¿Qué pasa cuando, en una relación de amistad entre dos personas, las necesidades de cada una son diferentes?
Por ejemplo, si uno necesita tener más contacto que el otro.
Es decir, que tienes una amiga que necesita verte o comunicarse contigo por teléfono con más frecuencia de lo que lo necesitas tú.
O al revés, que tú lo necesitas más que ella.
Y no me refiero a cuando somos adolescentes, sino a cuando esto ocurre siendo dos personas adultas y autónomas. Porque ocurre. Y lo veo a diario en mi entorno y en mis coachees.
¿Qué crees que puede suceder en este tipo de situaciones?
Te cuento lo que suele pasar con más frecuencia:
Puede ser que uno de los dos se adapte al otro. Que la que necesita hablar o quedar más se aguante y quede menos o que la que necesita hablar o quedar menos se esfuerce y quede más de lo que le pide el cuerpo.
O, también, puede ser que una de las dos partes le exija a la otra que se adapte a sus necesidades y sus expectativas, y se enfade y se aleje si la otra parte no lo hace. En plan “mi amiga Susana nunca tiene tiempo para quedar, eso es señal de que no le importo lo más mínimo. Así que paso de seguir yendo detrás de ella”.
O bien, puede ser que una de las dos baile entre adaptarse a los ritmos de la otra y, de vez en cuando, resentirse y cabrearse porque “es que yo me adapto a ti y tú no lo haces a mí. Solo nos vemos cuando tú quieres”.
¿Resultado? Una de las dos, y a veces las dos, siempre va a estar insatisfecha. Porque no recibe en esa relación lo que le gustaría.
Y lo más probable es que esa amistad termine haciendo aguas por algún lado.
Las preguntas que necesitas hacerte
Vale, si tienes una amistad que encaja en esto que te estoy contando, vamos a hacer un análisis muy sencillo para que sepas lo que está pasando y veas qué te puede ayudar:
¿Preparada? Vamos con unas preguntas:
1.¿Esa amiga (o amigo) significa para ti lo mismo que tú para ella?
Esto igual escuece un poco, pero es verdad que a veces creemos que alguien es más amigo de lo que realmente es.
Es decir, a veces para ti alguien puede ser una amiga divertida, con la que te ríes, pasas buenos ratos y te cuentas cosas. Pero no alguien íntimo o que consideres imprescindible. Y puede ser que, para esa persona, tú sí seas una amiga íntima e imprescindible y que espere más entrega y compromiso por tu parte de la que tú tienes intención de darle.
O al revés, que ella signifique más para ti de lo que tú significas para ella.
En este caso es muy probable que vuestras expectativas no encajen.
Y es verdad que las expectativas o la profundidad de una amistad suelen ser proporcionales al grado de intimidad, a lo que os habéis desnudado cada una, a lo que habéis compartido juntas, a lo que tenéis en común como seres humanos, a lo que habéis dado y recibido en la relación…
Pero es que esto no es igual para todas las personas. Hay quien considera que se ha desnudado con una amiga porque le ha contado que ayer discutió con su pareja y, en realidad, no le está contando que hace tiempo que están muy mal o que tiene una relación paralela con otra persona.
Por eso, cuando con alguien de verdad tienes una relación íntima, lo sabes y lo sientes.
Pero, cuando no la tienes, muchas veces no lo sabes, y tú te crees que sí.
2.¿Tenéis una relación de dependencia o de interdependencia?
Y me refiero a si sientes que necesitas a esa persona como el aire que respiras, a si acudes a ella como si fuera un salvavidas, a si dependes de su respuesta para sentirte bien y a si pones en ella todo el peso de cuidarte. Eso es una relación de dependencia.
Por ejemplo, que necesitas que esa persona cuente contigo para todos sus planes o que habléis todas las noches o que si la llamas te devuelva la llamada ese mismo día. Y sufres cuando algo de eso no se cumple.
O que le escribes un wasap y, si tarda en contestar, te sientes mal y te pones ansiosa y empiezas a pensar que no le importas o que igual le pasa algo contigo.
Es decir, sientes que te ahogas si la otra persona no está al nivel que tú necesitas.
Mientras que una relación de interdependencia es esa en la que, en la normalidad del día a día, cada uno puede sostenerse por sí mismo y a la vez se siente seguro en la relación sin la necesidad de que el otro esté disponible todo el tiempo.
3.¿Cuáles son tus necesidades y tus fortalezas y cuáles son las de tu amiga?
Hay personas que necesitan verte todos los días, otras que necesitan verte todas las semanas, otras que necesitan verte una vez al mes y otras que pueden pasar meses sin verte.
Es decir, hay tantas necesidades como personas.
(Y sería tan injusto que el que necesita más contacto le pidiera al otro verse y hablar más, como que el que necesita menos le pidiera al otro verse y hablar menos).
Lo mismo que hay personas muy buenas con el contacto telefónico y que se acuerdan de enviarte un mensajito todas las semanas y otras que son un desastre y, como no las escribas tú, difícilmente vas a saber de ellas.
Y, ojo, no siempre significa que te quiera más alguien que te llama más (como has visto en el punto anterior, alguien puede llamarte mucho porque tiene una relación de dependencia contigo).
Por ejemplo, puede ser que se acerque el fin de semana y escribas en un grupo de wasap de amigos proponiendo hacer algo, pero nadie conteste. Y que te sientas mal porque parece que siempre eres tú la que propone quedar y los demás pasan.
Vale, pues una cosa es que esperes que te contesten, aunque sea para decirte que no pueden o no quieren quedar ese día. Y otra cosa es que creamos que, en los grupos de amigos, todos vamos a tener las mismas necesidades. Obvio que habrá algunos que necesitan tener fines de semana a solas, o que quieren quedar con otros amigos, o que quieren ver a su familia, o lo que sea.
Es decir, que puede ser que alguien te valore mucho y sepas que esa persona va a estar ahí si de verdad la necesitas, pero que después en el día a día no necesite tanto contacto como tú.
4.¿Sientes que, en lo importante, puedes contar con ella?
Pues eso, que no es lo mismo que tengamos que estar siempre disponibles la una para la otra a que un día yo te diga “oye, hoy estoy removida y me haría falta hablar un rato” y tú me leas y tardes dos días en responder.
Que de poco me sirve a mí que quieras verme a todas horas si después, cuando estamos juntas, no siento que me escuches o si cuando he tenido un problema y te he necesitado no has estado.
Y que alguien con quien hablas cada tres meses puede ser tan amigo como alguien con quien hablas cada dos días. Incluso puede ser que sientas que puedes acudir más a uno de los primeros que a uno de los segundos.
Vaya, que el hecho de que haya una cotidianeidad no siempre es señal de la profundidad del vínculo ni de cuánto puedes contar con el otro si necesitas apoyo.
(Si hasta aquí te estás sintiendo identificada y te das cuenta de que necesitas trabajarte tú para aprender que tus relaciones de amistad también mejoren, rellena ESTO y hablamos).
5.¿Ambas estáis comprometidas en cuidar de la relación?
Como estás viendo, la amistad no va de que una se enfade porque “no quedamos lo que yo querría” o porque “no me contestas inmediatamente” o porque “no haces tantos planes conmigo como con tus compañeras del trabajo”.
Pero tampoco va de que la otra quede solo cuando le apetece y no tiene nada mejor que hacer.
La amistad, como cualquier relación de dos, es un compromiso mutuo en el que ambas personas ponen de su parte para cuidarse y acompañarse.
Y se trata de eso, de que de verdad sientas que las dos estáis comprometidas y que la relación no se adapta solo a las necesidades de una de las dos.
6.En el caso de que te sientas mal con cómo está funcionando vuestra amistad ahora mismo, ¿sientes que tu amiga es alguien con quien puedes hablarlo?
Mira, al final todo desencuentro se ajusta si ambas partes son capaces de escucharse y de entenderse.
Por ejemplo, tengo una amiga que es un desastre para esto de quedar. Que le preguntas cuándo puede y tarda días en contestarte. Que te dice que la próxima semana, le dices que ok y que te avise y no sabes más de ella… Vamos, que en ese aspecto no tiene una fortaleza sino una debilidad. Y esto, a veces, me cabrea mucho…
Eso sí, cuando de verdad estás mal, la tienes ahí en primera fila sin moverse hasta que sales del pozo. Y, además, es alguien a quien le puedes decir “tía, que llevamos un mes para quedar y sigo esperando a que me digas cuándo puedes”. Lo recoge, se da cuenta de que es un desastre para esto y te pide disculpas.
¿Volverá a hacerlo? Sí, porque ella funciona así. Pero yo sé a lo que atenerme y no espero de ella algo que sé que no puede darme. Lo mismo que sé que son muchas otras las cosas buenas que me aporta.
Pues eso, que para que una amistad funcione no hace falta que tengamos las mismas necesidades, sino que yo legitime las mías y te las pueda expresar sabiendo que tú no siempre podrás satisfacerlas y siendo capaz de escuchar las tuyas sin invalidarlas.
Para encontrarnos en un lugar común donde estemos lo suficientemente cerca como para sentirnos y lo suficientemente lejos como para no pisarnos.
…
Ya sabes, lo que sea que te haya inspirado o removido este post, me encantará que lo compartas conmigo en los comentarios aquí debajo. Te leo y te respondo.



Tengo una amiga de la infancia que sólo se comunica conmigo tres veces al año, en fechas señaladas. Ella vive en otra ciudad. La he expresado que me apetece un contacto mayor pero ella dice que si cambia por mí, se sentirá resentida.
Valoro su sinceridad, pero me duele la enorme lejanía.
Cuando sabe que me pasa algo que me duele y afecta, tampoco da señales de vida. Tal vez varios meses después me pregunte algo al respecto.
La quiero un montón pero me estoy decepcionando tanto que me preocupa que esto se vaya al garete.
Hola Carmen,
Es algo que has de escuchar dentro de ti, cuánto valoras esa amistad y si sientes que merece la pena bajar las expectativas con esa amiga o no. A veces le pedimos a alguien que sea algo que no es, y nos frustramos porque siga sin serlo, cuando esa persona no sabe, no puede o no quiere serlo… Pero también puede ser que, si de verdad no sientes que esté ahí cuando algo te afecta, decidas que es mejor soltar y dejar de esperar…
Si con ella ya lo has hablado, seguramente sea algo que necesites ir escuchando dentro de ti. Y no tiene que ser una decisión radical, simplemente puede ser aceptar cómo es ella, sin seguir luchando o esperando que sea diferente, y ver cómo te sientes tú a partir de ahí.
Un abrazo,
Vanessa
De acuerdo… no se puede vivir sin amigos pero: ¿cuántos amigos? ¿con cuánta comunicación? ¿con cuánta presencia? ¿Está establecido? Es decir, y si yo tengo suficiente con mis cuatro amigos a los que veo de mes en mes y me siento muy a gusto pero que no siento que necesite más cotidianeidad? Soy bastante introvertida y cuando quedo con alguien después necesito tiempo conmigo para recargar energía. ¿Estoy fallando como ‘ser social’? Buf, gracias Vanessa.
Hola Núria,
No se trata de cumplir unas reglas como “ser social”, porque nada sirve para todo el mundo. Se trata de lo que te sirva a ti, y si tú estás a gusto con esos cuatro amigos y con la frecuencia con la que les ves, está perfecto. Yo también me descargo cuando estoy con gente y necesito ese tiempo conmigo para recargarme, y tal vez a otra persona le pase algo muy diferente. Por eso, lo importante es que sepas escucharte y darte cuenta de que lo que necesitas tú para sentirte a gusto con tus relaciones de amistad :-).
Un abrazo,
Vanessa
Me pasa un poco cuando leo esto que siento que hay un grado de conformarse en el sentido de entender que nadie es perfecto. Claramente estoy de acuerdo con que nadie es perfecto pero también siento que los estándares de los adultos están muy bajos. Y cosas muy básicas como la puntualidad o la consistencia no se tienen. Y siento también que es más sencillo ser alguien que se acepta como incompleto más que plantearse a uno mismo como alguien que está tratando de ser mejor. Siento que cuando se normaliza el entender al otro también se está bajando un poco el estándar. ¿Qué opinas tú?
Hola Tina,
Habría muchas cosas que podríamos comentar al respecto. En mi opinión lo primero es conocerse y darse cuenta de qué “peca” uno, si por ejemplo tiende a tener demasiadas expectativas y exigencias con el otro o si tiende a ser demasiado flexible y tolerarlo todo (te estoy nombrando dos extremos para explicarlo mejor). Incluso, a veces, pasa que alguien antes era muy complaciente con los demás y ahora, para que no le vuelvan a hacer daño, se ha vuelto rígido. Pero una cosa es tan peligrosa como la otra.
Por otro lado, una persona no ha de “satisfacerme” en cada una de sus partes, sino en el conjunto. Y puede ser que alguien no cumpla con algo que yo sí, pero que en otras cosas esa relación me compense. Porque, además, seguramente al revés también pase algo parecido.
Y también hay que ver si eso que te pasa te pasa solo con una persona o te pasa con varias… Bueno, son muchas cosas las que hay que mirar. Por eso, de lo que se trata es de conocerte, entender cómo te colocas ante el otro y encontrar ese equilibrio interior que no es ni conformarse ni descartar a alguien porque no funciona a mi medida.
Un abrazo,
Vanessa