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Deja de engañarte: necesitas pertenecer a alguien

Dos amigas - Necesitas pertenecer a alguien

Uno de los temazos de mi vida es el miedo a no pertenecer.

Esa sensación de que contigo no cuentan, de que ellos se llevan mejor, de que a ti no te consideran tan divertida, de que si hubiera que expulsar a alguien del grupo serías tú…

¿De qué grupo? Da igual. La necesidad de pertenencia, cuando está dañada en su origen, sale a borbotones por todas partes.

Te puede pasar con la gente del trabajo, con un grupo de amigos o en casa de tus suegros, porque te comparas con todas sus “nueras”.

O, también, se puede manifestar porque sientas que no tienes a nadie con quien compartir lo que te pasa.

O que no te puedes relajar y desnudar con nadie, que con todo el mundo terminas haciendo un papel y dando una imagen porque, si te conocen como eres, te dejarán de querer.

Que no hay un lugar en el que, de verdad y con la mano en el corazón, puedas decir “nosotros”.

Y sí, TODOS necesitamos sentir ese “nosotros” en el que nos quieren tal y como somos.

En la pareja, lo necesitas.

Tener amigas con las de verdad sientas un vínculo y un “estamos juntas en esto que es la vida”, también.

En la familia de origen, pues también. Y es lógico que si, por ejemplo, todo lo tuyo les disgusta o se burlan de ti o sientes que eres el patito feo entre tus hermanos, eso duela y te toque en lo más profundo de tu necesidad de pertenencia.

En mi caso, como te decía, ha sido mi herida más abierta y la que más me he trabajado. De pequeña no sentía que perteneciera en ningún sitio, ni en mi casa ni en el colegio.

Y, a partir de ahí, asustada del mundo y con un miedo inmenso al rechazo, la que no era capaz de saltar sin paracaídas en un grupo era yo… Sí, cuando la pertenencia está tan dañada, sin querer, tú misma te excluyes….

Y fíjate qué mágica la vida que, siendo alguien con una herida de pertenencia muy abierta, me ha “regalado” ser una adulta sin familia cercana, haciendo así que toda la responsabilidad de encontrar lugares en los que sienta que hay un “nosotros” sea mía.

(Claro, el único lugar en el que “en teoría” tenemos pertenencia incondicional es la familia. En todos los demás, nos lo tenemos que currar).

Cuando te enganchas a todos con tal de pertenecer

Mira, siempre que sale algún estudio de qué necesita una persona para ser resiliente, optimista, capaz de regular sus emociones, de afrontar el estrés, de ser amable con otros, de tener buen humor, de crecer y ponerse desafíos… siempre, en cualquiera de ellos, concluyen que algo imprescindible es que esa persona sienta que PERTENECE a un grupo y que ahí la QUIEREN.

Aunque solo sea una amiga. O tu primo. O las chicas de yoga.

Por eso, ¿dónde sientes que perteneces tú? ¿Dónde te sientes querida sin condiciones y sientes que tienes un lugar seguro que nadie te va a quitar?

Porque, por ejemplo, seguramente sientas que perteneces a la ciudad o al pueblo en el que naciste. Pero la pertenencia también necesita de amor para estar completa. Y que te quiera todo tu pueblo pues, puede pasar, pero no es lo más normal 😊.

Entonces, ¿con quién sientes que ahí perteneces de verdad?

El tema es que, cuando tenemos esa necesidad rota desde pequeñas, lo que suele pasar es que busquemos incansablemente lugares a los que pertenecer y que alivien esas heridas tan antiguas…

Porque creemos que “si no pertenezco es que hay algo malo en mí”, que “no soy digna de que me quieran”, que “no soy valida”, que “no soy suficiente”… Y, con tal de evitar esa tristeza tan profunda y esos sentimientos de soledad y de exclusión, estaré dispuesta a todo.

Entonces, pues lo mismo me engancharé a una pareja con la que no esté del todo bien, pero a la que al menos “pertenezco”… Donde me cuento que “esto es casa”, aunque sea una casa incómoda.

O tal vez me entregue hasta el infinito en mi trabajo, con la fantasía de que “de aquí jamás me van a echar”, “yo soy parte de esta empresa”.

O tal vez haga planes que no me apetecen con mis amigas porque me da miedo que “si un día no estoy, dejaré de pertenecer”.

Porque el miedo a la exclusión y a la soledad es algo tan tan tan humano, que siempre preferiré pertenecer donde no estoy bien que no pertenecer a nadie.

(Si lo que te he contado hasta aquí te suena y quieres dejar de sentirte así y encontrar ese lugar de pertenencia profunda, rellena ESTO).

No eres autosuficiente, ni lo serás nunca

Pues eso, ¿qué has llegado a hacer tú para pertenecer?

¿Qué eres capaz de aguantar con tal no de dejar de pertenecer?

A ver, de pequeñas aprendemos a adaptarnos a los demás porque necesitamos pertenecer y porque necesitamos que nos aprueben. Tooodos los niños lo necesitan.

El tema es que, de mayores, por muy autosuficientes que queramos ser, lo seguimos necesitando. Y eso NO es un problema.

El problema es cuando lo necesitas de todo el mundo o cuando te enganchas a que alguien en concreto (una pareja, tu padre o quien sea) te quiera…

O cuando te tragas tus necesidades y haces cosas que no quieres para pertenecer, o cuando no cambias algo de tu vida por miedo a lo que piensen de ti, o cuando no te sientes libre para ser como eres por miedo a que te rechacen…

Pero, ¡claro que sigues necesitando sentir ese “nosotros” con alguien! ¡¡Claro que nadie es totalmente independiente!!

Yo puedo estar conmigo de maravilla, y sentir que me valoro y que me quiero y que soy mi mejor amiga, pero solo con eso nunca voy a poder estar del todo bien.

Necesito al otro. Necesito pertenecer. Necesito tener un lugar en el que me quieran.

Y, si resulta que con mi pareja no estoy bien o no tengo pareja, que en mi familia no me siento “parte de” (sí, en las mejores familias hay miembros que no sienten que pertenezcan ahí ☹) y que no tengo vínculos amistosos de verdadera intimidad… ¡me va a faltar algo sí o sí!

Es decir, por muy fuerte que seas, ¡necesitas tener al menos una o dos personas que sientas que son un hogar y un refugio para ti!

Que eres importante para ellas, que piensan en ti, que cuentan contigo, que puedes hablar libremente de lo que te pasa, que te quieren sin condiciones, que te incluyen, que te aprecian, que ahí puedes confiar, que ahí sumas y te suman, que ahí te validan, te sostienen y te protegen, y que caminas por la vida al lado de alguien…

Y eso no es la dependencia insana de la que te han (y te he) hablado mil veces.

Eso es un depender sano en el que aceptas que necesitas al otro, pero no te agarras a él como si fuera el aire que respiras.

Y, si no tienes esto, NECESITAS ENCONTRARLO.

Y si, por ejemplo, estás rodeada de tu gente y te sientes sola, necesitas ver qué está pasando con la pertenencia.

Y si te adaptas y te pones complaciente para que te quieran, lo mismo.

Y si, cuando alguien te hace daño, tiras de orgullo y te pones en plan “pues si me tratas así, la que no quiere estar contigo soy yo, ¡¡no te necesito!!”, y te crees que no te duele y que te da lo mismo ese rechazo, también… ¡Algo está pasando con tu necesidad de pertenencia!

(Apunta bien: es tan malo que te mueras del dolor con algo, como que no dejes que te duela nada de nada).

Vaya, que esto no va de necesitar el mismo apego que tenías con tu pandilla de los quince años, modo pacto de sangre y “juntos forever”, pero tampoco de hacer como que no necesitas a nadie.

Esto va de que necesitas sentirte querida (sin condiciones) en algún lugar, para estar fuerte, satisfecha y motivada con la vida.

Y la única que puede abrazar esa necesidad, legitimarla y saber dónde buscar ese “nosotros” en el que tu corazón sonría como si no hubiera un mañana, eres tú.

¿Cómo te das cuenta de que anda tu necesidad de pertenencia? Tanto si sientes que está tocada, como si brilla con todo su esplendor, me lo puedes compartir en los comentarios aquí debajo :-). 

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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2 comentarios

2 comentarios
  1. Eva 15/05/2025

    Tan cierto y tan actual…

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 16/05/2025

      Gracias, Eva. Así es…
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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