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Buscar pareja es como comprar un vestido

Buscar pareja - pareja feliz

Cuando tienes mucha ilusión y muchas ganas de conocer a alguien, de encontrar una pareja estable, es como si quisieras comprarte el vestido de tus sueños.

Sí. Imagínate que tienes un evento suuuper importante y quieres comprarte un vestido precioso… Te lo has imaginado mil veces, lo has visualizado como si ya lo tuvieras puesto, un vestido que te siente fenomenal, de un color que te encante, que te quede como un guante, que sea el vestido de tus sueños, de esos que todo el mundo te dice “¡ooooh me encanta!”, y que ocupe un lugar muy especial en tu armario.

Piensas en él y te mueres de ganas de encontrarlo, te hace una ilusión loca verte a ti misma delante del espejo con ese vestido tan bonito y que te queda tan bien.

Así que te vas tiendas. Entras en una, le dices a la dependienta que estás buscando un vestido muy especial y ella empieza a enseñarte modelos… Te trae unos cuantos. Ninguno te entusiasma demasiado, pero decides probarte alguno, porque, oye, nunca se sabe, lo mismo hasta te lo pruebas y te ves con él.

Igual que cuando empiezas a quedar con alguien que no te entusiasma o no te encaja del todo, pero, oye, por si acaso, que nunca se sabe…

Y, volviendo a los vestidos, te miras en el espejo con uno de esos que te ha propuesto la dependienta y que a ti no te disgusta… Es bonito, pero la cosa es que puesto no te convence cómo te queda, te hace unas arrugas por un lado, te tira un poco en la sisa y no te sienta del todo bien… Pero, al final, como a ella le encanta y no has encontrado nada mejor, pues venga, que te lo terminas llevando.

Y cuando llegas a casa te lo vuelves a probar, y le sigues viendo las arrugas y lo que no te gusta… Estás como incómoda con ese vestido que no te acaba de quedar bien, y te lo pones varias veces, varios días seguidos, y le das mil vueltas a si sí o si no…

Esto es como cuando estás conociendo a alguien que solo te llama una vez por semana, o que un día está y otro desaparece, o que nunca te propone un plan con más de dos días de antelación… Que tú ves que no te sienta del todo bien, igual que el vestido, pero aun así te lo terminas llevando a casa.

Y estás tres semanas probándotelo, a ver si a fuerza de ponértelo te termina quedando bien… Que igual es que pides demasiado, o que lo que estás buscando no existe, o que el problema lo tienes tú que no tienes un cuerpo para vestidos especiales…. Así que mejor estar calladita, esperando un milagro y que el vestido se transforme como por arte de magia y termine siendo el vestido que tú quieres.

Pero no. El vestido sigue sin quedarte bien. Ni de lejos es el vestido perfecto… Pero tú sigues y sigues, erre que erre, a ver si pasa el tiempo y la cosa mejora… Hasta que un día explotas y te enfadas y cargas contra el vestido, que tú con lo ilusionada que estabas y todo lo que te estás esforzando, ¡y esto no termina de encajar!

Peeero, pero, pero, ¿a ti en la tienda te habían dicho que el vestido se fuera a adaptar a ti y a quedarte como tú quieres?

Pues no, ni con los vestidos ni con las parejas se trata de elegir a alguien que no te encaja y después esforzarte para que te encaje.

Que, vamos a ver, si tú sabes que hay muchas tiendas y muuuuchos vestidos y que, si sigues buscando, encontrarás el vestido que te has imaginado tantas veces, porque tú te mereces un vestido que te siente de p.m. y que seas la mujer más feliz del mundo con él puesto…. Si tú estás segurísima de todo esto, ¿crees que te quedarías con ese que te hace arrugas y te sienta mal? Pues no, irías y lo devolverías.

Desde luego que no te lo quedarías si no es lo que buscas.

No es “cojo un vestido que no me cuadra y me obsesiono con adaptarme a él”.

Es “busco hasta encontrar un vestido que me encaje y me siente como yo quiero”.

Vaya, que si yo tengo un vestido que me hace arrugas y no me sienta bien, pues igual vuelvo a la tienda y digo “mira, a mí este vestido me gusta, pero la talla no me va bien, ¿lo tienes en otra talla?”.

Que es lo mismo que, cuando estás conociendo a alguien y hay algunas cosas que no te encajan, ir y decirle al otro lo que te pasa (en vez de empezar a meter tripa e ir super incómoda, empeñada en ser tú la que se adapte al vestido).

Porque sabes que, si te quedas con el vestido que te hace arrugas, no vas a estar a gusto. Y que esto no va de tener un vestido a toda costa, sino de estar a gusto.

Y si tú sabes que claro que habrá vestidos que te gusten y te sienten bien, no te quedas con uno que no es.

Lo mismo que si tú te crees que por supuesto que hay personas geniales que van a cumplir con lo que para ti es imprescindible y que van a encajar contigo y tú también vas a encajar con ellas, pues no te quedarás con alguien que no es.

Así que irás a la tienda y preguntarás si lo tienen en otra talla. Y puede ser que tengan un vestido que te encaje mejor o puede ser que no, lo importante es que tú ahí te estás comportando como alguien que no está dispuesta a quedarse con un vestido que no le va del todo bien.

Porque sabes que no te tienes que quedar con un vestido que te siente regulín. “A mí, o me sienta bien, o no lo quiero y me voy a buscar otro, porque el mundo está lleno de vestidos preciosos para mí”.

Que es lo mismo que decirle a esa persona a la que estás conociendo “oye mira, a mí me gustas, pero me apetece estar con alguien que esté más presente en mi día a día, y no sé si tú ahora estás para eso o si yo te intereso para eso. Porque a mí esto de vernos una vez por semana no me encaja y no es lo que quiero”.

Y punto. Y te quedas tan ancha. Y te vas a otro sitio a buscar tu vestido.

No te quedas ahí hasta que terminas asqueada de los vestidos y dispuesta a llevar pantalones toda tu vida. “Ya, es que siempre me gustan los vestidos que no me sientan bien, y los que me quedan bien no me gustan. Y sufro y lo paso mal, pero no lo puedo evitar… ¡Para esto prefiero pasar de los vestidos!”.

Pues no, eso tampoco es. No es pasar de los vestidos, es pasar de los que no te quedan bien, ¡en cuanto ves la primera arruga!

“Ya, es que siempre pienso que igual si soy más paciente poco a poco las cosas van cambiando y le voy interesando más”.

¡Nooo! ¡Eso tampoco es! Justo ese es otro gran error, callarte, esforzarte y esperar para adaptarte a un vestido que no es… Que, entérate bien, si ese vestido no es hoy, ¡nunca va a ser! Y se te va a pasar el tiempo incómoda y metiendo tripa para que el vestido te encaje, cuando el problema es que ¡ese vestido NO es!

Así que empieza a llevarte a casa vestidos que te gusten y te sienten bien, que te hagan sentir como una reina.

Y si a alguno le aparece alguna arruga o algún descosido, ¡no hagas la vista gorda!
Lo miras, y si tiene arreglo fácil, pues bien.

Y si no lo tiene, pues nada. No hay más oportunidades, devuelves ese vestido y sigues tu camino en busca del tuyo.

Porque sabes que existir, existe.

“No sé por qué siempre termino con hombres que no quieren una relación estable, igual es que no los hay”. Ojo, mucho ojo, porque si crees que no los hay, te quedarás con vestidos que no son porque piensas que de los otros, de los que tú quieres, no los hay.

Así que, primero, ten claro cómo es el vestido que quieres: el largo, el color, la talla el escote, la forma…

Y todo lo que no encaje en eso, ¡es un NO! Y da igual que te parezca un vestido precioso o que pases una noche muy especial con él… Si no cumple con lo que tú buscas, sigue siendo un NO.

Segundo, asegúrate de que sientes dentro de ti que ese vestido existe, que tú puedes tenerlo y que te lo mereces. Con toda certeza y sin ninguna duda.

Y, tercero, cuando encuentres un vestido que “podría ser”, observa cómo te sientes cuando te lo pones… El primer día, el segundo, el tercero… Y ¡no aceptes menos de lo que estabas buscando!

Hasta que tengas ese vestido que te hace sentir como una reina.

Cero arrugas, cero dudas.

¿Qué me dices? ¿Qué quieres hacer diferente la próxima vez que salgas a comprar un vestido? Me lo puedes contar en los comentarios aquí debajo 😉.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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10 comentarios

10 comentarios
  1. Silvia 22/06/2023

    Hola Vanessa
    Me gustó tu artículo, estoy muy de acuerdo en que nos sería muy útil saber qué características debería tener la persona con la que queremos tener una relación sentimental. Pero para esto también tendríamos que conocernos y tener claras nuestras metas de vida; y por inmadurez o juventud nos ligamos con personajes que no nos “quedan” del todo.

    Disfruta tus vacaciones!!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 10/07/2023

      Hola Silvia,
      Sí, la clave es conocerse. Solo desde ahí puedes elegir a una pareja sana. Muchas gracias por nombrarlo.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Mary carmen 22/06/2023

    Que buena la experiencia y comparación con los vestidos.
    Muchas gracias por la información.
    María Carmen.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 10/07/2023

      A ti por comentar, muchas gracias también.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Josune 22/06/2023

    Pues, yo creo que eso es como esperar al Principe Azul!
    Que inexiste!
    Los vestidos son de múltiples colores y no en todo momento te van a quedar bien… parecerá que un rato sí… y otro no.
    ¡Como la vida misma!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 10/07/2023

      Hola Josune,´
      Sí, como la vida misma. Así es :-).
      Muchas gracias por comentar.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  4. Luz 23/06/2023

    Hola Vanessa, me ha gustado mucho tu post. No puedo evitar pensar el el concepto de vestido… para mi primo. Llegó a ir a clases de idiomas para aprender él de una de sus novias. No dejaba de alabar los logros de la siguiente. Y se ha casado con una chica de la que siempre ha hablado con pereza y con dudas: “y me dije…bueno, venga, va”.

    No me ha salido ni darles la enhorabuena ni ir a verles a su nueva casa. Ni he podido, ni he querido. Puse una excusa para no visitarles y ya (hicieron boda sin invitados). No me gusta mi primo, que era colega de los tíos que iban de acosar a chicas (incluyéndome a mí), y que se ha casado con una chica a la que siempre le ha puesto pegas.

    Responder
  5. Luz 23/06/2023

    (segunda parte)

    Y no me gusta la chica, imaginemos que se llama Ramira, que lo ha dejado todo por venirse a España con mi primo, y que va de “quemar etapas”: vivir juntos, casarse, y lo siguiente será…No lo sé, porque mi primo mencionó que no quería tener niños a corto plazo y ella en una reunión familiar soltó: “¡ay! es que todavía no quiere ser padre”. Y apenas la conocíamos. Bueno, que no me gusta.

    Y mi madre, que llegó a decir de mi primo: “no me gustaría que mi pareja hablase así de mí”, cuando le pregunto: “¿Pero si tú fueras la madre de Ramira te gustaría que su esposo hablase así de ella?”, evita mi pregunta, pero sigue defendiendo a mi primo “porque es mi niño”, dice.

    Responder
  6. Luz 23/06/2023

    Lo que quería decir con todo esto, Vanessa, es que te agradezco mucho tu post del vestido. Lo que haga mi familia no es asunto mío, pero me agobia ver que mis primos se han casado en plan “venga va” o incluso “mejor es nada”. Y ya estaba formándome la idea de que yo tendría que hacer lo mismo.

    ¿Pero sabes? Siempre he sabido que en el fondo no quiero hacer eso. He vivido un gran trozo de mi vida que no era mi vida, aguantando a gente y situaciones, y ya no estoy dispuesta a volver a hacerlo. Prefiero no encontrar el amor a conformarme, porque volverá a ser otro trozo de vida falsa y eso es lo último que necesito.

    Muchas gracias otra vez Vanessa, hablando de vestidos, ¡me encantan los que llevas en tus fotos! Los colores así son lo mejor. Un abrazo.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 10/07/2023

      Hola Luz,
      Gracias por compartir. La vida de los demás solo habla de ellos, y lo que te mueve a ti es lo que habla de ti. En eso es en lo que tú puedes actuar, de lo que tú eres responsable.
      Muchas gracias por lo que me dices de mis vestidos :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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