Descárgate GRATIS la guía Cómo Defenderte Cuando Alguien Traspasa tus Límites

SÍ, ¡LA NECESITO!

Ojo, ¡decir lo que te molesta NO es poner un límite!

La mayoría de las personas no sabemos poner límites en nuestras relaciones. Hay quien ni siquiera informa al otro de lo que le molesta. Y hay quien le informa, pero no llega a poner el límite.

Y eso es lo que quiero contarte en este post, que decirle al otro lo que te molesta NO es poner un límite.

Para que un límite quede bien puesto no es suficiente con que informes al otro de lo que no quieres que haga. Puede que la primera vez valga con eso, con informar. Pero si el otro sigue traspasando ese límite, necesitas ejecutar las consecuencias de que lo haya traspasado.

Eso es poner un límite: decir lo que vas a hacer si vuelve a pasar lo mismo y cumplirlo.

Por ejemplo, si te digo que te espero para cenar como muy tarde hasta las 10, y tú llegas a las 10:25, poner un límite no es esperarte y que cuando llegues me enfade y te diga que pasas de mí o que siempre haces lo que te da la gana. Poner un límite es cumplir con esa consecuencia y empezar a cenar yo sola si llegas más tarde de las 10.

O si tu pareja nunca escucha tu opinión y siempre te habla como si la única valida fuera la suya, decirle que te molesta mucho que haga eso puede estar bien la primera vez. Pero, si lo sigue haciendo una y otra vez, además de dejarte sentir el enfado, necesitaras poner un límite claro y cumplirlo. Por ejemplo, “no voy a volver a opinar sobre algo mientras sienta que no escuchas ni respetas mi opinión”.

Y para eso, para poner límites y cumplirlos, primero necesitas legitimar tus derechos.

Tu derecho a sentir lo que sientes, a que algo te moleste, a que algo te duela o a que algo no te parezca justo, y tu derecho a expresarlo. Porque por ahí es por donde se empieza a poner límites (por cierto, en esta página te puedes descargar la guía gratuita Cómo Defenderte Cuando Alguien Traspasa tus Límites).

Un círculo imaginario, y tú en el centro

Imagínate un círculo a tu alrededor, y tú en el centro. Pues bien, ese círculo representa tus límites. La línea que marca hasta dónde estás dispuesta a permitir que los demás entren y a partir de dónde no estás dispuesta, porque no te sientes bien.

Si alguien traspasa esa línea, si alguien mete su pie dentro del círculo, tú no te puedes sentir bien. A eso me refiero cuando digo que “alguien está traspasando tus límites”.

Así que la manera de reconocer eso y de darte cuenta de dónde están tus límites, es escuchar cómo te sientes con lo que hacen los demás.

En mi opinión, hay límites más claros, en situaciones que a todos nos tendrían que hacer sentir mal. Por ejemplo, que alguien me insulte, que no me deje hablar o que me menosprecie.

Pero también hay límites más difusos, situaciones que a ti te pueden hacer sentir mal y a mí no, o al revés. Incluso puede ser que lo mismo me haga sentir mal hoy, o con determinada persona, y no me haga sentir mal mañana, o con otra persona. Por ejemplo, y seguro que te ha pasado, que alguien te hace un comentario que te molesta y te das cuenta de que si te lo hubiera hecho otra persona no te hubiera molestado tanto.

Cada situación es diferente y es mucho más fácil poner un límite cuando es algo más claro que cuando es algo más difuso.

Pero lo que quiero que te quede claro es que informar de un límite no es lo mismo que poner un límite, porque cuando pones un límite siempre tiene que haber unas consecuencias que tú estés dispuesta a cumplir y de las que la otra parte tenga conocimiento.

Y el punto de partida es informar al otro de donde están tus límites. Porque tus límites son tus reglas del juego en las relaciones, que no siempre van a ser las mismas que las reglas del juego del otro. Y, si tú no le explicas tus reglas, el otro va a jugar con las suyas.

Es decir, es tu responsabilidad informar a los demás de cuáles son tus reglas, de hasta dónde llegan los límites de tu círculo. Eres tú quien tiene que explicarlo, especialmente con los límites más difusos, con los menos obvios. Sólo a partir de ese momento en el que lo comunicas, la responsabilidad de respetar esos límites pasa a ser del otro.

Que te quede claro: todos tenemos ese círculo imaginario y todos tenemos derecho a pedir que los demás respeten ese espacio que representa nuestros límites.

Si tú no respetas ese espacio, ese círculo imaginario, ¿cómo lo va a respetar el otro? ¿Cómo va a parar en ese punto si tú no le pones un stop? Pues eso, que para que los demás respeten tus límites, la primera persona que ha de respetarlos eres tú.

Y para eso, para informarle al otro de que algo no te ha gustado, no hace falta que él lo haya hecho a posta, que no te esté respetando o que fuera consciente de que eso te haría sentir mal. ¡Nooooo!

Si algo te molesta o te hace sentir mal, tienes derecho a sentirte así y a expresarlo, independientemente de que el otro lo hiciera con buena o con mala intención o de que a él no le hubiera molestado que tú hicieras eso mismo.

Sus intenciones o sus límites son cosa del otro, y no tienen que ver contigo ni restan tu derecho a sentir lo que sientes.

A partir de ahí será cuando tú te hagas responsable de no traspasar los límites del otro, expresándole cómo te has sentido con respeto y entendiendo que cada persona tiene unos límites diferentes. Que a ti te puede doler algo que a mí no, y simplemente me informas de ello para que yo sepa que ahí tienes un límite.

¡Pero no es que por que otra persona haya hecho algo sin darse cuenta o sin querer molestarte, tú ya no te puedas sentir mal! ¡Claro que no!

Poner límites significa decir que no a lo que no te hace sentir bien, ¡y eso sólo tiene que ver contigo!

Momento de que haya consecuencias

Vale, dicho esto, ¿qué pasa cuando le informas a alguien de un límite que ha traspasado y esa persona sigue haciendo lo mismo?

Pues ahí es donde viene la parte más difícil: dejar claras cuáles serán las consecuencias si eso vuelve a pasar y cumplirlas en caso de que pase.

Sabiendo que tienes derecho a ello, aunque el otro te insista en que no se ha dado cuenta, que no lo hace con mala intención o que a él eso no le molestaría. ¡Te molesta a ti y eso es suficiente!

“A mi esto me molesta y no quiero que lo vuelvas a hacer. Si se repite lo que yo haré es x”.

Así es como se pone de verdad un límite, cuando ambas partes conocen las consecuencias de que se vuelva a traspasar ese límite y las cumplen. Si la situación se repite y no hay consecuencias, es como que no hubiera habido límite. Si sólo dices lo que te molesta, pero no cambias nada, es como decirle al otro que puede seguir haciendo eso que hace, porque tú sólo te vas a quejar pero no vas a hacer nada más.

Y te pongo un ejemplo personal. En una relación de pareja en la que estuve, él salía tarde de trabajar y yo me esforzaba por esperarle porque era el único momento del día que teníamos para compartir juntos. Se suponía que llegaría a las 12:30, pero ni un día de cada diez llegaba a esa hora. Y, ¿qué hacía yo? Pues quejarme, quejarme mucho. Decirle una y otra vez lo que me molestaba, enfadarme por que no me avisara de que iba a llegar más tarde para que yo pudiera decidir si me acostaba o le esperaba, reprocharle, estar distante, poner mala cara… Todo, menos poner un límite.

¿Qué habría sido ahí poner un límite claro y cumplirlo? Pues decirle que si no estaba en casa a las 12:30 prefería que se fuera a dormir a su casa. Y si me volvía a llamar a las 12:45 diciéndome que estaba de camino, decirle que no. Porque cada vez que pasaba eso y yo le decía “vaaaale, ven, pero que sea la última vez”, no sólo no le estaba poniendo un límite, sino que le decía que podía saltarse los míos, porque la primera que se los saltaba era yo.

Y como éste te podría poner mil ejemplos de informar a alguien de que está traspasando un límite, pero no llegar a poner el límite porque no ejecutas ninguna consecuencia.

Véase, una coachee que lo ha dejado con su pareja y no quiere que él la siga llamando. Y se lo dice una y otra vez, esperando que él cambie, pero sin hacer nada diferente. Como le sigue cogiendo el teléfono, el otro entiende que con ella puede seguir haciendo lo que le dé la gana, y sigue llamando.

Véase otra coachee que se enfada mucho cuando su pareja le grita o le habla mal, pero no hace nada más que eso. Se queja y se queja, se enfada y se enfada, pero lo sigue permitiendo. Así que él no ve límites por ninguna parte.

Más ejemplos: supongamos que una amiga nunca te dice lo que le molesta en el momento, y lo que hace es sacarlo tiempo después con un reproche, de malas formas y sin venir a cuento. Y tú en ese momento ya ni te acuerdas de lo que pasó. Pues ahí poner un límite claro podría ser decir “lo siento, pero no me voy a volver a hacer responsable de algo que no me dices en el momento en que te molesta”. Y cumplirlo.

O si en el trabajo tu jefe, una y otra vez, te da más tareas de las que tú crees que puedes asumir, poner un límite no es decir “no sé si me va a dar tiempo a tener esto para mañana”, pegarte la paliza para tenerlo y a la siguiente volver a cargarte con todo lo que te pide. Ponerlo sería dejar claro que tú vas a hacer hasta donde puedas hacer, y cumplirlo.

O si un compañero de trabajo, cada vez que se va de vacaciones, te deja con algún marrón que él no ha hecho para que lo termines tú. Ponerle un límite no sería sólo decirle lo que te ha molestado. Poner límites es decir “oye, si esto vuelve a pasar yo no voy a hacer tu trabajo. Que sepas que en ese caso se quedará por hacer”, y cumplirlo.

Un requisito fundamental e indispensable

Y sí, claro que habrá personas que no te permitan ponerles límites. Serán las menos, pero las habrá. Esa precisamente es una de las señales que te indican que tienes delante de ti a una persona tóxica: es alguien que traspasa tus límites y cuando se lo dices no te deja ponerlos.

Cualquier persona sana que se relacione desde el respeto a sí misma y a los demás, te dejará poner un límite. Entenderá y respetará ese límite, incluso aunque no le guste. Y es posible que la relación se resienta, al menos durante un tiempo, pero no dejará de hablarte ni intentará manipularte porque tú le hayas puesto un límite desde el respeto.

Esa es otra de las claves a la hora de poner límites: hacerlo desde el respeto. Y eso sólo depende de ti, es tu parte de responsabilidad. Expresarte hablando de ti, de cómo te has sentido, de lo que te ha molestado de la conducta del otro… Sin reproches, sin juicios, sin presuponer sus intenciones… Simplemente hablando de lo que ha hecho, de cómo tú te has sentido con ello, de lo que quieres pedirle que haga diferente y, en caso de que no sea la primera vez, de lo que pasará si lo vuelve a hacer.

Y para eso es importante que expreses lo que te ha molestado en el primer momento en que te molesta. Porque si la primera vez te callas y permites que alguien meta el pie dentro de tu círculo sin decirle nada, al final esa sobrecarga emocional que no estás soltando va a salir por algún lado. O la volverás contra ti, culpándote y tratándote mal a ti misma de muchas formas diferentes, o la volverás contra alguien que no tiene nada que ver en ese asunto, o la volverás contra quien sí tiene que ver, pero cuando el vaso ya se haya desbordado y sea imposible hacerlo desde el respeto.

Por ejemplo, si por miedo a quedarme sola no le pongo un límite a algo que me molesta de una amiga, después tal vez me descargue en casa con los que sé que no me van a dejar de querer. Y así es como generaré un problema donde en un principio no lo había, en vez de resolverlo con mi amiga desde un primer momento.

Claro está, hay un requisito fundamental e indispensable para que puedas poner límites y cumplir con las consecuencias si el otro los vuelve a traspasar. ¡Tienes que estar dispuesta a que te digan que no! Dispuesta a que al otro no le parezca bien, a que no le gusten tus límites o a que la relación se dañe porque tú has puesto esos límites. Es decir, dispuesta a perder al otro para no perderte a ti. Sin esto, sin esa base de amor a ti misma, es imposible que pongas límites y los cumplas.

El respeto no es algo que te tenga que dar el otro, es algo que has de darte tú. Si te lo tuviera que dar el otro, entonces no estaría dependiendo de ti. Y que los demás te respeten siempre va a depender de ti.

Tus límites nunca pueden depender de lo que el otro haga, sino de que tú los comuniques, los pongas y los mantengas. Primero, porque hay personas que se pasan los límites de los demás por el forro. Y, segundo, porque cada uno tiene unos límites diferentes, y eres tú quien ha de informar de los tuyos.

Con la mayoría de las personas eso será un plus, algo que suma en la imagen que tienen de ti, y algo que a sus ojos te hace más auténtica. Porque a las personas sanas nos gustan las personas que se respetan a sí mismas, no quien es servil, sumiso o complaciente.

Sólo alguien que no te respete valorará en ti que no te respetes y rechazará que sí lo hagas. Con el resto te darás cuenta de que los demás te admiran más cuando tú te escuchas, te aceptas, te gustas, te valoras, te respetas y pones un límite. Y, lo más importante, tú te gustarás mucho más.

¿Y tú? ¿Cómo respondes cuando alguien traspasa tu círculo imaginario? ¿De qué te has dado cuenta respecto a cómo pones tú tus límites? Si quieres, me encantará que lo compartas conmigo en los comentarios aquí debajo.

 

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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13 comentarios

13 comentarios
  1. Debbie 25/11/2021

    Ahora que surge el tema me doy cuenta de que no tengo buenas habilidades comunicativas, por lo que me es difícil informar al otro de lo que me molesta. A veces lo que hago es simplemente poner el límite sin decir nada, por lo que siento que tal vez no quede muy claro y que además la relación con la otra persona tampoco sea la mejor (aunque puede que mejor que antes). También veo que antes ni siquiera ponía límites, y me era difícil decir que no, por ejemplo cuando algunas amistades me invitaban a salir y yo no quería. También siento que no me gustan las mismas cosas que solían gustarme, además de que las razones por las que hice amistad con esas personas fue porque me sentía sola y, bueno, cuando estaba con ellas en cierto modo me sentía segura, y agradezco muchas cosas hermosas que viví con esas personas, pero ahora quiero tomar un poco de distancia y por supuesto que les trato bien y con amabilidad, solo que ahora tengo que respetarme y respetar mis límites.

    Muchas gracias por tus post Vanessa 😘😘

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/11/2021

      Hola Debbie,
      Está muy bien tu reflexión. Así es, no decir nada no es poner un límite. Para ponerlo hace falta expresarlo con claridad. Y cuanto mejor estés tú contigo misma más probable será que estés con otros porque te sientes bien a su lado.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Silvia 25/11/2021

    Me resulta muy útil este artículo, porque es muy importante para establecer relaciones sanas y duraderas el establecer límites desde el principio. Es verdad que si alguien te respeta y valora va a aceptar tus límites y te comunicará los suyos de una manera asertiva.
    Como siempre, gracias Vanessa!!

    Responder
    • Pilar 26/11/2021

      Qué maravilloso post Vanessa! Y qué difícil resulta poner límites en una sociedad que cada vez va más a lo suyo. Pero creo que es la base de toda interacción sana. Tengo mucho que trabajar aquí pues practico la pasivo/agresividad desde hace mucho tiempo..
      Lo último que me ha pasado es que un amigo me diga: “voy a verte un rato, aunque estoy muy solicitado”; Y ni siquiera se digne a decir : “oye que al final no voy a poder”. Así que mi límite aquí es dejar de hablarle. Sé que esa no es la solución pero… es muy difícil cuando el resto se dedica a dar la vuelta a la tortilla siempre. El ser humano es causa efecto.

      Enhorabuena por tan fantástico post!!! También leí la guía de “Cómo responder cuando alguien traspasa tus límites” y es buenísima!

      Un abrazo

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 28/11/2021

        Hola Pilar,
        Entiendo lo que dices. No sé si es la primera vez que tu amigo hace eso o si es algo recurrente y ya lo habéis hablado. Si es la primera vez, tal vez puedas expresarle cómo te has sentido y escuchar su explicación. Según como te sientas sabrás qué es lo mejor para ti. Pero creo que sí que es importante comunicarle al otro lo que ha pasado, sea con la intención de poder arreglar algo o sólo para hacérselo saber, y que te sentirás mejor que si simplemente desapareces sin decir nada.
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/11/2021

      Gracias a ti, Silvia. Me alegro mucho de que te haya servido.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Anamar 25/11/2021

    Me ha encantado tu post. Cuánto tenemos que reflexionar al respecto. Me ha gustado mucho la reflexión de “porque a las personas sanas nos gustan las personas que se respectan a sí mismas, NO QUIEN ES SERVIL, SUMISO O COMPLACIENTE”… Y siento que es cierto, al contrario de lo que he escuchado siempre en casa, sobre todo por parte de mi madre… ¡Se me ha encendido una lucecita! Gracias por tus palabras, Vanessa, una vez más. Un fuerte abrazo!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/11/2021

      Ana, bonita, ¡cuánto tiempo! Qué gusto leerte, me alegro mucho de que se te haya encendido esa lucecita. Mil gracias por compartirlo conmigo.
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
  4. Maria Mercedes 25/11/2021

    Gracias por este post. Me he dado cuenta de muchas cosas. Muy bien explicado. A partir de ahora voy a poner mis límites en serio. Con amigas, compañeros… gracias, gracias, mil veces gracias.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/11/2021

      Qué bien, Mercedes. Me alegro mucho de esos darte cuenta y de esa decisión de poner límites de verdad. Gracias por compartirlo conmigo.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/11/2021

      A ti :-).

      Responder
  5. Rebirthing 30/11/2021

    Muy buen post! Que difícil resulta poner límites a veces…

    Responder

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