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Cuando te sientes orgullosa de rendirte

Mujer riendo - Cuando te sientes orgullosa de rendirte

Imagínate que te piden que te dejes caer hacia atrás.

Sí, que alguien se coloca detrás de ti y te dice que te dejes caer. Que confíes en que está ahí detrás y en que te va a sostener, y caigas hacia atrás con todo el peso de tu cuerpo.

Y tú, sin ver a esa persona, tan solo confiando en que de verdad te va a agarrar, tienes que dejarte caer hacia atrás en sus brazos.

¿Serías capaz? ¿Serías capaz de soltarte con los ojos cerrados y confiar en que serás sostenida?

He hecho este ejercicio en un montón de talleres grupales. Y he visto de todo.

Personas a las que les resulta súper fácil dejarse caer… Y otras que no pueden, que no son capaces, que se agarrotan solo de pensarlo…

He visto a muchas mujeres que cuando se dan cuenta de esto, de su dificultad para soltar el control, confiar y rendirse, sienten un nudo en el estómago. Porque así es su vida.

Y otras que, cuando por fin logran confiar y desplomarse en los brazos de alguien, se echan a llorar como magdalenas. Porque nunca se habían sentido así, tan liberadas, tan descargadas… Y se dan cuenta de que necesitan llevarse eso a su vida…

Eso es la magia de rendirse. Y es un gustazo.

Pero nadie nos habla de esto.

Nos hablan de esfuerzo, de lucha, de agotamiento, de resistir, de apretar las mandíbulas, de “más, y más, y aguanta un poco más”…

Pero nadie nos habla de que también podemos rendirnos.

Nadie nos habla de aprender a soltar, a dejar ir, a vaciarnos… Nadie nos cuenta que podemos tirar las máscaras y los roles que nos pesan y quedarnos solo con lo que es puro, genuino y auténtico en cada una.

Y el problema es que necesitamos saber estar en los dos extremos para poder satisfacer todas nuestras necesidades.

Que a veces hacen falta los blancos, a veces los negros, y a veces los grises. Pero nada puede abarcarse si solo sabes funcionar con una cara de la moneda.

O, ¿cómo va a descansar alguien que no sabe rendirse? Imposible. Im-po-si-ble.

Así que sí, a todas nos deberían enseñar a rendirnos, igual que nos enseñan a luchar.

A rendirnos y aceptar que, en este momento, todavía no sabemos qué camino escoger (en vez de forzarnos a tomar ya esa decisión, presionadas por una cuenta atrás que solo existe en nuestra mente).

A rendirnos y soltar esa relación que cada día nos nutre menos y nos quita más (en vez de seguir esforzándonos, y tragando, y haciéndonos cargo de tanto, “a ver si esto sale adelante”).

A rendirnos y dejarnos caer a la vida. Que a veces parece que, más que a vivir, hemos venido a luchar y a estar en guerra, con el cuerpo siempre en tensión (sí, impresionante lo que le pasa a tu cuerpo cuando aprendes a rendirte, alucinante todos esos dolores que desaparecen como si fuera un milagro…).

Sí, esa es la magia de rendirse. Y es un gustazo.

Así que, donde todo el mundo te dice que no te rindas, yo voy a decirte que sí, que te rindas. Que experimentes ese placer.

Que te rindas a no saber, a no tener el control, a que no dependa de ti…

Que te rindas a que alguien te critique, a que a alguien no le gustes, a que a alguien no le parezca bien…

Que sepas reconocer cuándo ya ha sido suficiente, cuándo ya no te aporta, cuándo es momento de mirar a otro lado.

Que digas que no tienes ni idea, que estás perdida, y que tampoco pasa nada si no te encuentras.

Que grites que ya está, que lo hiciste lo mejor que podías y que no puedes más.

Que esto no se te da bien, que aquello no quieres hacerlo sola y que eso otro ahora mismo no te apetece.

Que te des ese gustazo.

Porque rendirse es de valientes. De mujeres sabias y súper valientes.

Y asusta, claro que sí. Porque cuando bajas las defensas vienen todos los fantasmas a recordarte lo peligroso que es no vivir con una coraza puesta.

Pero qué gusto, qué gusto cuando confías y te atreves a rendirte.

A, tan solo, escuchar lo que necesitas. Y soltar todo lo demás.

A ser humana e imperfecta.

A tener arrugas, los pelos de punta y sangre en las venas.

Ay, ¡qué gusto!

Qué gusto estar agotada, y dejarte caer.

Qué gusto darte permiso para no hacer nada, para no sostener nada, para no estar en nada.

Qué gusto dejar de querer entenderlo todo.

Y rendirte a estar contigo.

A lo que es, a lo que sientes y a lo que te susurra el cuerpo.

Y dejar ir lo que te pesa. Y volver contigo.

Sí, rendirse tiene mucho que ver con ser flexible. Pero flexible contigo.

Con dejar de estar en el más y más…

Y vivir en lo que te mima, en lo que te merece, en lo que te ilusiona los poros de la piel.

Y qué gusto, y qué libertad, y qué paz da saber rendirte y practicarlo con el mismo orgullo con el que siempre has practicado la lucha y el esfuerzo.

Sí, esto es una oda a la rendición, porque todas las mujeres con las que trabajo necesitaban rendirse en algo para poder estar consigo mismas desde el amor.

Cada una lo necesitaba en algo diferente, pero todas necesitaban aprender a rendirse.

Y aprendieron a hacerlo desde el AMOR, y ahora se rinden cada vez que lo necesitan.

De eso va este curso tan maravilloso, todavía disponible para las que todavía tienen esta asignatura consigo mismas pendiente.

AQUÍ. Con mucho mimo, y toda la ternura del mundo. Para ti ❤️. 

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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6 comentarios

6 comentarios
  1. Silvia 01/04/2024

    Cuando empecé la universidad, me liberé por fin del mal ambiente del colegio. Hice “amigos” con los mismos gustos que yo. Cada uno tenía sus proyectos personales, pero yo me lesioné y no pude dedicarme a los míos. Sufrí una agresión, les pareció normal que me agrediesen, y dejamos de vernos.

    Con el tiempo y la lesión me fui desviando de mi meta, estudiando y haciendo cosas que no tenían que ver conmigo.

    A día de hoy, no tengo amigos ni entorno social, y no siento que haya vuelto a conseguir una época como la de la universidad, “donde están pasando cosas”. Quiero retomar mis metas, pero veo lo avanzados que están mis antiguos amigos y me desanimo.

    Uno de ellos directamente me dejó de hablar porque le di calabazas, y ahora es de los mejores en su campo. No sé si le estoy utilizando como estrategia de supervivencia, el caso es que reviso sus publicaciones y quiero llegar al nivel en el que está él, pero, ¿por qué? Nunca ha querido volver a hablarme. Él tiene su vida de adulto, yo sigo viviendo con mis padres…

    Siento que sigo haciendo mi vida en torno a personas que a no están, y no sé si mis metas tienen sentido al no estar ellos. Porque incluso aunque consiga estar al nivel del último que menciono, él no va a volver a estar en mi vida.

    Ninguna de estas personas me aprecia, y yo sé que no tiene sentido que yo las aprecie, no sé qué hacer.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 02/04/2024

      Hola Silvia,
      Parece que de alguna manera te hubieras quedado anclada al pasado. A relaciones que ya no son y a metas que no sé si son tuyas o nacen de eso que no terminas de soltar… No sabría decirte más con lo poquito que cuentas, pero sí te animaría a hacer un trabajo interior para que esa sensación de estar perdida en tu vida cambie, y te sientas a gusto contigo y en tus relaciones.
      Si quieres que yo te acompañe estaré encantada, rellena este formulario y lo hablamos.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
      • Silvia 02/04/2024

        Hola Vanesa, muchas gracias por responderme. Lo lamento, pero no puedo permitirme ser coachee en este momento.

        Para concluir, diré que entiendo que las relaciones de las que hablo, nunca fueron, realmente. Estas personas nunca me vieron como su igual y aunque al chico al que le gustaba le he seguido gustando durante muchos años (le veía en eventos), nunca volvió a intentar mantener contacto real conmigo. Siempre era yo la que intentaba interactuar.

        Creo que sería genial un post donde hablases de la contradicción entre que te guste alguien, pero no quieras saber nada de ella si no es para salir (muchos hombres son así, creo).

        O un post donde hables de que a veces se siente que no encajas en tu entorno. Un abrazo y buenas tardes.

        Responder
        • Vanessa Carreño Andrés 10/04/2024

          A veces para entender lo que le pasa al otro la única manera es preguntarle. Y eso suponiendo que él haya sido capaz de entender lo que le pasa, que muchas veces ni nosotros somos capaces de entendernos… Por ejemplo, en eso que nombras de que le guste alguien pero solo si es para salir, pues puede ser porque en ese área sí sienta un vacío y en cambio no lo sienta en la amistad o no vea a esa persona para una amistad…
          En varios post hablo sobre eso de sentir que no encajas (suponiendo que nos refiramos a lo mismo). Te dejo aquí un par: éste y éste.
          Un abrazo,
          Vanessa

          Responder
          • Silvia 11/04/2024

            Hola Vanessa, muchas gracias por tu respuesta y por tomarte el tiempo de remitirme a los post que me mencionas. Los leeré con detenimiento.
            Entiendo lo que me dices en tu respuesta. También creo que, para que una pareja funcione, tiene que existir una amistad. Para que haya seguridad y confianza. A mí ese año también me dio calabazas el chico que me gustaba, y seguí intentando ser amiga suya, pero me dejó de hablar. Vaya, que igual debía elegir mejor con quién me juntaba XD (Y así era en general).
            Un abrazo fuerte Vanessa, muchas gracias por tu respuestas. Buena semana.
            Silvia

  2. Silvia 01/04/2024

    *mal ambiente del colegio, dichoso autocorrector…

    Responder

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