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Ojo con las mentiras que te cuentas a ti misma

Las mentiras que te cuentas - Mujer delante de una cascada

Durante unos meses mentí a mi psicóloga.

En cada sesión le hablaba de mi pareja y de que, una relación que antes era maravillosa, se estaba convirtiendo en un infierno. De que cada vez discutíamos más, de que no conseguíamos entendernos…

Yo le decía que mucho de lo que nos pasaba era culpa mía, porque mi madre había fallecido unos meses antes y desde entonces yo estaba mucho más insegura y dependiente de mi pareja. Como si estuviera volcando la falta de mi madre en él.

Sí. Según mi propia versión, la principal responsable de lo que estaba pasando en mi relación era yo.

Tuvieron que pasar cinco meses de terapia semanal para que mi psicóloga me dijera “Vanessa, estás con un perfil tóxico que te está manipulando con eso de “pobrecito de mí” y haciendo creer lo que no es”.

¿¿¿Cómo??? ¿¿¿Qué el problema no es mío??? Me quedé perpleja.

Y, ¿sabes lo que me respondió mi psicóloga cuando le pregunté por qué no me había dicho eso antes?

Me dijo: “porque tú le dabas la vuelta a la tortilla. Porque siempre lo contabas echándote la culpa a ti misma y dudando mucho de si lo estabas haciendo bien… A las dos nos ha hecho falta este tiempo para ver con claridad lo que está pasando”.

Pues eso, así fue como, sin darme cuenta, estuve engañando a mi psicóloga y contándole que estaba pasando una cosa, cuando en realidad estaba pasando otra muy diferente.

Vale, pues eso es lo que quiero que aprendas a ver en ti. Porque esto de autoengañarnos lo hacemos todos. Sin excepción.

Muchas veces llevamos una venda taaaan grande que lo que nos contamos que nos está pasando tiene muuuy poco que ver con lo que en realidad está ocurriendo.

Y esto te puede pasar en cualquier parte: con la pareja, con tus padres, con hermanos, con amigos, en el trabajo, en tu manera de disciplinarte y hacer lo que te propones (o no hacerlo), en cómo te cuidas o te descuidas en el día a día…

Desde el tema más serio al más banal, lo puedes vivir con una venda puesta, o sin ella y consciente de lo que de verdad te está ocurriendo.

Pero, claro, ahora viene la pregunta del millón: ¿para qué querría alguien vivir con una venda puesta cuando puedes estar despierta y consciente ante tu vida?

Pues para evitar algo que le da mucho miedo

Para no conectar con lo que sentiría si se cuenta la verdad de la historia…

Porque no es capaz de confiar en su criterio ni en sus decisiones…

Porque así no tiene que enfrentarse a una realidad demasiado dolorosa…

Porque ha aprendido a hiperresponsabilizarse de todo (como hacía yo)…

Porque prefiere seguir dormida para no tener que dar un paso que le costaría mucho dar…

Bueno, que puede haber muchos motivos, casi todos inconscientes, para que vivir con una venda puesta te convenga más que quitártela.

Lo importante es que te des cuenta de que toda historia puede tener dos versiones: la real y la inventada.

Y, para que llegues a la real, a la que te permita ser tú plenamente y desde la que puedas darte lo que necesitas, es fundamental que te pilles cuando te cuentas mentiras.

Mira. Te pongo algún ejemplo real (mío o de mis coachees):

Véase una coachee que me contaba que en su última relación ella se había vuelto super dependiente y controladora, y que sus inseguridades hicieron que él se terminara agobiando, mintiéndola y engañándola con otra persona, hasta que ella se enteró. “La culpa de lo que pasó fue mía, la que lo hizo mal fui yo”, insistía.

Esto es lo que ella se contaba, pero, ¿qué estaba pasando en realidad? Pues que había elegido a una persona con un perfil muy evitativo que huía del compromiso. Así que, en cuanto sentía demasiada cercanía en el vínculo, lo boicoteaba, por ejemplo, siendo infiel con otra persona. Y eso no tenía nada que ver con ella (lo único que tenía que ver con ella era el perfil por el que siempre se sentía atraída).

….

O imagínate a una mujer que, después de salir un par de veces con un hombre, se entera de que él tiene dos hijos y no le había dicho nada a ella. Y ella se cuenta que igual fue que ella no le supo transmitir la confianza como para que él le contara eso.

¿¿¿Perdona??? ¿¿¿Desde cuándo tú te tienes que ganar mi confianza para que yo decida contarte algo??? Pues no, la confianza es algo que yo elijo darte o no darte, no es algo que tú te tengas que ganar para que yo confíe en ti.

Así que la realidad es que ese hombre que le ocultó a esa mujer que tenía hijos no supo construir una relación de confianza en su vínculo con ella.

Otro ejemplo, el de una coachee que llevaba varios meses saliendo con un chico que solo quería “fluir e ir viendo” (por cierto, si tú también quieres trabajar conmigo para sentirte segura de ti misma, rellena esto).

Y mira lo que ella se contaba:

“Al principio me dijo que no quería tener una relación, que no estaba preparado para eso. Pero la cosa es que cuando estamos juntos él está guay conmigo, y me habla de viajes que podríamos hacer, y me dice que deje cosas en su casa… Creo que lo que le pasa es que su ex le hizo mucho daño y ahora le cuesta abrir su corazón, pero poco a poco lo hará”.

¿Sabes lo que en realidad estaba pasando? Pues que él estaba a gusto y le venía bien la situación tal cual era. Que, como ella se adaptaba y pedía poco para que él no se agobiara por nada, pues él estaba encantado así (aunque en el fondo siguiera sin estar abierto a una relación con mayor compromiso).

Y lo mismo al revés: si te encuentras a alguien que te dice que sí que busca una relación, pero tú sientes que su comportamiento apunta a lo contrario.

Que no te llama, que nunca se queda a dormir contigo, que le dices que tienes ganas de ir a un sitio y nunca te dice de ir juntos…

Si, en una situación así, tú te empiezas a contar que igual es que “su ritmo es más lento” o que es que tú eres “demasiado pegajosa”, no estás viendo la realidad en su totalidad, sino que estás filtrando lo que quieres ver y contándote lo que te quieres contar para que la historia sea la que tú quieres que sea.

Es decir, te estás poniendo una venda que te impide estar contigo y en tus necesidades.

Porque, cuando una historia ES, no tienes que hacer caso a una parte y omitir otra, sino que la historia se sostiene en su conjunto.

(Casi siempre que en una historia hay una parte que nos indica que sí y otra que nos indica que no, la respuesta suele ser no. Porque, cuando algo ES, todo te indica que sí).

Que no hablo solo de cuando estás conociendo a una posible pareja. Esto de contarnos mentiras, tralará, puede pasar en cualquier ámbito y en cualquier momento de una relación.

Por ejemplo, imagínate a una mujer que está de baja por una operación quirúrgica más o menos sencilla, pero sigue trabajando desde casa porque, según ella, “bueno, no me importa, no iban a encontrar a nadie para tan poco tiempo… Y, al final, acabo antes si lo hago yo”.

Cuando la realidad puede ser que tiene mucho miedo a no ser imprescindible, que siempre pone las necesidades de los demás por delante de las suyas o que tiene tal nivel de exigencia con hacerlo bien que no es capaz de priorizar su recuperación y su descanso.

O una mujer que lleva muchos años con su pareja y hace tiempo que no se siente feliz en la relación. Y se cuenta que “es una persona maravillosa y no tengo nada de lo que quejarme. Es verdad que es poco cariñoso y no habla las cosas, pero es un buen hombre, y el problema lo tengo yo que pido demasiado y no le acepto como es. Debería darme cuenta de que no se puede tener todo y de que no existe la pareja perfecta”.

¿Ves el autoengaño que le impide escuchar cómo ella se está sintiendo? Cuando, en la misma situación, podría haber alguien que simplemente dijera “necesito aceptar que esta relación ya no me llena, que esta persona no encaja con lo que yo quiero en este momento de mi vida y que lo que construimos juntos ahora ya no se sostiene”.

¿Lo ves? Pues se trata de que, en primer lugar, estés lo suficientemente despierta como para distinguir si lo que te cuentas es lo que de verdad está pasando o no.

Y, en segundo lugar, de que te sientas tan segura de ti misma como para atreverte a mirar TU VERDAD a la cara, y a llevarte de la mano a donde necesites ir.

¿Se te ocurre alguna situación en la que ahora veas que te autoengañaste? ¿Qué te contabas y qué era lo que estaba pasando en realidad? Lo puedes compartir conmigo en los comentarios aquí debajo, me encantará responderte.

 

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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4 comentarios

4 comentarios
  1. Sandra 04/04/2024

    Siempre he preferido hacer cosas diferentes a las que hacía mi hermana. En el fondo pensaba que era porque no quería tener que competir con ella, como una cosa de orgullo de “pues no voy a darte el gusto de que compitas conmigo”. Pero ahora al leerte me he dado cuenta de que era mentira, y de que lo que yo no quería era quedar por debajo de ella. Creo que en el fondo me siento inferior a ella, y no quiero que nadie se de cuenta. Gracias, me ha gustado mucho.
    Sandra

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 10/04/2024

      Qué bueno, Sandra. Es un ejemplo magnífico de lo que cuento en el post. Fíjate qué diferente contarte “no hago esto porque no quiero darle a mi hermana el gusto de competir” a contarte que te da miedo no hacerlo tan bien.
      Cambian muchas cosas cuando cambia lo que te cuentas, y, sobre todo, que cuando te cuentas algo que es real ya puedes elegir qué hacer con ello. Pero, cuando te cuentas una mentira, no puedes hacer nada.
      Gracias por compartir.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Luz 04/04/2024

    Yo he tenido un montón de relaciones donde me conformaba con poco porque sentía que no me merecía más. Cuando una pareja o una relación no te llena, claro que creo que hay que aceptarlo, del mismo modo que también es un disgusto ver la realidad y tener que sanar esa herida. Por todo el tiempo que perdiste y por no haber visto la realidad desde el principio. Para mí la cosa es que si alguien no te hace sentir bien o no es lo que tú esperabas, hay que dejarlo ir, o irte tú, y seguir adelante. Pero para mí es un fastidio, eso sí.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 10/04/2024

      Hola Luz,
      Muchas gracias. Sí, es un fastidio por muchos motivos. Por eso a veces preferimos empeñarnos en que el otro cambie, porque eso nos mantiene en la lucha, y es “más fácil” hacer eso que soltar y admitir que esto no es lo que quiero, y quedarme sola, o admitir que debería haberme ido antes, o correr el riesgo de equivocarme, o pensar que he vuelto a fracasar, o lo que sea… Tal cual lo has dicho estoy de acuerdo.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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