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Claro que vas a hacerle daño a alguien

Dos manos agarradas - hacerle daño a alguien

En este post me voy a contradecir. Te lo aviso desde ya, así que no hace falta que me lo digas ;-).

Porque, si me lees, seguro que alguna vez me has escuchado esto de que no hacemos daño por lo que decimos, sino por cómo lo decimos.

Y que lo importante para no hacer daño al otro ni generar un conflicto es saber decir las cosas.

Y que a eso, a decirlo respetando a esa persona y poniéndote en su lugar, pero sin dejar de respetarte a ti y de ponerte en tu lugar, se aprende.

Y de verdad lo creo así.

Pero también creo que necesitamos aceptar que habrá momentos en que le haremos daño a alguien.

Que, aunque no quieras, en algún momento, harás daño.

Es algo inevitable y algo que no siempre va a depender de ti.

Y el problema es que, cuando tienes mucho miedo a dañar al otro y no aceptas que eso pueda pasar, intentas controlarlo todo taaanto que es imposible que tus relaciones sean fluidas y que seas capaz de expresar de manera natural lo que te pasa con los demás.

Esto lo veo constantemente en mis coachees.

Por ejemplo, una mujer que no se siente cómoda con una propuesta que le ha hecho su cuñada y quiere decirle que no, pero le asusta hacerle daño…

O alguien que siente que la relación con su pareja ya no es lo que era, y le hablas de podérselo expresar al otro, y entra en pánico. “¿Cómo le voy a decir eso? ¡¡¡Es que le voy a hacer daño!!!”.

O una amiga con la que siempre salías a caminar, y ahora a ti ese plan ya no te apetece o no te va bien. Pero te callas para no hacerle daño, porque “es que no quiero que piense que no me importa”.

Claro que en cualquiera de estos casos puedes hacer daño. Porque, donde hay vínculo entre dos personas, hay posibilidad de ser dañado por el otro.

Pero, ¿dónde quedas tú cuando te tragas lo tuyo para no hacerle daño a esa persona? ¿Te das cuenta de que desapareces?

Me refiero a cuando terminas justificándote y quitándole importancia a tu malestar, en plan “bah, si no es para tanto, no me pasa nada por salir con ella un rato” (con la amiga con la que salías a caminar).

Y así puede ser que te pase con una amiga, con alguien de tu familia, con tu pareja…

Y puede ser que te calles algo pequeño que no tenga mucha importancia, o que también seas capaz de tragarte tus deseos y tus necesidades en algo más grande. En cualquier caso, para no hacerle daño a esa persona…

Por ejemplo, recuerdo a una coachee que vivía en una ciudad diferente a la de su hermano. Y resulta que su hermano le había dicho de ir a verla con su familia en un fin de semana en el que a ella no le iba nada bien. Pero ella no se había atrevido a decirle que no le iba bien por no hacerle daño, y lo que había hecho era modificar todos sus planes para poder estar disponible para él.

¿Lo ves?

Mira, la vida es un camino en el que cada uno lleva una mochila con sus cosas: con sus experiencias, con sus traumas, con sus miedos, con sus recursos, con sus fortalezas, con sus inseguridades, con sus creencias, con sus heridas, con eso que le ha dolido de alguien… Con todo lo que le ha pasado y le pasa cada día.

(Y, por cierto, cuanto mejor gestione yo lo que me va pasando y cuanto más consciente sea de lo que hay en mi mochila, menos me pesará).

Bueno, pues esto que te estoy contando de no decirle a alguien algo por no hacerle daño es como que cogieras la mochila del otro y se la llevaras tú. “Trae, que para que tú no tengas que cargar con lo que te pasa y para que no tengas que gestionar tu dolor, ya me cargo yo con tu mochila y ya me aguanto yo con que vengas a mi casa aunque a mí no me vaya bien”.

Tal cual 🙁

ESO es lo que pasa cuando te haces daño a ti para no hacérselo al otro, que te colocas como salvadora y no dejas que sea esa persona quien asuma el peso de su mochila.

Cuando iba de mártir 🙁

Este patrón del que te estoy hablando es muy mío. Siempre ha estado muy presente en mí el miedo a hacerle daño a alguien, a que alguien se sintiera rechazado por mí, a ser injusta con alguien, a no tenerle en cuenta… En parte, por yo haberme sentido así de niña muchas veces. Y, en parte, por un pánico terrible a que alguien se enfadara conmigo.

Así que, durante toda mi vida, me he esforzado por no hacerle daño a nadie. Y recuerdo que me sentía muy buena cuando hacía esto. Como una mártir que se sacrifica para que los demás no sufran.

Ya ves, Santa Vanessa, ¡jaja!

Ahora, en cambio, no creo que eso fuera una bondad sana ni verdadera. Al revés, creo que es un “buenismo” que nace de miedos, exigencias, inseguridades y carencias. Y que una bondad y una generosidad auténticas nunca van a pasar por ser mala conmigo misma para ser buena con el otro.

Es decir, creo que cuando hacemos esto de “me trago lo mío para no hacerte daño a ti” sí puede haber una parte que es por el otro, pero la mayor parte es por mí.

Por no sentirme culpable después, por sentirme buena y correcta, por sentir que lo hago bien, por que los demás me reconozcan lo buena que soy… Por lo que sea, que en cada caso será diferente, pero creo que hay una gran parte que es una necesidad del ego.

En mi caso, desde luego, tenía mucho que ver con haber aprendido a sentirme culpable por lo que les pasaba a los demás, por lo que hacían y por lo que sentían.

Como mi niña aprendió que todo lo que ocurría a su alrededor era culpa suya, desde ahí la posibilidad de hacerle daño a alguien me conectaba con la culpa. Porque, si al otro le dolía algo, la culpable era yo. Así que tenía que desconectarme de mis necesidades para no hacer daño y no sentirme culpable.

Y esa es la parte que yo me he trabajado, sobre todo la culpa, para quitarme ese miedo a hacer daño y para dejar de llevarles a los demás su mochila (cómo lo hice yo, y cientos de mujeres detrás de mí, lo tienes paso a paso en AMOR, el mejor curso para trabajar la culpa que conozco).

Ese es mi caso, pero ya te digo que en cada persona habrá un motivo diferente detrás de ese miedo a hacer daño.

Puede ser que en realidad lo que haya sea miedo a defraudar o a decepcionar a esa persona

Puede ser miedo a explotar de ira y a perder el control y llevarte al otro por delante…

Puede ser que tengas mucho miedo a que el otro piense algo malo de ti, a que piense que eres fría, que lo estás haciendo mal o que eres mala persona…

Yo me ocupo de mi mochila y tú de la tuya

La cosa es que, cuando te pasas por encima por no hacer daño al otro, te terminas haciendo daño a ti. Y es así siempre. No hay opción. Porque estas llevando mochilas que no son tuyas y que te impiden cuidar de ti.

Cuando lo cierto es que, con el otro, lo único que está en tu mano y depende de ti es cómo se lo dices. Después, a partir de ahí, es el otro quien tendrá que hacerse cargo de lo que sienta.

De su mochila, igual que tú te haces cargo de la tuya.

Porque sois dos adultos encargados de satisfacer sus necesidades y de gestionar sus dolores.

Y yo me hago cargo de lo mío, y sé que tú puedes hacerte cargo de lo tuyo.

Y así es como me coloco como adulta (y ya no más como una madre que le lleva la mochila a un niño y se encarga de que no le duela nada).

¿Te das cuenta?

Y me viene otro ejemplo de esto a la cabeza, aunque con un matiz diferente: el otro día una coachee me contaba que está conociendo a un hombre con el que está muy a gusto.

Entonces, un día que él la había llamado para hablar, ella estaba desbordada, preocupada y sin ganas de nada, porque llevaba una semana horrible de malas noticias.

Bueno, pues, ¿sabes lo que respondió ella cuando él le preguntó qué tal estaba? Que “muy bien”. Es decir, aparentó estar contenta y de buen humor.

Y, ¿sabes por qué? Por miedo a incomodar a ese hombre.

Por “miedo a espantarle con mis tristezas”, que me dijo ella.

Esto también es tragarme lo mío para no hacerle daño al otro o para que no se sienta mal.

Y, cuando hacemos esto, cortamos el flujo de una relación sana y auténtica. Porque tú te estás sintiendo de una forma que no muestras. Y porque, adelantándote a cómo se va a sentir esa persona, te estás cargando con su mochila.

(Es curioso que a veces pasamos de no hacernos cargo de nuestra propia mochila a llevar la mochila de todos los que nos rodean).

Cuando, fíjate, si tú en esa misma situación le dices a ese hombre “jo, pues estoy disgustada por esto”, además de ser honesta, de estar alineada contigo y de cuidar de ti…

Además de eso, es que expresarte así te permite ver en qué medida el otro sabe acompañarte en un momento como ese. En qué medida sabe estar en su dolor y abrazarte a ti en el tuyo. Y en qué medida saber sostener su mochila a la vez que te cuida a ti mientras se te remueve la tuya.

Así que telita con la información que te va a dar, en cualquier situación, decir lo que te pasa en vez de tragártelo…

¿Qué me dices? ¿Te das cuenta de cosas que te callas para no hacerle daño a alguien? Me encantará que me lo cuentes en los comentarios aquí debajo.

 

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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6 comentarios

6 comentarios
  1. Manuela Diaz 22/02/2024

    Hola Vanesa, muy cierto. Cargamos cosas que no nos corresponden y así nos va. Yo estoy en el proceso de conocerme y cuidarme, que nunca termina. Aprender a decir NO, UF, es aprender toda la vida. Gracias 🙂

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/02/2024

      Muchas gracias, Manuela. Es cierto, no termina nunca ni hay un lugar al que llegar, tan solo se trata de ir andando el camino que necesites en cada momento :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. María Jesús 23/02/2024

    ¿Y pasar de alguien en el trabajo cuando se ríe de ti porque sabes que nadie te va a defender y te resulta súper tóxica? Mi plan era esperar a que terminase mi periodo de trabajo y ya poner una reclamación y que le den morcilla a esa persona. De todas formas, no entiendo que alguien se comporte mal en el lugar de donde saca el dinero :/

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/02/2024

      Hola Maria Jesús,
      Sí, puede ser que en una situación elijas pasar de alguien porque sabes que es mejor así. En realidad, se trata de que tú internamente sientas que te cuidas y te respetas y te quedes tranquila. Y cuando tomamos una decisión alineada con nosotras mismas y desde el amor lo sabemos, y ya no seguimos dándole vueltas… Se trata de que esas respuestas sobre lo que es mejor hacer las puedas escuchar claramente dentro de ti, con seguridad en ti misma.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
      • María Jesús 29/02/2024

        Muchas gracias por tu respuesta, Vanessa. Me ayuda mucho, no siempre se quiere “pelear” y eso es lícito también, según creo.

        Además esta persona se ha puesto a hacer mi parte de un trabajo, pero como la última vez que me quejé la jefa fue de dejarme mal delante del resto de empleados, pues me he callado. Ya soltaré algo y luego diré que lo que importa es sacar el trabajo adelante. Me vale con no ser yo quien lo está haciendo mal.

        Responder
        • Vanessa Carreño Andrés 05/03/2024

          Entonces trabaja contigo misma esa confianza en tu trabajo y en cómo lo estás haciendo. Suele ser más importante sentirlo dentro que demostrarlo fuera :-).
          Un abrazo,
          Vanessa

          Responder

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