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El truco infalible para que tus relaciones funcionen

Pareja en actitud cariñosa - para que tus relaciones funcionen

No todas las relaciones son tóxicas. De hecho, la mayoría no lo son.

Pero, como yo hablo mucho de parejas tóxicas y de gente que no es clara, que desaparece o que no te trata bien, y de la importancia de ponerles límites a este tipo de personas… Pues el otro día me escribió una mujer para decirme:

“Y con la gente normal, ¿cómo se hace? Me refiero a cuando alguien de tu entorno que no es una persona tóxica hace algo que no te gusta o que te sienta mal”.

Pues es lo mismo. ¿O tú te crees que lo de poner las cartas sobre la mesa solo sirve con las malas hierbas?

¡¡¡Noooo!!! Es que esto de decirle al otro cómo te sientes con lo que hace funciona igual de bien con la gente chunga que con la que es maja y te trata bien.

O sea, si tienes una amiga que es genial, pero que un día ha tenido un gesto que no has entendido, necesitas decirle lo que te está pasando.

Y, si con alguien sientes que tenéis una relación bonita y que estás a gusto al lado de esa persona, pero que hay algo de su comportamiento habitual que te incomoda y te genera malestar, necesitas decírselo.

Llámalo como quieras: limpiar la mierda de la relación… Barrer el polvo… Quitar la suciedad…

La cosa es que esto es mano de santo en cualquier relación que tengas.

En primer lugar, por ti. Para que sientas que cuidas de ti y expresas lo que te hace daño.

Y, en segundo lugar, por la relación. Para que no se os vaya acumulando la mierda de las cosas que no se hablan.

¿Será que no le gusto?

O suponte que estás conociendo a un hombre que parece que está interesado en ti, que te llama y te dice para quedar… Pero a ti hay algo que no te encaja o que no entiendes, como que echas en falta que se lance más o que sea más claro, y no sabes bien si es que no le gustas lo suficiente, o que lleva otro ritmo, o qué pasa… ¿Cómo se soluciona esto? Pues lo mismo: hablando.

Una situación así no se resuelve dándole vueltas al tema, ni intentando adivinar por qué él hace eso. Ni tampoco adaptándote a sus ritmos, ni diciéndote que no deberías darle tanta importancia y que ya irás viendo…

Porque, si tienes esto en mente, te rayas y hablas de ello con tu gente de confianza, es que hay algo con lo que tú no te estas sintiendo cómoda (y seguirás sin sentirte cómoda mientras no lo resuelvas).

Como con un zapato, que si es tu número y te sienta de maravilla, pues ni piensas en él. Pero, si por algún lado te hace daño, pues solo puedes pensar en el zapato. ¿a que sí?

Pues cuando necesitas tener una conversación es lo mismo. Que si tienes el tema en la cabeza, es que a ti te está faltando algo. Y da igual que ese hombre sea una persona estupenda, que tenga mil cualidades que te encantan o que en otros aspectos estés super a gusto.

¡Da lo mismo! Si hay algo que no te cuadra, hacerte cargo de lo que estás necesitando siempre va a pasar por hablarlo con el otro. Incluso aunque solo sea por expresarle tu verdad o por entender la suya.

Es decir, aunque no sea para que esa persona cambie nada, sino para que tú sientas que te ocupas de ti, que resuelves lo que te pasa y que, gracias a esa conversación, los dos sabéis lo que le pasa al otro.

Funciona así: tú dices lo que te pasa a ti. Él te escucha y te cuenta su parte. Y tú escuchas cómo te sientes con lo que te dice… ¡Buuuf! Esto es brutalmente sanador.

Mágico, diría yo.

Además de que así es como muchas veces te das cuenta de que lo que pasaba al otro es que se sentía inseguro porque que no entendía algo tuyo y no sabía cómo interpretarlo, por ponerte un ejemplo. Y entonces lo hablas, y se aclara, y la relación se afianza para que la próxima vez no os pase eso.

Mágico, ya te lo digo.

Y así es como se va construyendo una comunicación sana entre dos personas que se están conociendo… Como un baile en el que yo te voy contando lo mío, y tú me cuentas lo tuyo, y vamos acoplando nuestros pies al ritmo de la música para no pisarnos uno a otro a cada paso…

A mí, desde luego, me funciona muy bien. Y, a las mujeres con las que trabajo, también.

Y estoy convencida de que, si no tuviéramos tanto miedo a comunicar lo que nos pasa en nuestras relaciones, no tendríamos ni una décima parte de los problemas que terminamos teniendo en ellas.

Que iríamos vaciando el vaso a medida que se va llenando, en vez de dejarlo hasta que hay una gota que lo desborda y hace que todo se derrame.

Y que habría muchas más relaciones que SÍ tendrían solución, porque las estaríamos gestionando bien y reconduciendo a tiempo.

Soy la que siempre se adapta

Y claro que habrá veces que no será solo hablar o entender mejor, y que también te tocará pedirle al otro algo que estás necesitando de su parte…

Por ejemplo, recuerdo a una coachee que se daba cuenta de que siempre se adaptaba a las dinámicas de sus amigas, a cómo hacían ellas las cosas y a su manera de funcionar (y de que eso también le había pasado cuando estaba en pareja).

Y no es que las dinámicas de los demás tuvieran nada de malo, pero en muchas ocasiones a ella le generaban malestar. Y, aun así, no decía nada. Más bien hacía como que a ella todo le iba bien…

Por ejemplo, en vacaciones siempre se iba con una amiga a algún sitio de playa. Y me contaba “sé que a mi amiga le gusta organizarlo todo y ser la que busque el hotel y las excursiones y todo eso, pero lo deja siempre para el último momento, así que terminamos yendo a hoteles que están super lejos de la playa, y a mí eso no me gusta. Y lo que voy haciendo es evitar el tema, aguantarme y estar pendiente de a ver si me cuenta que ya ha reservado. Pero no soy clara ni le digo nada”.

Ya ves, esta es la típica situación cotidiana en la que mi amiga no es una persona tóxica ni tiene ninguna mala intención, pero simplemente tiene una forma de funcionar diferente de la mía que a mí me incomoda y me afecta. Pero yo, en vez de hablarlo, me paso por encima a mí misma porque soy incapaz de tener una conversación.

¿Te suena? Porque situaciones así las hay todos los días. A montones.

Y, esto, ¿cómo se resuelve? Pues, de nuevo, hablando.

Diciendo algo como “Oye Pepi, sé que tú quieres buscar el hotel de las vacaciones, y por mi está bien. Pero quisiera pedirte que lo hagas ahora, antes de que se vayan llenando, para que podamos tener uno cerquita de la playa, porque a mí me gusta que estemos a 300 metros como mucho”.

¿Qué es esto? Esto es la vida. Conversaciones de este tipo tendrían que formar parte de nuestros lunes, de nuestros martes y de nuestros viernes (y, de corazón te digo, que si no las tienes es imposible que tus relaciones funcionen bien).

Y ahí tu amiga lo mismo te dice “claro, disculpa, no sabía que esto era importante para ti. Este fin de semana sin falta lo reservo”. Y las dos tan felices. Y tú relajada y liberada, porque te has hecho cargo de tu necesidad y te has quitado un peso de encima.

O lo mismo tu amiga te dice que sí, pero después no reserva y lo vuelve a dejar para el último momento… O se lo toma a mal, como que vas diciéndole cuándo tiene que hacer las cosas… Y, entonces, te das cuenta de que no te gusta irte de vacaciones con alguien así, con quien no puedes expresarte y pedir lo que tú quieres (apunta: el camino más directo para acabar rodeada de personas que no te hacen sentir bien es callarte las cosas).

Así que, de cualquier forma, la conversación te habrá funcionado.

Para bien y para mal, cuando hablas siempre sales ganando.

Por eso, que no se me ocurre un solo motivo para que te resistas a tener una conversación con alguien (solo el miedo que eso te pueda dar).

Y no se me ocurre un caso en el que no vaya a ser efectivo tener esa conversación (solo el que sea alguien con quien ya has tenido varias conversaciones y las cosas siguen igual).

Que, guaaau, es impresionante lo que ocurre cuando NO interrumpimos el flujo de lo que nos pasa en nuestras relaciones… Cuando, de manera natural y educada, yo te expreso lo mío y escucho lo tuyo… Y, otro día, tú me expresas lo tuyo y escuchas lo mío… Y, otra vez, yo te expreso lo mío y escucho lo tuyo… En serio, ¡no hay mejor truco para que tus relaciones funcionen!

Y la facilidad, la claridad y la tranquilidad que supone saber que, si me pasa algo con alguien, tengo las herramientas para decir lo que necesite decir y resolverlo.

Por eso es tan potente y tan brutal el saber cómo decir las cosas, ya sea a la gente más tóxica o a la gente más maja. Y, también, el saber sostener las consecuencias que eso pueda tener.

Si tú ya lo haces de maravilla o a ti eso no te interesa, no hace falta que hagas nada.

Pero si SÍ que quieres aprender, todavía puedes apuntarte a mi curso online Límites con el precio reducido (le queda poquito para que pase a costar casi el doble).

Para los síes, es AQUÍ.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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4 comentarios

4 comentarios
  1. Nuria 08/02/2024

    Hola, Vanessa
    Tuve una amiga con la que compartí más de 20 años de amistad, supuestamente, inquebrantable. Hasta que, un día, así, de la nada, me di cuenta de que me callaba cosas, nada grave, pero cosas que prefería no decir por si se las tomaba a mal. Creo que lo hice de manera inconsciente o por inercia, no sé cómo decirte. El tema es muy largo. En resumen, una vez expresé una cosa (no tenía ganas de hablar con nadie sobre un tema que me pasó y eso la incluía a ella). Ya está, simplemente eso. Me dijo que le había dolido un poco eso. De ahí, no sé cómo, se lió una… Hasta el punto en el que llegué a decirle que no era honesta con ella más veces por no herir sus sentimientos o por “miedo” a sus reacciones. El resultado es que hemos perdido todo contacto. Como tú dices, “para bien o para mal”. También le dije que una amistad donde no se puede hablar libremente sin temor a que eso desemboque en una bronca o palabras duras, no me parece una amistad. En definitiva, que la amistad que yo sentía que había, en realidad no sé qué era. Pero siento que hice lo correcto y no he tenido la necesidad de ponerme en contacto con ella nuevamente.
    Saludos y gracias.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 09/02/2024

      Hola Nuria,
      Muchas gracias por compartir, es muy buen ejemplo el que cuentas. Y creo que, cuanto más nos conocemos a nosotras mismas, mucho más fácil es también gestionar nuestras relaciones… Porque, por ejemplo, es diferente si yo me doy cuenta de que por miedo a que me vuelvan a hacer daño tiendo a pensar mal de lo que hacen los demás, y desde ahí muchas veces me cierro o me pongo a la defensiva… Eso es muy distinto a si, por poner otro ejemplo distinto, me doy cuenta de que me callo las cosas para no molestar y no tener un conflicto, porque le tengo mucho miedo a las discusiones… Así que espero que esa historia con esa amiga te sirviera para entender mejor cómo te relacionas y lo que te sirve lo que no :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
      • Silvia 11/02/2024

        A mí me pasó algo parecido a Nuria, “abandoné” una “amistad” de diez años porque dije lo que me molestaba (de que se hubiera portado fatal conmigo) y la otra persona fue de echarme en cara que se lo dijera, además de que le hacía gracia. Le escribí un mensaje para zanjarlo todo y adiós.

        Ahora me he dado cuenta de que un chico no es mi amigo, es el típico que si no haces lo que él quiere (mostrar interés romántico) se aleja de ti. Pero a él no le voy a decir nada. No me hace falta, y es importante comunicarse, pero estoy cansada de ser la única que se comunica. Esas “relaciones”, no las quiero.

        Responder
        • Vanessa Carreño Andrés 12/02/2024

          Hola Silvia,
          Muchas gracias por compartir. Si me lo permites cambiaría el “abandoné una amistad porque dije lo que me molestaba” por “abandoné una amistad porque me di cuenta de que no podía decir lo que me molestaba”. Parece una diferencia pequeña, pero marca una gran diferencia :-).
          El comunicarle al otro lo que te pasa, incluso para zanjar el asunto, es para ti, te sirve a ti, te deja en paz a ti… Cuando lo haces desde ahí, desde el amor a ti misma y gestionando las emociones que se te van despertando en esa historia, no te cansa ni te supone un esfuerzo. Es como darte una ducha después de una hora de ejercicio intenso, que te deja a gustito y lo haces encantada… Pues eso.
          Un abrazo,
          Vanessa

          Responder

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