Te voy a contar algo que le pasó a una coachee y que te hará pensar en ti.
Resulta que tenía la boda de uno de sus amigos de la universidad un sábado de abril, después de una semana muy dura y complicada.
¿De esas semanas que solo quieres que se termine y olvidarte de todo? Sí, de esas.
Lo que le había pasado no viene a cuento, pero la cosa es que estaba muy removida, cansada y con el ánimo bajo.
Y en la sesión que tuvimos tres días antes de la boda me decía:
“Este sábado me voy a Zaragoza a la boda de mi amigo. No sé si es lo que necesito ahora mismo, pero ya había dicho que sí y tenía ganas, porque son amigos a los que no veo desde hace años”.
En ese momento no llevábamos muchas sesiones, pero ya habíamos trabajado su necesidad de escucharse y de no estar siempre complaciendo a los demás o haciendo lo que otros esperaban de ella.
(Si esto te suena y tú también necesitas aprender a escucharte más a ti y menos a los demás, cuéntamelo AQUÍ).
Y el lunes después de la famosa boda me mandó un whatsapp diciéndome esto:
“Al final no fui a la boda. Me escuché y me di cuenta de que quería ir, pero que estar rodeada de tanta gente no era lo que en estos momentos necesitaba. Ahora mismo mi energía está bajita y necesito cuidarme y ponérmelo fácil”.
Olé, olé y oléee por ella.
Esto que ella supo hacer es algo en lo que la mayoría de las personas se pierden.
¿A qué me refiero?
A distinguir entre lo que quieres y lo que necesitas.
Ella quería ir a la boda, pero no era lo que en esos momentos necesitaba. Y lo supo ver.
Mira, ya te he contado tropecientas veces que tus emociones están ahí para hablarte de lo que necesitas.
Pero, a veces, estamos tan desconectados de ellas que no sabemos escuchar la necesidad de la que nos hablan.
Y, en esos casos, nos puede más “lo que quiero hacer”.
O “lo que debería hacer”.
O “a lo que me he comprometido”.
O “lo que me apetecía hace dos días”.
O “lo que se espera de mí”.
O “lo que me da menos miedo”.
O “lo que se supone que tengo que querer”…
Nos puede más todo eso, que lo que estamos necesitando aquí y ahora.
Por ejemplo, que igual tengo una fiesta de tumulto, barullo y mucho ruido, y yo ahora mismo lo que necesito es algo fácil y no salir tanto de mi zona de comodidad.
O que yo este fin de semana no tenía ningún plan y pensaba pasarlo a mi bola haciendo algunas cosas que tengo pendientes, pero ahora mismo tengo más necesidad de compañía y de compartir que de estar sola.
O, más sencillo, ¿cuántas veces has querido comerte una tableta de chocolate entera aun sabiendo que no era eso lo que necesitabas? Pues lo mismo.
No quiero ver a nadie (¿o sí?)
Claro, es que esto de querer una cosa pero necesitar otra, y no saber escucharlo ni poner lo que necesitas por delante de lo que quieres, puede ser muy distinto para cada persona y en cada momento.
Tal vez alguien muy expansivo, extrovertido y con mucha tendencia a irse hacia fuera, esté en el automático de estar siempre con gente y haciendo muchos planes, y desde ahí no sea capaz de escuchar que en algunos momentos necesita otra cosa.
Porque, “como ya tengo este plan y me había hecho a la idea de hacer esto”, pues me no me entero de que ahora mismo lo que necesito es un contacto más íntimo y no estar entre tanto barullo de gente.
“Así que hago el plan, pero después no me siento bien. Y no entiendo porqué, ¡si a mí me apetecía!”.
(Atenta a esto: cuando te cuesta mucho decidir entre dos planes, es muy probable que el problema sea que quieres una cosa, pero en realidad lo que necesitas es otra).
O también puede haber a quien le pase lo contrario: que necesite estar con gente y desde el miedo al contacto (porque tenga una herida de rechazo activada, porque no quiera que la vean vulnerable, o por lo que sea), lo que haga sea aislarse y quedarse sola.
¿O nunca te ha pasado eso de querer quedarte sola y que nadie te hable, cuando en realidad lo que estás necesitando es un abrazo?
Véase que llevas una semana muy tensa en el trabajo, sumado a un par de problemas familiares que te tienen muy preocupada.
Y vas tirando, aguantando, tragándote tus emociones, reprimiendo el malestar, resolviendo e intentando seguir con tu día a día como si nada…
Hasta que una noche, cenando, explotas con tu marido y tus hijos. Pegas cuatro voces, te echas a llorar y te vas a la habitación porque quieres encerrarte y no ver a nadie.
Vale, en esta situación, ¿estás completamente segura de que no quieres ver a nadie? ¿O podría ser que quieras estar sola, pero que en realidad lo que estés necesitando sea un abrazo y alguien que te sostenga? ❤️
Pues a esto me refiero con que constantemente nos perdemos entre lo que queremos y lo que necesitamos.
Y muchas veces coincidirán, pero muchas otras no.
Y querrás una cosa, pero necesitarás otra.
¿Qué hacer entonces? Bueno, no es una regla fija. Y cuando de verdad te conoces y sabes escucharte con amor, es muy fácil diferenciar.
Desde luego, lo más habitual es que cuando lo que queremos y lo que necesitamos no coinciden, el querer venga más del capricho o de la exigencia.
Pero lo importante y lo que te va a dejar tranquila, siempre va a ser que escuches la necesidad (que, al menos, la escuches).
Por ejemplo, en mi caso uno de mis momentos sublimes es cuando voy a nadar, al final de la mañana. Porque me encanta, me sienta bien y me carga de energía.
Pero hay mañanas en las que tengo tanto trabajo y voy tan agobiada que me doy cuenta de que necesito relajarme e ir tranquila, y no meterme prisa ni forzarme “porque es que me tiene que dar tiempo a ir a nadar antes de comer”.
Es decir, yo quiero ir a nadar, pero lo que necesito es otra cosa.
Y, esos días, empeñarme en ir a nadar nacería de la exigencia.
Lo mismo que cuando tienes muchas cosas que hacer y veinte mil tareas apuntadas en tu agenda. Y te encanta cumplir con lo que habías planificado, sentirte efectiva e ir tachando asuntos pendientes. ¿Te suena?
Sí, eso está muy bien, pero estoy segura de que hay días en los que lo que necesitas es flexibilizar y bajar el ritmo.
Es decir, priorizar, elegir lo que sea más importante y dejar lo que pueda esperar para mañana. ¡O incluso dejarlo todo para mañana!
El problema es que, cuando no sabes hacer eso, la consecuencia es que un día terminas reventando, y no sabes por qué te has puesto así.
Te lo digo yo: porque NO estás sabiendo escuchar lo que necesitas.
Pues eso, la próxima vez que dudes con algo o que sientas un malestar que no sabes de dónde viene, pregúntate:
¿De verdad es esto lo que necesito ahora mismo? ¿O es lo que quiero, pero no lo que necesito?
…
Aquí debajo me puedes contar alguna situación en la que te estés dando cuenta de que querías una cosa, pero necesitabas otra. ¿Supiste escucharlo? Encantada de leerte 😊.



¡Hola Vanesa! Adoro tus blogs son geniales.
Sobre este último, justo me ha pasado algo así estas últimas semanas. Trabajo en turismo y estos meses ha habido varias fiestas después del curro en hoteles. Como soy nueva en la empresa y el año pasado tampoco pude ir, este año me dije de ir porque la idea de un cóctel, charlar, ponerme guapa, darle un poco de gracia a mi semana, yo quería eso, y no tener fomo. Pero cada vez que llegaba la fecha, de pensar en que estaba cansada del trabajo, conducir lejos porque los hoteles están lejos de donde vivo, volver tarde de noche sola a casa, escuchar mucho bullicio de gente…se me hacía un mundo. Y al final no he ido a ninguno. Yo quería eso pero no lo necesitaba. Sin embargo ayer me pasó al revés, me apunté a uno cerca de mi casa, mucho más light y tranquilo, y aunque antes de ir empecé a pensar que mejor no ir, fui. Y luego allí me di cuenta de que esta vez sí lo necesitaba. Me vino genial salir un ratito ayer, en un cóctel más tranquilo e íntimo y hablando con un par de compañeras.
Te mando un abrazo y gracias por todo 🙂
¡¡Olé Helenca!! Qué buenos esos dos ejemplos, diferentes en sus matices, y que en uno te supieras escuchar que lo querías, pero no lo necesitabas, y en otro que sí, que era lo que en ese momento necesitabas. Te has acompañado muy bien, muchas gracias por compartirlo. Y me alegro de que te gusten los post :-).
Un abrazo,
Vanessa
Hola!
Soy nueva y hace poco que me descargué la guía de Como defenderte cuando alguien traspasa tus límites (la cual recomiendo y me ha ayudado mucho). Después de vivir una situación muy tóxica con mi expareja, cada vez priorizo más mis derechos y necesidades y he aprendido a escucharme a mi misma.
Aunque en este caso que aquí se comenta, es verdad que un compromiso tan importante como una boda yo lo habría mantenido. Son de esas cosas que recuerdas siempre y en mi caso llegar al punto de faltar a algo importante por una semana dura, me habría hecho sentir mal a largo plazo.
Por lo demás, como digo, sigo atenta de lo bueno que se pueda extraer de esta web y de tus consejos.🌸
Muchas gracias, Raquel. Me alegro de que la guía de Límites te haya ayudado.
Cuando estamos estables, en nuestra normalidad emocional, y más o menos todo a nuestro alrededor está bien, no pasa nada porque a veces hagamos cosas por compromiso o por otra persona, porque si también sabemos cuidarnos eso no nos va a desgastar. Pero cuando estamos flojitas es justo cuando más necesitamos priorizarnos y prestar mucha atención a nuestras necesidades. Por eso, si hacer algo concreto nos supone mucho esfuerzo y aun así lo hacemos, es muy posible que el malestar se vaya acrecentando.
Es lo mismo que si te metes una comilona muy grasienta cuando estás bien, que puede que te deje pesada unas horas, pero después se te pasará. En cambio, si haces esa misma comilona cuando ya estabas mal del estómago, pues es lógico que empeores. Por eso, porque cuando estás “tocada” necesitas darte una atención especial.
Un abrazo,
Vanessa
Estoy de acuerdo con la idea de asistir a una boda es compromiso. Pero cuando te levantas con una alergia en toda la cara, ojos hinchados, cara roja etc. Como decís aquí, estas bajita de todo. Te plantas y no vas. Pero la falta de empatía, las broncas de tu amiga (boda de su hijo) todavía resuenan, no lo entendió. Luego cuando vio la foto que me hice… el mal trago te lo llevas.
Saludos
Hola Siva,
Hay una parte que es cómo decimos las cosas y si empatizamos con el otro al expresarnos, si lo hacemos con cariño y ternura. Y después hay otra parte que depende de la otra persona, de sus expectativas y sus exigencias hacia los demás. Y ahí no hay tanto que puedas hacer, más que comprender que eso podía ser importante para ella y confiar en que si valora vuestra amistad lo entenderá.
Un abrazo,
Vanessa