y a otra cosa».

    Responder
    • Mònica 30/08/2020

      Totalmente cierto Eva! Me ha encantado como lo has descrito, yo no lo podría haber dicho mejor.
      Sí, inténtalo, pero si a pesar de haberlo intentado varias veces y con todas las fuerzas, sigue sin funcionar, déjalo ir.
      Me cuesta hacerme a la idea, pero es así, es la verdad, es la realidad. Y mejor darse cuenta de esto, que luchar contra cosas imposibles. 🙂

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 15/09/2020

        Muchas gracias por compartir, Mónica.
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 07/09/2020

      Aí es, Eva, la magia de saber soltar, la pócima del desapego… Todo llega, y cada lección forma parte del camino. Hasta que un día, sencillamente sin serlo, cruzas de acera…
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Nancy 29/08/2020

    Yo no logró tener ni un novio jeje, año tras año me ocurre lo mismo y no pierdo las esperanzas…, algo hago mal seguramente, lo sé… Sólo quisiera tener un novio…, y por tanto es verdad que tropiezo con la misma piedra, el mismo comportamiento que no me ayuda, quizás mis costumbres y también mis creencias… Ojalá me ocurriera el cambio anhelado… Gracias por tus posts. 🙏

    Responder
    • Roma 04/09/2020

      No creo que se trate de que cambies, si no de que te aceptes. Puede ser que cuando eso suceda llegue el indicado.

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 18/09/2020

        Sí. Darse cuenta siempre pasa por la aceptación de eso de lo que has tomado consciencia, así es.
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 07/09/2020

      Gracias a ti, Nancy. Tan sólo recuerda que lo que sea que busques fuera ya está dentro de ti. Es ahí donde necesitas buscarlo.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Gemma 03/09/2020

    Me ha gustado mucho el cuento. Pero lo que me ha resonado más es la frase «hasta que no seas consciente de que los demás no te están rechazando, sino de que tú proyectas tu miedo y tu propio rechazo en ellos, te seguirá pasando lo mismo». Porque muchas veces he renunciado a decir lo que siento y he optado por romper la relación por temor al rechazo. Ojalá lo hubiera hecho solo 10 veces 😉

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 18/09/2020

      Muchas gracias, Gemma. Me alegro de que el post te haya servido para darte cuenta de algo tan importante.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  4. Silvia 15/09/2020

    Hola Vanessa, yo le envié un mensaje a una persona. Le dije que si había acabado tan disgustada de mí que ni se había despedido, que al menos hubiera encontrado su camiseta (porque después me escribió para preguntarme si me la había llevado yo al irme del sitio en el que vivíamos). No me contestó y me vine abajo, pensé en volverla a escribir pero me puse nerviosísima y no lo hice. Ahora sigo con esa sensación y creo que es por esto, la lengua caliente y el resto del cuerpo también pero sin fiebre. No sé ya cómo quitármelo de encima, me he tomado un lexatin y una tila y nada. ¿Algún consejo? Muchas gracias

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 19/09/2020

      Hola Silvia,
      Si hay un cuadro de ansiedad, que no lo sé porque tampoco soy experta en ese tema, lo más apropiado sería que consultaras con un psicólogo que pueda ayudarte a resolverlo. No sé los detalles de lo que te ha pasado, pero se trata de que gestiones esas emociones y busques cómo darte lo que tú necesitas, independientemente de cómo responda la otra parte.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
      • Silvia 21/09/2020

        Muchas gracias por tu respuesta, Vanessa. Ojalá no sea un cuadro de ansiedad. Mañana voy a hablar con mi médico. Tengo dolencias en la cara y tensión en la mandíbula.
        Lo que de verdad me molesta de sentir esto, es que quizá haya afectado a mi autoestima. Siento que mi cerebro se está sometiendo a un esfuerzo inútil.
        He soltado tristeza, rabia, empecé soltando el miedo al hablarle a esta persona…Ya no sé qué más hacer.
        Es un asunto que pasó hace casi dos años (cuando aún no sabía lo que era ser asertiva), y no decía las cosas ni protestaba si alguien me trataba mal. Creo que lo que me ha descolocado es no poder deducir realmente lo que pasó. Pero vamos, en la relación siempre mantenía el contacto yo más. Y la otra persona no tenía problema en estar conmigo, pero en el fondo yo creo que yo le daba igual. Y lo que está claro es que el asunto ya no le importa nada. ¿Es eso una amistad, una relación real? ¿Le importé alguna vez realmente? No puedo saberlo, pero es como si mi cerebro lo necesitase a toda costa.
        Estas dolencias han afectado a mi comportamiento, como cuando no tenía asertividad. Sé que la manera de reparar el daño que te ha hecho alguien es plantando cara. ¿Pero y esta situación? Al final he salido con un dolor bestial de cabeza. No entiendo nada.

        Muchas gracias por tu consejo y un saludo, Vanessa

        Responder
  5. Silvia 21/09/2020

    Quería añadir que no sé qué hacer con este estrés, porque no es por algo que vaya a pasar (como un examen por ejemplo), sino por algo que ya ha pasado. No se me irá cuando haga el examen, porque ya no hay ningún examen…un saludo

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 25/09/2020

      Creo que muchas veces necesitamos explicaciones porque no queremos soltar o aceptar la realidad de lo que es, porque duele demasiado para hacerlo. AHí es cuando nos quedamos enganchados a relaciones que nos hacen daño… Y no creo que la forma de reparar el daño que te ha hecho alguien siempre sea plantando cara ante el otro, si es eso a lo que te refieres. Con quien seguro que necesitas trabajarlo es contigo, porque esto tiene más que ver contigo que con el otro. Todo lo que nos pasa tiene que ver con nosotros mismos y nos muestra algo que necesitamos aprender o transitar…
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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