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¿Vives en el agotamiento del “tengo que darme prisa”?

Tengo que darme prisa - mujer corriendo

¿Vives en el agotamiento del “tengo que darme prisa”?

Veamos…

Te dices que tienes que aprovechar el tiempo.

Vas corriendo a todas partes.

No puedes perder ni un minuto.

Te repites que hay que hacer las cosas rápido.

Y si haces varias a la vez, mucho mejor.

Porque el tiempo no se puede desperdiciar.

Y también hay que aprovechar todas las oportunidades.

¡No se puede decir que no a nada!

¿Te suena? Entonces es posible que el “date prisa” sea uno de tus mandatos internos.

En este post te hablé de los mandatos internos y te presenté el primero, el de “se fuerte”.

Y en este otro post te hablé del segundo, el de “se perfecta”.

Hoy vamos con el tercero, el de “date prisa”.

Quien cree que “el tiempo hay que aprovecharlo”, que “tengo que ser productiva” o que “no puedo dejar escapar ningún tren”, inconscientemente se estará repitiendo “tengo que darme prisa”.

Este mandato del “tengo que darme prisa” hace que solo te valores y te sientas bien cuando te das prisa, aprovechas bien el tiempo, no pierdes ninguna oportunidad y haces las cosas ya, rápido y eficiente.

Crees que hay que optimizar cada instante para ser productivo.

Que en cuanto acabas una cosa ya tienes que estar con la siguiente.

Azuzándote y metiéndote prisa todo el tiempo, como si continuamente estuvieras llegando tarde…

Así que no te perdonas hacer las cosas despacio ni vivir relajada.

Por supuesto, no te das permiso para perder el tiempo.

Porque las cosas hay que hacerlas rápido.

Por eso vas corriendo a todas partes y siempre quieres hacer más y más.

Porque te valoras por hacer muchas cosas, en vez de valorarte por hacer las cosas que de verdad sean importantes para ti.

Y cuando estás haciendo una cosa sueles estar pensando en lo que mal que hiciste lo de antes, o en lo siguiente que tienes que hacer, o en lo que podrías estar haciendo en vez de eso…

Además, no dejas escapar ningún tren, en el sentido de que lo quieres hacer todo y aprovechar todas las oportunidades que te surjan en el camino.

Todo esto hace que seas incapaz de disfrutar de los momentos y de simplemente estar aquí y ahora.

Que no te des permiso para parar a descansar, porque te parece una pérdida de tiempo.

Y, en consecuencia, que no seas capaz de reducir el estrés.

Y, lo mismo que te metes prisa a ti, también se la metes a los demás. ¡Te ponen muy nerviosa las personas que hacen las cosas despacio!

No te gusta la gente que se toma la vida con calma, porque no sabes darles a ellos ni a las situaciones el tiempo que precisan, y lo quieres todo para YA.

Si te sientes identificada con esto que estás leyendo, efectivamente el “tengo que darme prisa” te está limitando.

Si no aprovecho el tiempo, no valgo

¿Cuál crees que es la creencia que sostiene el mandato de “date prisa”?

Normalmente suele ser el “no valgo”.

Es decir, si no me doy prisa, no valgo.

Si no aprovecho bien el tiempo, no valgo.

Si tardo en hacer algo, no valgo.

Si no hago varias cosas a la vez, no valgo.

Si no me da tiempo a hacer todo lo que debería hacer, no valgo.

Porque, obviamente, ¡si no soy productiva no valgo!

Así que tengo que darme mucha prisa, ser capaz de hacer muchas cosas, llegar a todo e ir corriendo a todas partes.

Porque si no me doy prisa voy a pensar que no valgo. Y me voy a sentir muy mal conmigo misma. Y me voy a criticar. Y voy a reforzar la creencia de que, tachaaaaaaan, ¡no valgo lo suficiente! Justo lo que yo decía :-).

Y, por supuesto, los demás también se van a dar cuenta de que no valgo.

Así que me vuelvo a exigir darme mucha prisa y hacer las cosas muy rápido, con más empeño que la vez anterior…

¿Y esto cómo lo consigo? Pues no dándome permiso ni para vivir ni para descansar.

Y ya está el lío armado :-).

Por ejemplo, recuerdo que cuando era pequeña mi madre siempre me llevaba corriendo a los sitios y que siempre llegábamos tarde a todas partes. Ella siempre estaba haciendo cosas, jamás la vi sentarse a descansar… Así fue como aprendí que tenía que ir siempre corriendo y hacer muchas cosas para ser válida.

Así que de mayor yo también llegaba tarde y me pasaba la vida corriendo de un sitio para otro, siempre con algo que hacer, ¡y me exigía hacerlo YA para poder pasar a lo siguiente! Era como que si iba relajada a un sitio o me paraba a descansar sentía que estaba perdiendo el tiempo, que no estaba siendo productiva o, peor todavía, ¡que estaba vagueando!

Corre corre, no te pares a hablar que no hay tiempo, sigue haciendo esto mientras terminas lo otro, aprovecha el tiempo, tienes que estar ya pensando en lo siguiente, si puedes hacer tres cosas a la vez mejor que una, ¡no pierdas ni un minuto!.

Agotador… no me daba cuenta pero vivir así era agotador.

Afortunadamente ya me he liberado de este mandato interno y de las creencias que lo sostenían y que me impedían disfrutar de los momentos, saborearlos y vivir la vida. Pero cada día me encuentro a muchas personas que todavía siguen los mandatos de este impulsor.

Por ejemplo, recuerdo a una coachee que decía que era bueno hacer muchas cosas y estar siempre muy ocupada. Cuando le pregunté que para qué era bueno eso, me respondió que para ser productiva. Que si siempre estaba ocupada eso significaba que era muy productiva y que tenía una vida muy interesante. ¿Y para qué quería ser productiva y tener una vida muy interesante?

Pues porque así sentía que valía, que era buena, y que los demás la iban a valorar. “Supongo que la gente al verme dirá que qué guay todo el día haciendo cosas, que qué bien me organizo, que qué vida tan interesante”, comentaba.

Hasta que se dio cuenta de que la exigencia del “date prisa”, en vez de darle una vida interesante, la estaba dejando agotada: “A veces me da la sensación de que de tanto correr no tengo vida”.

Hay muchas personas así, que creen que es positivo ir siempre con prisas y corriendo de un lado para otro. Y que piensan que los demás van a admirarlas más si son así.

¿Comprendes ahora cómo funciona el “date prisa”?

¿Y cuáles crees que son sus consecuencias? Pues que terminas cansada, estresada, sin darte permiso para descansar y en una carrera interminable que no tiene nada que ver con la vida.

No disfrutas de los momentos ni valoras lo importante porque estás acelerada pensando en aprovechar el tiempo, en hacerlo todo, en hacerlo rápido, ¡y en hacerlo ya!

Por ejemplo, recuerdo a una clienta a la que cogerse una tarde para ir a la peluquería, darse un masaje o quedar con unas amigas le parecía una auténtica locura. “¡Pero no estoy haciendo nada productivo!”, me decía. Bueno, ¡es que no era capaz ni de tomarse un helado sentada y sin hacer nada más! Era como que necesitaba estar agotada y tener la cabeza como un bombo para sentirse útil y válida.

Y también a otra que se molestaba mucho cuando alguien tardaba en contestarle a un whatsapp. Cuando le decía que yo soy de las que tardo en contestar, que lo hago igual que con los emails, que los respondo cuando tengo un momento para abrirlos y leerlos, alucinaba. “A mí me parece una falta de respeto tener una mensaje de alguien ahí y no responderlo”, confesaba.

Lo mismo que se ponía negra si estaba esperando a que una compañera de trabajo terminara un informe y esa compañera se bajaba a tomar un café antes de terminarlo. “¡Me parece fatal!”.

Porque lo mismo que se exigía a sí misma se lo exigía a los demás.

Cómo salir del date prisa

Entonces, ¿cómo se sale del “date prisa”?

Pues lo primero es que te des permiso para parar.

Que sepas que te lo mereces y que eres igual de maravillosa cuando paras, cuando haces menos cosas y cuando haces las cosas despacio.

Que aprendas a disfrutar de lo que estás haciendo.

Que aprendas a introducir los descansos y los tiempos lentos en tu día a día.

Que empieces a priorizar y a saber qué es lo verdaderamente importante para ti, lo que es coherente con tus valores. Por ejemplo, si pasar tiempo de calidad con tus hijos es importante, ¿cómo es posible que te sientas mal cuando te sientas con ellos a jugar o a pasar el rato?

¡Por favor! ¡Ya es hora de que empieces a darte permiso para disfrutar de los momentos y para simplemente estar aquí y ahora!

Que aprendas a estar en el presente, sin prisas y disfrutando de cada instante (la respiración consciente y darte permiso para sentir lo que estás sintiendo son una buena manera de comenzar…).

Que cambies tus objetivos de cantidad (hacer muchas cosas) por calidad (hacer las cosas importantes y disfrutarlas).

Que te repitas que ser productivo o ser eficiente no tiene nada que ver con ser valioso.

Que recuerdes que menos es mucho más.

Que te des permiso para descansar y relajarte, sabiendo que eso también es aprovechar el tiempo, ¡y que te lo mereces!.

Y que la vida solo se puede saborear a paso lento, ¡y te estás perdiendo mucho por correr tanto!

Pasos para ponerlo en práctica

Es más sencillo de lo que crees. Vete dando estos pasos de uno en uno:

1.Empieza por elegir algo en lo que te estés exigiendo darte prisa.

2.Piensa en cómo te hace sentir y en cómo te limita exigirte darte prisa en ese aspecto.

3.Decide qué cambios quieres aplicar para sentirte mejor en ese aspecto. ¿Qué permiso te puedes dar? ¿Qué podrías hacer diferente?

4.Imagina que te das ese permiso. ¿Cómo te sentirías? ¿Qué pasaría?

5.Valora los cambios y disfruta de ellos.

Por ejemplo, pensando en una coachee que siempre estaba con eso de aprovechar el tiempo para que le cundiera mucho y le diera tiempo a hacer muchas cosas. Si tardaba en hacer algo más de lo que había calculado se decía que era un desastre por haber perdido el tiempo y que la próxima vez tenía que correr más para que le diera tiempo a todo. Total, que no disfrutaba de lo que hacía y siempre se quedaba insatisfecha.

¿Cómo se sentía con ello y cómo le limitaba meterse tanta prisa? Pues se sentía frustrada y triste. Y le limitaba en que no disfrutaba de las cosas y siempre terminaba con la sensación de que todo lo hacía mal.

Decidió darse permiso para dedicarle a algo el tiempo necesario y disfrutarlo. En concreto, para estar en el parque con sus hijos, sin hacer nada más mientras tanto y teniendo la sensación de que eso era aprovechar el tiempo.

Haciéndolo así se sentiría mejor consigo misma, más coherente con el valor de dedicarle tiempo de calidad a la familia, y más relajada, al no estar en el parque pensando en que no estaba siendo productiva.

Gracias a eso también empezó a relajarse en el camino de vuelta a casa y dejó de necesitar ir corriendo para sentirse valiosa.

Y ya está, un muy buen ejemplo práctico de por dónde se empieza a salir del “tengo que darme prisa”.

¿Y tú? Si te sientes identificada con este mandato de “date prisa”, ¿por dónde podrías empezar a hacer cambios? Si te apetece puedes compartirlo conmigo en los comentarios aquí debajo.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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6 comentarios

6 comentarios
  1. Carmen 07/11/2019

    Mi padre biológico era una persona muy dañina. Me exigía tanto la perfección como la prisa. Y he debido de interiorizarlo. Es cierto que me cuesta mucho disfrutar de la vida y vivir despacio porque además su manera de imponerse era la humillación.
    Estoy en proceso de recuperación todavía.
    Un saludo y gracias Vanessa.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 12/11/2019

      Muchas gracias por compartir, Carmen. Cuando somos niños aceptamos lo que los demás nos cuentan como verdades absolutas. Quienes nos educan lo hacen con la mejor intención, aunque muchas veces no nos resulte útil. Y nosotros nos lo quedamos porque no tenemos otra opción, porque creemos que esa es la verdad absoluta. Solo cuando somos adultos tenemos la libertad y la posibilidad de elegir lo que queremos creer.
      Felicidades por darte cuenta de lo que no es tuyo, ahora tienes la oportunidad de elegir lo que quieres creer sobre la vida, sobre ti y sobre tu manera de vivirla. Siéntete muy agradecida y disfruta mucho de ello.
      Un fuerte abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Fina Sanchez 07/11/2019

    Hola Vanesa…para mi es muy importante este post…por eso quiero compartir contigo que yo soy de las personas al contrario. Yo no soporto a la gente con tanta prisa me ponen muy nerviosa y sí me gustaria Vanesa que en otro post se hablara de lo contrario porque hay personas que a la gente calmada nos hacen la vida infeliz…lo digo por experiencia, no por mí…por mi marido…y ni disfruta él ni me deja disfrutar a mí…del momento que sea, da igual…hasta en la compra siempre está con la palabra “nos vamos ya”…y es agotador…Muchas gracias…y como tú dices Vanesa, la vida hay que vivirla despacio y correr cuando sea muy importante…Besos de Fina…y desde mi Sevilla querida.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 12/11/2019

      Muchas gracias por compartir, Fina. Recuerda que las puertas del cambio se abren hacia dentro, no hacia fuera. Que se trata de cambiarnos y mejorarnos a nosotros mismos cada día, no tanto a los demás. El trabajo que propongo en cada post es con uno mismo, porque ahí es donde se escuentra el crecimiento interior. Por eso todo lo que nos pasa con los demás también es una oportunidad para trabajarnos y mejorarnos en algún aspecto, ya sea en comprender qué dice eso de nosotros, en elegir cómo queremos responder, en poner límites o en aceptar a los demás como son. Siempre hay algo que podemos trabajar, en cualquier circunstancia, no lo dudes.
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
  3. Yan 21/11/2019

    Hola Vanessa . Yo siempre quiero aprovechar hasta el último minuto antes de dormir. Pero me gusta aprovecharlo de manera que a mi parecer es la mejor. Como facilitándome el trabajo en realizarlo lo más eficiente, siempre quedando bien. Siempre ayudando lo más que puedo en la manera que puedo de la forma mas rápido. Sin dejar para mañana cosas pendientes, pero en ese correr quiero que todos los que quiero y tengo aprecio hagan lo mismo. Y los obligo a que se hagan las cosas como yo creo que son mejor. Me he dado cuenta que no a todos les gusta. Pero como sé que mi familia me hace caso a veces me voy a los extremos… sé que debo parar este tren de vida. Pero también sé que he logrado lo que no lograron mis padres y eso me hace sentir que no estoy tan mal.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 25/11/2019

      Hola Yan,
      Muchas gracias por compartir. Creo que nada es positivo o negativo en su totalidad, que se trata de ver cómo nos afecta y cómo nos hace sentir. Por eso te diría que fueras poco a poco, observándote y reconociendo cuándo esa forma de pensar te hace sentir bien y cuándo te limita. Eligiendo qué es lo que quieres creer para sentirte mejor y moviéndote paso a paso hacia ello. En mi opinión la vida no se aprovecha “haciendo”, sino “siendo”.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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