Hace poco me hicieron una pregunta interesante…
Tal vez más que la del camarero cuando entras al bar.
Ahí va: ¿Cuántas veces dices que sí al día?
Ya sabes…
¿Te tomas un café? Sí.
¿Me ayudas con esto? Sí.
¿Hablamos después? Sí.
Párate y piénsalo… (sin trampas, que ya somos mayorcitas ;-).
Puedes calcular las veces que dijiste que sí ayer o hacer una media general.
Bien, apunta la cifra.
Seguimos. ¿Y cuántas veces dices que no al día?
Cuando alguien te propone algo que no quieres…
O cuando te piden ayuda con algo…
O cuando, sin que te la pidan, ya te adelantas tú a ayudar…
¿Cuántos noes pronunciaste ayer?
A ver, para que la cosa vaya bien, como mínimo deberías estar diciendo “no quiero” la mitad de veces al día que dices “sí quiero”.
Menos de eso huele raro…
Mira, hay una cosa curiosa con el “no” de la que la mayoría de las personas no se dan cuenta…
Y es que decir que no es una forma de autoafirmación.
Es decir, de expresar que TÚ EXISTES como persona.
Vaya, que la muñeca de trapo que me trajo mi ex de Argentina y que tengo sobre la cama no puede hacer eso.
Y la ia tampoco.
Pero las personas sí. Podemos y tenemos ese derecho.
Y lo triste es que haya muchas que viven como si no existieran…
Porque no son capaces de decir que no.
Porque solo dicen que no cuando no pueden…
Cuando tienen una excusa muy evidente.
Pero jamás dicen que no desde la calma de que sencillamente no quieren.
Sin dar más explicaciones.
Tan simple como decir “no”, porque yo también existo.
Por eso, si sigues creyendo que decir que no es como rechazar a alguien, o que es ser egoísta o que es no tener en cuenta a los demás…
Que sepas que tener en cuenta a los demás no consiste en decirles que sí a todo (esto lo único que hace es volvernos caprichosos e intolerantes a la frustración).
Sino en verles y en tratarles como personas que también existen y tienen dignidad…
Primero, sabiendo decir que no para que esa persona también te vea.
Porque solo cuando dices “soy persona, existo y tengo derecho a decir no”, el otro puede empezar a verte.
Y, segundo, pudiendo escuchar su no con el mismo respeto.
Así es como el otro siente que también existe para ti.
Y así es como se construye un vínculo entre dos adultos que se ven el uno al otro.
Yo te digo que no porque existo.
Y soy alguien en este vínculo.
Y tú me puedes decir que no porque existes.
Porque ambos existimos y tenemos dignidad en él.
Namasté.
(Para cuando te cueste y no sepas cómo hacerlo, aplica esto y verás que es mucho más sencillo de lo que te habían contado.
Hasta mi muñeca de trapo podría hacerlo si supiera eso).


