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Bendita autoexigencia que me ha dado tanto

Mujer sonriendo

La mayoría de las mujeres con las que trabajo son super exigentes consigo mismas.

Super exigentes en todo.

Come esto. Haz aquello. Sal a correr. Llama a tu madre. Termina lo otro. Vas tarde. Tendrías que ir al gimnasio. No puedes ver una serie. Deberías trabajar más. No haces lo suficiente.

Y así, todo el día.

Pero, ¿sabes que es lo peor? Que se creen que eso es algo positivo, porque gracias a ser así de exigentes han conseguido lo que han conseguido en su vida.

Claro, ¿cómo vas a dejar de hacer algo que te hace daño si una parte de ti lo defiende y lo justifica? Pues no, siendo así, no lo vas a dejar de hacer.

Y sí que estas mujeres pueden admitir que hay una parte de esa exigencia que les hace daño, que les genera malestar, que les hace sentir que no valen o que no lo hacen bien.

Pero siempre que hablamos de esto terminan defendiendo que ser exigente contigo misma está bien porque te ayuda a conseguir muchas cosas. Que ellas han logrado muchos objetivos, sobre todo en el terreno académico y profesional, gracias a ser tan exigentes consigo mismas.

“Gracias a mi autoexigencia he llegado hasta aquí”.

“Todo lo que he conseguido se lo debo a haber sido dura conmigo misma”.

“Es que cuando me exijo consigo muchas más cosas, si no lo hiciera no lograría tanto”.

Es decir, su creencia, limitante a más no poder, es que la autoexigencia es buena porque sin ella no podrían obtener los mismos resultados.

¿Tú también te lo crees? ¿También te crees que la exigencia te ha traído cosas buenas y que sin ella no tendrías muchos de los logros que ahora tienes?

Vale, pues voy a rebatirte esto.

Me encanta cuando me exiges así

Primero, ¿tú te imaginas diciéndole a alguien “me encanta que seas tan exigente conmigo”? No, seguro que no. Porque la exigencia no le hace sentir bien a nadie. Te puede gustar que alguien sea cariñoso o cuidadoso contigo, pero no exigente.

Y si no te hace sentir bien que los demás lo sean, no te engañes contándote que tu propia exigencia te hace sentir bien (siempre que tengas dudas sobre si tu manera de hablarte es buena para ti, piensa si eso mismo se lo dirías a una amiga o a una niña pequeña. Si a alguien a quien quieres no le dirías “te exijo x”, lo lógico sería que también te espantara decírtelo a ti misma).

Así que no, tu autoexigencia no te hace sentir bien. Esa forma de tratarte nuuunca te va a hacer sentir bien.

Otra cosa muy distinta es que los resultados que has obtenido te gusten, pero lo que te vengo a decir es que puedes obtener los mismos resultados sin ser exigente contigo.

¿Cómo?

Te lo explico: la exigencia hacia ti misma es una forma de tratarte. No es una forma de hacer o de comportarte, ¡es la manera en la que te tratas! Y a ti lo que te ha permitido lograr lo que has logrado es la forma en la que te has comportado. Es decir, lo que has hecho, los pasos que has dado, lo que te has esforzado y lo que te has comprometido para conseguir eso.

Vamos, que dejar de ser exigente contigo misma es cambiar la manera en la que te tratas en tu vida y en el camino a conseguir lo que quieres, pero no por ello va a cambiar lo que haces. Y, si no cambia lo que haces, tampoco tiene que cambiar lo que logras.

Resumiendo: puedes cambiar la forma de tratarte y que el resultado sea el mismo.

Porque de lo que se trata es de que mantengas el compromiso contigo misma y con lo que quieres, pero cambiando esa autoexigencia por automotivación y autocariño (aunque esto ahora te suene a chino).

Vaya, pasando del “tengo que hacer esto” al “quiero hacer esto porque va a ser bueno para mí”.

Y, así, igual estás a punto de sentarte a ver una serie en vez de ponerte un rato con ese curso que estás haciendo, y decides que te pones con el curso porque te va a aportar algo que ahora mismo necesitas y después te vas a sentir orgullosa y satisfecha de ti. ¡Pero te pones con el curso por eso!, y no por que te estés apuntando a ti misma con una pistola o llamándote “vaga de mierda” como hacías desde tu parte autoexigente.

Ese es el problema, que nos han enseñado a hacer las cosas desde la exigencia y a castigarnos cuando no las cumplíamos, en vez de enseñarnos a hacerlas desde la automotivación interna, el refuerzo positivo y el amor propio.

Imagínate a dos niñas

Y sigo dándote argumentos…

Piensa en dos niñas que están estudiando en su habitación. Una lo hace desde el miedo, desde el no sentirse suficiente, desde el decirse que va a suspender, que lo va a hacer mal, que sus padres se van a enfadar, que tiene que ponerse, que tiene que sacar un 9 para que la quieran, que no puede levantarse, que es tonta si tiene ganas de ir a jugar, que como puede ser que le cueste tanto aprenderse una lección, que su amiga fulanita lo hace mucho mejor que ella… Si después de esto saca un 9, habrá sacado un 9 a costa de mucho sufrimiento y sin una sensación de valía auténtica y profunda… En todo caso, vinculada al resultado.

Ahora imagínate a otra niña estudiando en su habitación. Ésta lo hace desde el amor propio, desde la confianza, desde la automotivación… Se dice que lo está haciendo bien, que merecerá la pena el esfuerzo, que esto es bueno para ella, que después se dará un buen premio porque se lo merece… Y cuando después de esto saque un 9, se sentirá feliz y orgullosa de sí misma. Sabrá que es válida, no por el 9, sino porque lo es en sí misma.

Y este ejemplo de las niñas funciona exactamente igual contigo.

¿Y si te hubieran contado que puedes conseguir lo mismo tratándote con amor, valorando lo que haces y automotivándote con pequeños premios? Pues sí, se puede. Y consigues lo mismo, pero sin el desgaste emocional, ni el malestar ni el coste en autoestima que te supone ser exigente contigo.

De lo que se trata es de saber qué es eso que quieres y moverte hacia ello desde un lugar más amable y compasivo contigo misma.

Piénsalo, ¿cuál es ese objetivo para el que antes te contabas que necesitabas a la autoexigencia? ¿Qué es eso que quieres? Bueno, pues dirígete a ello escuchando lo que sientes y lo que necesitas en cada momento para llegar ahí. Y sin forzarte, ni culparte como lo hacías antes.

Menos MALtratarte y más Amor

Así que no, la exigencia no es positiva ni te ayuda a conseguir cosas. La exigencia es una forma de MALtratarte que te genera mucho malestar, mucha somatización en el cuerpo y que te devuelve una y otra vez a la sensación de no ser suficiente…

La exigencia es el “cómo”, y puedes cambiar el “cómo” sin que cambie el “qué”, lo que consigues. Pero para eso tienes que empezar trabajando lo que te lleva a exigirte, por ejemplo, no sentirte suficiente o no haber aprendido a tratarte con amor y respeto.

Y sí, muchas veces cuando empiezas a tratarte con amor y con respeto la consecuencia es que también cambian tus objetivos. Que se vuelven más livianos, más apetecibles y menos desgastantes y ambiciosos.

Por ejemplo, que donde antes lo primero era el deber y las obligaciones, ahora lo primero es cuidarte y sentirte bien.

O que donde antes te quitabas de dormir y de descansar para cumplir con tus mandatos internos, ahora digas “pues mira, no me da tiempo a entregarte esto hoy. Te lo envío mañana”.

O que donde antes te exigías salir a correr seis días a la semana, pues ahora lo mismo te vale con salir tres y lo haces tan a gusto y sin ninguna lucha interna, porque sabes que te sienta bien.

Porque igual lo de salir seis días estaba construido desde ese mismo lugar de autoexigencia desde el que te tratabas. Desde el no sentirte suficiente si no hacías el máximo. Desde el imponerte siempre dar más y más.

Y entonces, cuando cambias la autoexigencia por amor, por mimo y por automotivación, pues resulta que lo que te imponías antes a ti misma, ahora ya no te hace falta para sentirte válida.

Y que ahora tus objetivos y tus deseos están mucho más conectados con lo que TÚ de verdad quieres (no con lo que crees que se espera de ti).

Porque tú ya te sientes valiosa y suficiente por ti misma. Sin más.

Si lograr esto te encantaría, tengo un curso con el que aprenderás a quererte bien y a automotivarte mejor. Para que consigas lo que te propones, sí, pero desde el disfrute y el amor propio.

Se llama Amor, porque no se podría llamar de otra forma. Y te servirá taaanto que me escribirás para contármelo, te lo aseguro.

Lo tienes AQUÍ.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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4 comentarios

4 comentarios
  1. Jess 31/08/2023

    Y qué bien sienta dejar la autoexigencia… Yo me he hasta engordado, imagínate, y ahora la verdad no me apetece nada meterme caña, es una paz profunda que no había sentido nunca antes, estoy en un momento de priorizar el descanso y la calma en todos los aspectos de mi vida.

    Gracias Vanessa, tú me has ayudado mucho con tu curso Amor.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 04/09/2023

      Qué bien, Jess. Si hasta me ha dado paz leerte… Me alegro mucho de que estés tan conectada con la aceptación y el amor a ti misma, desde ahí se construye mucho mejor :-).
      Gracias a ti por haberte apuntado a Amor.
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
  2. Saeta 31/08/2023

    Qué gran artículo, me siento súper identificada. Y qué difícil es re programar nuestra mente y aprender a tratarnos con amor, a mi me sigue costando muchísimo, me llego a sentir mal hasta de no haberme tratado bien, porque obviamente yo era la niña que sacaba todo 10 para que la quisieran y para ser vista…

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 04/09/2023

      Hola Saeta ;-),
      Nadie puede hacer aquello que no sabe hacer. ¿Culparías a esa niña por no saber sumar cuando nadie le había enseñado? Pues es lo mismo. El amor a una misma no viene de serie, es algo que se aprende. Y pasa por comprenderte y aceptarte siempre sin condiciones, incluso cuando ya sabes hacerlo y te equivocas.
      Se trata mucho más de tener ese compromiso y esa flexibilidad que de querer hacerlo siempre bien, porque con esto estaríamos volviendo a los patrones antiguos.
      Un abrazo enorme,
      Vanessa

      Responder

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