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La calidad de tus relaciones depende de esto

Dos mujeres tristes hablando - la calidad de tus relaciones

Dime un momento en el que no te sentiste escuchada por alguien.

En el que estabas compartiendo algo importante para ti o expresando cómo te sentías, y no sentiste que la otra persona te escuchara de verdad.

Es algo bastante frecuente…

Cuando alguien te corta y no te deja hablar.

Cuando mira el móvil mientras le hablas.

Cuando se pone a darte un consejo sin que se lo hayas pedido: “mira, lo que deberías hacer es esto”.

Cuando te dice “sí, es lo mismo que cuando me pasó a mí esto con mi hermana. Espera que te lo cuento…”.

Y tú piensas “¡que no! Que ahora mismo no quiero que me cuentes lo que te pasó a ti, ¡¡¡que solo quiero que me escuches!!!”.

La verdad es que sienta muy mal. Y creo que nos ha pasado a todos, que todos nos hemos sentido NO escuchados alguna vez.

Bueno, pues a pesar de lo importante que es la escucha en nuestras relaciones, pienso que es una de las habilidades sociales a la que menos atención le prestamos.

¿Por qué? Porque la mayoría pensamos que escuchamos bien. Porque casi nadie piensa que se le dé mal escuchar.

Lo percibimos en los demás, pero no en nosotros mismos.

Y, en realidad, tiene mucho que ver, porque cuanto mejor sepas escuchar al otro, más escuchada te sentirás por los demás.

Porque el orden no es “primero me escuchan, y después ya escucho yo”.

Esto empieza por ti, por cómo tú te escuchas a ti y escuchas al otro.

Y sí, entonces también podrá darse el que sientas que escuchas a alguien y que esa persona no te escucha, pero ya no lo vivirás con la rabia y la frustración de quien necesita sentirse escuchada porque no se escucha a sí misma.

A mí también me pasa

Para mí, esto de aprender a escuchar empieza por reconocer cuándo soy yo la que no escucho al otro. Así que voy a dar ejemplo:

El otro día estaba dando un paseo con un amigo que lo está pasando muy mal por una relación tóxica de la que no consigue salir. Está totalmente cegado en que el otro cambie y lo suyo pueda funcionar. Y, como es algo que trabajo constantemente con mis coachees y por lo que yo misma he pasado, entiendo lo que le pasa y sé lo que necesita hacer.

Pues, ¿sabes qué? Que justo eso de creer que “yo sé lo que te pasa” me impidió escucharle. Cada vez que yo le decía algo, él seguía en su diálogo de que “es que yo sé que me quiere” o “si no fuera por esto”… Y yo pensaba que el que no me estaba escuchando era él. Pero no.

Después me di cuenta de que era yo la que no le escuchaba. De que creerme que yo tenía la solución para todos sus males no me estaba dejando escucharle de verdad, respetando su sentir y el momento en el que se encuentra, igual que lo hago cuando estoy en una sesión con una coachee (por cierto, si quieres trabajar conmigo es aquí).

Bueno, pues de ejemplos así están plagadas nuestras conversaciones cotidianas.

Tal vez por mi trabajo o tal vez porque de pequeña me sentí poco escuchada por mi entorno, la cosa es que es algo en lo que me fijo mucho. Y alucino con lo mal que escuchamos muchas veces.

Por ejemplo, cuando le cuentas a alguien lo mal que lo estás pasando con un tema y te dice que no deberías sentirte así, que no deberías preocuparte tanto, que seguro que se arregla. Y tú, no sabes por qué, pero no te quedas bien…

Pues claro, no te quedas bien porque lo que necesitas en ese momento es que el otro valide cómo te estás sintiendo, no que te diga que no deberías sentirte así. Además de que, si tú tienes tendencia a pensar que la que lo haces mal eres tú y el otro te dice eso, lo más probable es que termines pensando que la culpa es tuya por sentirte así.

O, te pongo otro ejemplo: alguien te corrige o te dice algo que le ha molestado de ti y tú, en vez de escuchar lo que te está diciendo, empiezas a defenderte, a decirle lo que te molestó a ti de él o a explicarle que no debería sentirse molesto por eso.

Piénsalo, seguro que te ha pasado alguna vez. Y eso no significa que en otros momentos no sepas escuchar a alguien, simplemente es que en ese momento te has ido a ti y has dejado de escuchar al otro.

Yo misma, que te estoy contando esto que me pasó el otro día con ese amigo, también sé que escucho bien. Que muchas veces me lo dicen y que es una habilidad que tengo muy entrenada por mi trabajo. Pero eso no significa que siempre lo vaya a hacer bien. Y tan solo se trata de que pueda darme cuenta…

Esto es lo que te impide escuchar

¿Qué nos impide escuchar? Pues depende, y se trata de que identifiques lo que te lo impide a ti.

Porque todos tenemos una forma particular de escuchar y un momento en el que nos desconectamos del otro y nos vamos a las necesidades de nuestro ego.

Piénsalo, ¿qué te suele pasar a ti cuando estás escuchando a alguien?

Puede ser que, sin darte cuenta, se active tu necesidad de gustarle al otro, de hacerlo bien, de que vea que tienes soluciones para lo que le pasa, de que te apruebe…

O puede ser que te vayas a salvarle, a que deje de sentirse así, a ayudarle, a que no sienta el dolor que está sintiendo (cuando, entérate bien, ¡el dolor es algo inevitable!)…

O puede ser que necesites que se sienta importante para ti, que vea que te interesa mucho lo que te está contando, que empatizas con lo suyo…

Lo que sea, no se trata de que tu patrón de escucha no aparezca, sino de que te des cuenta de en qué momento te desconectas del otro y veas qué necesitas ahí.

Por ejemplo, que quieres calmar al otro porque en realidad necesitas calmar la angustia que te está provocando escucharle.

O que veas que asientes todo el rato porque quieres controlar que te apruebe, y lo que necesitas es estar más en el otro y menos en lo que él piensa de ti.

O que te sobreesfuerzas por ayudarle, en vez de simplemente escucharle…

O que te pones en modo “ya sé lo que me vas a contar”, porque en realidad te da miedo no saber qué decirle o que te diga algo que no te guste…

Hay muchas maneras de no escuchar a alguien…

Cuando damos consejos superficiales, tipo “pues pasa de él” (¡como si hubiera un botón para eso!).

Cuando nuestro ego quiere ponerse por encima y dice “te va a pasar esto, y lo sé por propia experiencia”…

Cuando estamos en nuestro diálogo interno, cuando juzgamos al otro, cuando tenemos prisa…

Cuando más que escuchar lo que nos dice esa persona estamos esperando a que termine la frase para decir algo…

Cuando no podemos acompañar a alguien en su dolor, cuando necesitamos que esa persona esté bien YA, cuando nosotras mismas evitamos sentir dolor

Cuando nos vamos a nuestra historia y nos desconectamos de la suya…

Por ejemplo, alguien te habla de lo mal que lo está pasando por la muerte de su madre y tú entras en “ay, cómo te entiendo, lo mal que lo pasé yo cuando se murió la mía. Fíjate que fue justo cuando tal y cual, y todavía lo estoy pasando mal…”.

Ya te decía que la necesidad de sentirnos vistos nos impide escuchar, porque nos saca de estar con el otro y de poder verle en lo que le pasa.

Que claro que nunca podrás desnudarte de ti para escuchar a alguien, que por supuesto que le vas a escuchar a través de tus propias experiencias. Por eso, si varias personas escuchamos lo mismo, cada una lo filtrará a través de sí misma y de su propia mochila. Y esto es inevitable, sí. Pero se trata de que puedas observarlo desde el respeto y de que eso no te desconecte del otro.

Cuando se produce la magia

Alguna vez he escuchado que no hay mejor indicador de la calidad de una relación que la calidad de la escucha que en ella se produce. Y estoy de acuerdo.

Cuando te sientes escuchada por alguien, sientes que puedes confiar en esa persona.

Cuando alguien te escucha, te sientes validada por esa persona, te sientes importante para él, sientes que te respeta.

Si es importante en cualquier relación, me lo parece especialmente en la pareja, donde el “no me escuchas” es una queja súper habitual.

Me alucina muchas veces preguntarle a alguien cómo se siente su pareja con algo que les está pasando o que opina sobre un tema, y que no lo sepa.

Pero claro, si no hay una comunicación honesta y abierta en una pareja, ¿cómo va a haber una escucha respetuosa? Difícil, muy difícil que si no hablamos nos podamos sentir escuchados el uno por el otro.

Y escuchar no es solo escuchar las palabras. Una cosa es oír y otra es escuchar.

Oír es poder repetir lo que te han dicho. Escuchar es acoger, sentir y aceptar lo que acabas de oír.

Implica una atención mucho más profunda. Un estar despierta y presente para el otro.

Con respeto, con silencio, con la mirada solo para esa persona.

Sin buscar soluciones, sin interpretar, sin querer darle una explicación de lo que le pasa…

Sintiendo cómo está esa persona y queriendo comprender las necesidades que se esconden detrás de lo que me cuenta

Sin perder de vista lo que me pasa a mí con lo que me está contando, lo que me remueve a mí… Sabiendo que es inevitable que lo mío se mezcle con lo suyo, pero que al menos puedo ponerle luz y ser consciente de ello.

Y volviendo todo el rato al otro…

Preguntándole cómo se siente con eso que cuenta.

Preguntándome yo, antes de decir algo, si eso que voy a decir es para el otro, o lo digo para mí.

Porque cuando escucho de verdad, entonces ya puedo hablar de corazón.

Y no es que sea fácil. Pero es imposible si no lo intentas.

Me puedes contar aquí debajo alguna situación en la que no te sentiste escuchada o en la que te das cuenta de que no supiste escuchar al otro, me encantará responderte :-).

 

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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6 comentarios

6 comentarios
  1. Pilar 30/11/2023

    Qué buen post Vanessa! En el mundo actual con su ritmo tan frenético siento que nadie escucha, que todo el mundo va a lo suyo. Así que como no te escuches tú misma … complicado contar con alguien. Sí , te oyen, pero poca gente (por no decir nadie) te escucha.
    Hace tiempo mi hermana me comentaba esto mismo. Y yo no pude evitar sentirme aludida, como si me lo estuviera diciendo a mí. Antes yo era su confidente. Ella solo hablaba de ella, se desahogaba conmigo, porque no podía hacerlo con nadie más. Yo me di cuenta que esto tampoco era sano y puse límites a raíz de una discusión que tuvimos con 2 años de distanciamiento de por medio. Ella lo ha dejado con una pareja tóxica hace poco. Me dijo: es triste que tengo que pagar a una psicóloga para que me escuche porque hoy día… no puedes hablar con nadie. Yo le dije es que una amiga tampoco está para que le “planches” la oreja constantemente con tus problemas. Y me contestó: “si es una verdadera amiga, sí”. Yo obviamente no seguí la conversación y lo dejé ahí, porque no estoy de acuerdo.
    No creo que tengamos que escuchar a gente que solo sabe hablar de sí misma, la verdad. ¿Y eso me convierte a mí en egoísta? Yo intento “dar la turra” lo menos posible, eso es también cuidar de tus amistades.
    Por otro lado, me he sentido identificada con lo que dices de intentar ayudar contando nuestra experiencia propia. Es algo súper habitual en mí y voy a intentar cambiarlo. Gracias por ayudarnos a ser mejores “orejas”, Vanessa!

    Un fuerte abrazo

    Responder
    • Olga 01/12/2023

      Hola Vanessa, magnífica reflexión. Es para subrayar. Es revolucionaria. Que mal escuchamos y que interesante darse cuenta que para ser escuchados hay que empezar por una buena escucha a nosotros y a los demás. Y que eso no pasa por poner la oreja y aguantar la chapa, es una escucha consciente desde el corazón. Que maravilla. Yo lo voy a poner en práctica a ver que pasa!!

      Abrazo

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 05/12/2023

        Gracias, Olga, bonita. Me alegro de que te haya gustado y de que te comprometas a esa escucha consciente desde el corazón. Y a ver qué pasa :-).
        Ya me contarás.
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 05/12/2023

      Muchas gracias, Pilar. Me alegro de que el post te haya gustado.
      En mi opinión la amistad sí implica ese escucharse, apoyarse y estar ahí para el otro. Yo no lo llamaría “plancharle la oreja a una amiga”, sino compartir cómo me estoy sintiendo. Y un día seré yo la que lo haga y otro día será ella, porque ha de ser algo recíproco y equilibrado.
      Igual de desequilibrado es quien solo escucha y no comparte lo suyo que quien solo comparte y no escucha. En cualquier caso la relación no está siendo horizontal, y cada uno habrá de hacerse cargo de su parte.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Heike 30/11/2023

    Que buen post Vanesa, me pasa con mi pareja, dónde yo le cuento si estoy mal por algo y ni hablar si me pongo a llorar. Se siente considerablemente incómodo, se va o me cambia de tema. Ahora escuchar realmente en silencio no lo sabe hacer, siempre tiene que emitir un juzgamiento o sino su escape es sentirse atacado. En fin. Y en cuanto a mi me pasa que cuando me cuentan algo a veces si bien lo valido trato de hacerle ver a la otra persona que también hay cosas buenas en la vida. Error mío. Trataré de mejorar.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 05/12/2023

      Muy bien, Heike, muy bueno eso de lo que te estás dando cuenta. Tu parte es dejar estar al otro en su dolor y acompañarle también ahí, sin querer salvarle rápidamente… Y la de tu pareja, pues me temo que su manera de escuchar habla de él y no de ti, y que no está en tu mano que cambie eso. Lo que cuentas es porque le conecta con lo suyo propio, y solo él podrá hacerse cargo de ello.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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