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SÍ, ¡LA NECESITO!

Ojo con tragarte todo lo que lees

Mujer leyendo

¿Te has planteado alguna vez que no todo lo que lees es para ti?

Me refiero a lo que lees en este blog, o a cuando escuchas un podcast o ves un vídeo de crecimiento personal, y te lo tomas al pie de la letra y quieres aplicártelo y encajar en eso, sin haberte preguntado si eso es para ti.

Por ejemplo, supongamos que lees algo sobre ser demasiado exigente con los demás y piensas que eso es lo que te pasa a ti. ¿Qué harás? Pues empezar a pedir menos, reducir tus límites y querer adaptarte más al otro. Pero, ¿y si tu problema no es que seas muy exigente? ¿Y si lo que pasa es que esa persona no te está tratando como tú quieres que te trate o, incluso, que te está menospreciando?

Claro, si alguien te menosprecia y tú lees algo sobre exigir demasiado a los demás y te lo tomas al pie de la letra, te contarás que tienes que ser más tolerante con lo que te molesta, que te rayas por todo y que el problema es que no aceptas al otro como es.

¡Error! ¡En este caso querer gestionar así lo que te pasa es un error! Aquí lo que necesitas es aprender a escuchar cómo te sientes con lo que hace el otro, legitimar y expresar lo que no te hace sentir bien y aprender a valorarte y a hacerte respetar.

Y lo mismo al revés, en el caso de que de verdad estés siendo muy exigente con el otro y con las expectativas que tienes hacia él, si lo que lees es algo que te invita a defender tu forma de pensar, lo que pasará es que tu ego se va a inflar cada vez más. Te costará mucho más ponerte en el lugar del otro, comprender sus necesidades y respetarle como es, y la cola de tu vestido será cada vez más y más larga.

Es decir, no todo lo que lees es para ti ni te sirve en el momento en el que estás.

Habrá cosas que sí te sirvan y otras que no.

El problema es cuando te tomas todo lo que te cuentan al pie de la letra, incluso los consejos que con su mejor intención te da una amiga y que tal vez tengan más que ver con ella que contigo, sin pasarlo por tu filtro interior.

Cuando quieres aplicarte todo lo que escuchas sin preguntarte internamente si a ti eso te sirve.

Y así, cuando te quedas con algo que no es para ti e intentas aplicártelo, es imposible que llegues a sentirte bien. De hecho, cada vez te sientes peor.

Es un problema que me encuentro mucho cuando respondo a un comentario del blog y me doy cuenta de que ese post no es el más indicado para la persona que lo está comentando. O cuando alguien con quien estoy trabajando me dice “es que yo tendría que aceptarle más como es y tengo la sensación de que siempre quiero cambiarle”.

Son personas que se cuentan que se saben muy bien la teoría, pero que siguen sin sentirse bien en la práctica.

¿Por qué? ¡Por que no lo están pasando por su filtro interior! ¡Porque no se están preguntando si eso que han leído/visto/escuchado les sirve o no les sirve!

Porque no se han planteado que no todo sirve para todos.

Y que, por seguir con el mismo ejemplo, si alguien no te está tratando bien y tú te empeñas en aceptarle como es, porque has leído que cuando quieres a alguien no intentas cambiarle, y te cuentas que tienes que ponerte más en su lugar y escuchar más sus necesidades, e intentas adaptarte, tragar, ceder… ¡es imposible que te sientas bien!

¡Claro! ¿¿¿Cómo vas a sentirte bien si te fuerzas a aceptar algo que no te hace sentir bien???

Y, encima, cuando el otro no te trate bien tú te sentirás culpable por sentirte mal y por querer cambiarle. Y vuelta a sentirte mal, ¡porque el problema es que estás siguiendo unas pautas que no tienen nada que ver con tu situación y que no son para ti!

“Ya, pero es que mis expectativas son mías y el otro no tiene por qué cumplirlas, ni yo tengo derecho a exigirle que lo haga”, que me contaba una coachee, seguramente porque también había leído eso en alguna parte.

Y sí, tus expectativas son tuyas y el otro no tiene por qué cumplirlas. Pero eso no significa que tú tengas que sentirte bien con todo lo del otro, sea como sea y haga lo que haga.

Una cosa son las expectativas que tú te has montado respecto al otro sin que el otro en ningún momento te haya dicho que eso vaya a ser así (por ejemplo, que vais a hacer muchos viajes juntos), y otra muy diferente es contarte que eres muy exigente por esperar de alguien un básico de respeto o de honestidad (por ejemplo, que no te grite, que no te mienta o que cumpla con su palabra).

Desde luego que tienes derecho a tener los dos tipos de expectativas, las primeras y las segundas. Pero las primeras, en el ejemplo del viaje, pues igual decides que sí que es algo que quieres aceptar de esa persona porque otras cosas te compensan. O igual decides que no, que para ti eso es importante y que no lo aceptas. En cualquier caso, tú te haces cargo de ti, de lo que tú quieres para ti.

En cambio, en las segundas, las que tienen que ver con unos mínimos de respeto, compromiso, comunicación o lo que sea, sí que va a ser mucho más difícil que tú puedas sentirte bien con alguien que no satisface esas expectativas. Y, de nuevo, tendrás que hacerte cargo de ti…

Así que ojo porque no es que todas las expectativas sean malas y que no haya que esperar nada de los demás. Pensar así es lo que hace que muchas veces nos quedemos en lugares donde no estamos bien, por querer aplicarnos una teoría que no es para todos y que igual no encaja es nuestro caso práctico.

Y, ¿cómo saber que algo que lees es para ti? ¿Cómo sabes si tienes que ponerte más en el lugar del otro o si el problema es que te pones demasiado?

Pues solo hay una manera: conociéndote.

Conociéndote a ti misma. Mirando a tu historia, recorriendo el camino que has andado, viendo qué ha dejado más huella en ti y qué te has contado que los demás esperan de ti…

Comprendiendo tus aprendizajes, poniendo luz a tus creencias limitantes, entendiendo cómo has aprendido a vincularte y qué aprendiste a hacer para que los demás te quisieran, reconociendo tus patrones y aquello que se te repite una y otra vez

Sólo desde ahí podrás empezar a pasar lo que los demás te cuentan por tu filtro interior, para ver si eso a ti te sirve o no te sirve.

Si tiene algo que ver contigo, con tus experiencias, tu historia y con cómo te has ido construyendo, o no tiene nada que ver.

Ese aprender a escuchar a tu guía interior es lo que hará que tú misma puedas responderte a las preguntas que ahora esperas que te respondan los demás.

Vale, veamos otra de esas ideas que rondan por ahí y que cuando la llevamos al extremo también da bastante lugar a confusión: eso de que no te afecta lo que te pasa sino cómo tú lo interpretas.

Así que, si no te gusta cómo te sientes, lo que tienes que hacer es cambiar el pensamiento, cambiar lo que tú te estás contando.

¿Sirve esto en todos los casos? Pues no, no sirve siempre.

Porque si tu pareja te dice que “pareces tonta que no te enteras de nada” y tú te sientes mal, está perfecto que te sientas así. Y si cometes el error de empezar a contarte que no deberías sentirte mal por eso, que el problema son tus pensamientos y que tienes que cambiar cómo interpretas eso que te ha dicho, que no tienes que ser tan susceptible, que tienes que ser más flexible, que es su manera de hablar y que seguro que no lo ha dicho con mala intención, ¡seguirás sintiéndote mal!

Puede que en un primer momento te funcione, pero tarde o temprano volverás a sentirte mal, ¡porque estás queriendo ignorar tus límites! Y doblemente mal: mal por lo que te dice y mal porque te dices que eres tan susceptible que no consigues sentirte bien ni aun cambiando el pensamiento.

¡Erroooooor! Otra vez que lo que sientes está bien, que te habla de ti, te cuenta lo que necesitas y te indica dónde están tus límites. Y si intentas cambiar lo que sientes te quedarás aun peor, con más ansiedad y más culpa, cuando lo que sientes es perfecto porque te está señalando que alguien te está tratando mal.

Es decir, que esto de que los demás no pueden hacerte sentir mal y que cómo te sientes siempre depende de ti, hay que cogerlo con pinzas. Porque si tu pareja te grita hay una parte de cómo te sientes que no está dependiendo de ti. ¿¿¿Cómo vas a sentirte bien ahí???

Cuidado porque este tipo de herramientas psicológicas de cambiar el pensamiento y de que “todo es mío”, llevadas al extremo, son las que muchas veces nos llevan a caer en relaciones de manipulación y maltrato.

Que claro que muchas veces son tus pensamientos los que están acrecentando el malestar, pero muchas otras veces lo que necesitas en primer lugar es legitimar y validar lo que sientes, darte el derecho de sentirlo. Y lo único que te va a permitir diferenciar cuándo es momento de una cosa y cuándo de otra es conocerte, aprender a escucharte, a quererte y a confiar en lo que sientes y en lo que piensas.

Y no todo lo que te afecta de los demás tiene que ver contigo. Puede que lo que te afecte de los demás te cuente algo de ti, pero no todo tiene que ver contigo. ¿Dónde estaría entonces la responsabilidad del otro? Claro que hay una parte que es suya.

Hay una parte que es suya, otra que es tuya y otra que es de la relación, de lo que cada uno despierta en el otro. Porque a cada miembro de una relación le mueven cosas del otro, cosas que no se le mueven con otra persona, y eso pertenece a la relación.

El camino sano aquí es que si a mí me duele algo que tú haces te lo diré. Y si eso mismo vuelve a pasar entonces perderé la confianza en ti. Y si se repite una vez más entonces me alejaré de ti, sin contarme que es que soy demasiado exigente o que debería cambiar cómo interpreto lo que tú haces.

Así que si te suena eso de hacerte tú responsable de todo, pregúntate qué consigues y qué evitas pensando así. Porque está muy bien asumir tu parte de responsabilidad, pero no es muy realista creer que todo es tuyo y nada le pertenece al otro.

Y de nuevo que la clave para diferenciar está en conocerte, saber en qué punto estás y desarrollar la suficiente seguridad y confianza en ti para poder distinguir qué es tuyo y qué no lo es.

En realidad, nadie tendría que saber mejor lo que te pasa y lo que necesitas que tú misma, porque nadie está en tu piel, nadie tiene tu mochila, ni sabe cómo te sientes. Pero para llegar a ese nivel en el que escuches y confíes con los ojos cerrados en tu guía interior necesitas trabajártelo.

Para saber si de verdad te compensa seguir sosteniendo esa relación o no…

Para saber si tendrías que ser más comprensiva con tu suegra o lo que necesitas es hacerte valer ante ella…

Para saber si esos celos que sientes se basan en una falta de confianza o son cosa tuya…

Tu camino es solo tuyo, la que más sabe de ti eres tú y nadie debería decirte qué es lo mejor para ti.

Y solo conociéndote puedes llegar a escuchar lo que sientes de una forma limpia, sin rechazarlo, ni juzgarlo, ni querer cambiarlo. Porque unas veces te hablará de ti, de alguna herida que se te despierta y de algo que tiene que ver contigo. Y otras veces te hablara del otro, de algo del otro que no te hace sentir bien… Y, en cualquier caso, necesitas escucharlo para poder gestionarlo de la mejor manera para ti.

Sólo así podrás llegar a tener tu propio criterio, sin tener que guiarte por un libro, un manual o por alguien que te diga qué es lo que te pasa o qué tienes que hacer.

Y, entonces sí, podrás leer o escuchar algo, pasarlo por tu filtro interior, y sentir de verdad si eso es para ti o no lo es.

Como siempre, me encantará que compartas conmigo, en los comentarios aquí debajo, de qué te has dado cuenta leyendo este post.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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18 comentarios

18 comentarios
  1. Ana Maria 07/10/2021

    Hola, ¿solo trabajas con mujeres?.
    Saludos, gracias.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 11/10/2021

      Hola Ana María,
      Trabajo por igual con hombres y con mujeres. Lo importante es que la persona encaje en lo que yo trabajo, que siempre está relacionado con la autoestima, las relaciones personales y la dependencia emocional, y que esté segura de poder ayudarla. Para eso hago la sesión de valoración, para estar segura de esto y a partir de ahí explicar cómo funcionan mis programas.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Mar 07/10/2021

    Qué buena reflexión Vanesa! Muchas gracias por compartirlo

    Me he visto reflejada en un conflicto que estoy teniendo actualmente con una persona a la que estaba conociendo y que finalmente y al escucharme vi que esa relación no iba a ninguna parte y decidí finalizarla.

    Lo que ocurre es que por alguna razón, supongo que por lo que he interiorizado como que “es lo correcto” en base a referencias externas, creí que debíamos vernos en persona para un cierre adecuado y al menos mantener una amistad o cordialidad (vive un poco lejos y toda la “discusión” fue por mensajes), pero ella no tuvo la paciencia de esperar a ese momento y me soltó todos sus juicios encima, con poco tacto y sin mencionar ningún aspecto positivo mío o de lo que aporté en la relación, solo los que según ella son mis defectos.
    Esto me dolió en el sentido que no me sentí nada comprendida ni valorada, y tampoco me parece justo que solo vea mis aspectos a mejorar (que por cierto estoy trabajando en terapia) y ninguna cualidad, cuando yo siento que di más en la relación que ella. Así, aunque le dije de hablar en persona, ya no tengo ganas… es como que con esto acabó de herir la confianza que nos teníamos. Aún dudo un poco sobre si deberíamos vernos o no, porque estoy entre esa creencia de “hacer las cosas bien” y entre como me siento: menospreciada por esta persona, a la que tampoco sé ya si me compensa mantener en mi vida.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 11/10/2021

      Muchas gracias, Mar. Te diría que te dejes guiar más por lo que sientes hoy, aquí y ahora, que por lo que tu mente te cuenta que es lo correcto o lo que deberías hacer. Lo que sientes no te traiciona nunca, y es una guía infalible para que puedas darte lo que necesitas.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Susana 07/10/2021

    Un OLE como una casa, Vanessa. Magnifica reflexión, con la que no puedo estar más de acuerdo. ¡Mi responsabilidad termina dónde comienza la del otro!
    Un abrazo y muchísimas gracias por estos posts maravillosos
    Susana

    Responder
    • Rosario 10/10/2021

      Pues mira Vanessa te contradices en muchos de tus post, cuando leo que no siento nada malo si no me quieren bien, y tengo derecho a ello y luego en tu post de exigencia es todo lo contrario, mis expectativas son mias y cagadas de esas que tú misma críticas en un post, pues mira no lo entiendo. Lo mismo qué tú creo hay que repensar lo que nos contáis y en base a qué, no es tan simple, las relaciones personales son muy complejas y cada uno lleva una tara, me parece simplón, sin argumentos y sin conexión cuando tú misma te contradices y te quedas en una superficie muy plana.

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 11/10/2021

        En realidad no hay tanta contradicción entre decir que mis expectativas son mías y que no hay nada de malo por sentir que en un lugar no me quieren como quiero que me quieran. Porque que mis expectativas sean mías no quiere decir que tenga que quedarme en cualquier sitio. Es justo lo que comento en el post, que no todo es para todos y que solo cuando te conoces y pones luz a tus creencias y a tus patrones y automatismos puedes distinguir qué tiene que ver contigo y qué no tiene que ver contigo… A cada uno nos sostienen unas creencias y unos aprendizajes tan diferentes que es imposible que lo mismo sirva para todos.
        Nadie puede decirte lo que necesitas mejor que tú misma, en construir ese filtro interior consiste la vida… Y si algo no te sirve está bien así, no todo lo que escribo, ni yo ni nadie, puede servir a todos.
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 11/10/2021

      Gracias a ti, Susana. Me alegro de que te haya gustado :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  4. Esther 07/10/2021

    Fascinante de nuevo el artículo! Me ayuda a reflexionar internamente, y a cuestionarme cuánto estoy respetándome en mis decisiones. Gracias

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 11/10/2021

      ¡Gracias a ti! Me alegro mucho de esa reflexión.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  5. Begoña 07/10/2021

    Muy buena reflexión. Y que difícil es a veces saber donde está la línea que separa lo que me pertenece a mí (y por tanto tengo q trabajar) y lo que pertenece a la otra persona. Me conecto con lo que siento en esas situaciones que actúan como disparadores… y siento una mezcla de enfado y tristeza. Enfado xq algunos comportamientos me enojan, me duelen, y me gustaría que fueran diferentes…y tristeza porque esto me aleja y distancia.
    ¿Cuánto hay de mi y cuanto hay del otro? Puedo pasar una vida entera trabajando en mi, poniendo conciencia, tratando de entender y entenderme… pero lo que siento me parece legítimo y no puedo hacer ver que no existe. Entonces…si la otra persona no hace su parte, siento que nada va a cambiar…
    Gracias por darme este espacio de reflexión.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 11/10/2021

      Hola Begoña,
      Sí, estoy de acuerdo en que a veces cuesta distinguir qué es mío y qué es del otro. Precisamente en eso que confluye es donde está lo que pertenece a la relación. Y ahí es donde has de mostrarle tu sentir al otro, para que la relación se vaya construyendo y adaptando a las necesidades de cada uno de los dos. Tu parte es expresarle al otro lo que te mueve, y entonces es donde el otro también ha de hacer su parte para que la relación funcione. Esto muchas veces no es fácil, claro que no, por eso hay relaciones que siguen adelante y otras que se rompen.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  6. SONIA 07/10/2021

    Mil gracias por tus palabras, Vanessa. Me veo super reflejada en eso que dices porque durante muchos años, casi toda mi vida que recuerde, creo que sin darme cuenta era de las personas de blanco o negro. Si leo algo, es que debe ser así. No contemplaba otras opciones, pensando casi siempre que sólo esa opción era la correcta. Leer tus post me ha abierto los ojos hace mucho tiempo, es como si me leyeses la mente. Cada día siento más que todo lo que he leído en tu blog a mi me ha resonado mucho. Pienso: ¡¡ella sí que me entiende!! Bueno, y mi psicóloga de ahora, que conecta conmigo a la perfección. GRACIAS

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 11/10/2021

      Qué bien, Sonia. Me alegro de que aquí te sientas acompañada y comprendida en tu sentir. Y espero que te sirva para ser tú la primera que lo legitime y lo valide.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  7. Saba 07/10/2021

    Gracias por este envío, lo considero fundamental y muy oportuno pues recientemente pase por una situación que me llevó a una revisión personal y de los otros. Eso me ha torturado: por momentos asumo culpas de otros y por momentos me encuentro sin saber hasta dónde soy responsable de lo que ha pasado. Gracias, me has sacado de una tortuosa situación pendular.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 11/10/2021

      Gracias a ti, Saba. Eso que dices, el aprender a reconocer qué es tuyo y qué no es lo es, es precisamente a lo que vas llegando cuando te conoces y te comprendes en tu historia y en tus aprendizajes. Es un camino hacia una misma que poco a poco va despejando los árboles que nos suelen impedir ver el bosque :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  8. Debbie 08/10/2021

    WoW Vanesa, que buena reflexión, ese darnos cuenta de que todo no aplica a todo, y que la mejor manera de saber cuándo algo nos aplica es conociéndonos y confiando en nuestra sabiduría interior. Muchas gracias Vanessa por ese regalo tan bonito que le das a las personas para conocernos y aprender a amarnos. Que Dios te bendiga.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 11/10/2021

      Gracias a ti por acompañarme en este camino y compartir conmigo lo que te sirve, me alegro mucho :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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