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¿Prefieres estar triste o enfadada?

Mujer de espaldas - Triste o enfadada

Sí, ¿con cuál de las dos te sientes más cómoda? ¿Con la tristeza o con el enfado?

Si no sabes qué responder, pregúntate si sueles estar más veces triste o enfadada.

A priori parecen dos emociones muy diferentes, pero en la realidad hay muchas personas que colocan una en el lugar de la otra.

Creen o muestran sentirse enfadadas, cuando en realidad están tristes.

Y creen o muestran sentirse tristes, cuando en realidad están enfadadas.

¿Por qué? Pues porque algunos hemos aprendido a tapar una con otra, la tristeza con el enfado o el enfado con la tristeza, a partir de que nos hayan enseñado que una es negativa y la otra es positiva.

Si nos han censurado la tristeza, si nos han dicho que “aquí no se llora”, que “llorar es de débiles” o que “por eso no se está triste”, habremos aprendido a mostrar enfado y rabia, a enfurecernos, indignarnos y despotricar, cuando en el fondo lo que sentimos es tristeza.

Y lo mismo puede darse al revés (y aquí me coloco yo). Si nos han censurado el enfado, si no nos han permitido expresarlo, si nos han tildado de tener mal genio o de querer salirnos siempre con la nuestra, o si hemos presenciado situaciones de mucha ira y le tenemos mucho miedo al conflicto, habremos aprendido a llorar y a mostrarnos tristes, cuando en el fondo lo que sentimos es rabia porque alguien nos está haciendo daño o está traspasando nuestros límites.

Sí, la tristeza y el enfado son dos emociones que, sin tener nada que ver, a veces pueden confundirse. Y ninguna es mejor o peor que la otra. Cada una de ellas está ahí para algo y es adaptativa. Es decir, sirve para asimilar el dolor de lo que nos está pasando, pero solo si nos dejamos sentirla.

Si nos dejamos sentir lo que estamos sintiendo.

La tristeza es necesaria para que podamos reconstruirnos y superar el dolor de una perdida.

El enfado es necesario para defendernos de una situación que sentimos como dañina, injusta, agresiva o frustrante.

Y muchas veces no nos permitimos sentir una de las dos…

Hay quien lleva una coraza de hierro desde la que nunca deja que se le vea herido

Y hay quien quiere ser tan bueno que nunca se altera ni se enfada por nada

La tristeza se viste de furia y la furia se viste de tristeza, pero son solo disfraces que esconden la verdad de lo que te está pasando.

Como en este cuento…

LA TRISTEZA Y LA FURIA

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta…

En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas…

Había una vez… un estanque maravilloso.

Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente…

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas, las dos, entraron al estanque.

La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se bañó rápidamente y más rápidamente aún salió del agua…

Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así que desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró…

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza…

Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre, a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla encontró que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza.

Jorge Bucay

Como en el cuento, muchas veces nos disfrazamos de una de ellas, cuando en realidad estamos sintiendo la otra.

Pretendemos anular lo que sentimos, porque no nos gusta sentirnos así, poniendo la otra emoción encima, porque nos disgusta menos.

Y creo que no importa tanto si engañamos a los demás con nuestro traje.

Creo que lo peor es cuando estamos tan ciegas que nos engañamos a nosotras mismas.

Cuando te engañas a ti misma y no te dejas sentir lo que sientes.

Cuando no te dejas estar triste, ni te recoges, ni te acompañas en tu dolor.

O cuando no te dejas sentir la rabia ni te defiendes ni te proteges de lo que te hace daño.

Y entonces eres como un río que se estanca y no se deja fluir.

Hasta que se desborda, y lo inunda todo…

Como siempre, me encantará que me cuentes, en los comentarios aquí debajo, qué te ha inspirado este post. 

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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4 comentarios

4 comentarios
  1. Davi 14/04/2022

    Buenas Vanessa,

    ¿¿Y qué pasa cuando te negaron la tristeza con “eso son tonterías”, pero también la rabia con “eres todo mal carácter y genio, una niña insoportable”.
    ??
    Complicado…😔
    No se me dio bien ser una muñequita sonriente que ni siente ni padece.

    Suerte de llegar a cierta edad, romper con lo aprendido y decidir tu propio camino.
    Gracias por lo que escribes, me inspira.

    Un abrazo

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 22/04/2022

      Hola Davi,
      Pues entonces necesitas reconciliarte con ambas emociones. Es probable que eso que escuchaste te generara rabia, y que esa rabia haya ido saliendo por otro lado. Necesitas comprenderlo y colocarlo dentro de ti, en ese proceso de elegir tu propio camino :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
    • Soraya 06/11/2023

      B.dias,

      Me enseñaron en la infancia que no se debía protestar y en la adolescencia me dijeron que era rebelde. Todo esto ha hecho que me calle a veces, aunque tenga rabia por no decir las cosas y no quiera enfrentar situaciones in situ. Y me he dedo cuenta que tapo la rabia con tristeza porque no me permito sacar la rabia y no sé cómo gestionarla. No sé como hacerlo o pienso que está mal. Tus post me ayudan a darme cuenta de cómo actuamos. Gracias

      Responder
      • Vanessa Carreño Andrés 06/11/2023

        Hola Soraya,
        Qué bueno eso de lo que te estás dando cuenta. Es importante saber estar en cada emoción, y si alguna no nos la han permitido es probable que la tengamos reprimida y salga por algún lado de otra forma. Por ejemplo, la rabia que no expresamos hacia afuera muchas veces la llevamos a nosotras mismas.
        Hay un trabajo importante que hacer ahí, para que puedas legitimar esa rabia y reconocer tu derecho a sentirla y a expresarla. Estar está, aunque la reprimas, y bien gestionada es una emoción tan sana como la alegría o la tristeza. Te dejo un post sobre eso.
        Por mi parte encantada de acompañarte en ese proceso si así lo decides, en tal caso rellena este formulario.
        Un abrazo,
        Vanessa

        Responder

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