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Cuando te das cuenta de que todo era mentira

Mujer seria mirando a cámara- todo era mentira

Imagínate a setenta y cinco personas encerradas, durante cinco días, en busca de su ego.

(Tarea difícil, porque el ego es muy puñetero.

Cuanto menos crees que está presente, más lo está…

Y cuanto menos le ves, más engañada te tiene).

Bueno, pues eso fue lo que hice en Semana Santa: irme a un retiro con setenta y cuatro personas a las que no conocía de nada para intentar comprender, un poquito más cada vez, a mi ego.

(Aclaro que cuando digo “ego” me refiero al personaje que todos construimos desde pequeños, y desde el que nos relacionamos con los demás, tipo “la buenecita”, “la eficiente”, “la complaciente”, “la orgullosa”, etc… Es decir, a esa parte de nosotras que no es auténtica, sino que la aprendimos así para poder sobrevivir).

Bueno, pues eso, que el ego es muy tramposo, que se cuela por todas partes y que es todo mentira.

Y, como es lógico, el ego tiene mucho miedo a que le pillen en su mentira.

Además, lleva taaaanto tiempo contigo que muchas veces no tienes ni idea de qué parte es de tu ego y qué parte es tuya de verdad.

Es como si llevaras toda tu vida con un disfraz puesto (que te ha servido para que te quieran, te valoren, te cuiden…) y, cuando empiezas a darte cuenta de ello, ya no sabes qué parte es del disfraz y qué parte es realmente tuya.

Total, que cuando le pones cara a tu ego y se te empieza a caer el personaje, te encuentras con el abismo de no saber quién eres.

Si esto de agradar a los demás era un papel, ¿soy una falsa y en realidad no me importa nadie?

Si resulta que a mí este trabajo nunca me ha gustado, ¿a qué quiero dedicarme yo en la vida?

Entonces, cada vez que he hecho un favor o me he preocupado por alguien, ¿era mentira y solo lo estaba haciendo para que esa persona me valorara, y no porque de verdad me importara su bienestar?

Pues sí. Todos tenemos esa parte de ego que es egoísta, manipulador, soberbio o vanidoso (cada ego tiene sus propias cualidades, las que mejor le han funcionado).

Y muchas veces creemos que estamos haciendo algo por los demás y para ayudar al otro, pero en realidad es por nosotros y por puro interés de nuestro ego.

Vaya, que aunque siempre pueda haber una parte de altruismo y no estemos todo el día con el ego activado, detrás de muchos de nuestros actos está la necesidad de sentirnos vistas, queridas, aceptadas, aprobadas, y no rechazadas, ni abandonadas.

Esto es así, y es inevitable. No creo que exista una bondad completamente desinteresada, sin ningún tipo de ego de por medio.

Pero no pasa nada. No es algo malo, ni algo enjuiciable en sí. De hecho, es estupendo poder verlo y ser consciente de ello.

Poder mirarlo sin juicio y sin castigarte cuando te das cuenta de que tu ego ha hecho algo por interés, para quedar bien o para gustarle a alguien.

O de que te has enfadado porque no te han dado tanto como habías dado tú, y el problema de base es que tú no habías dado de forma auténtica y genuina, sino que era tu ego haciendo para que le vieran…

Tres ejemplos que, seguro, te suenan

Mira, te voy a poner algunos ejemplos reales del ego aparentando otra cosa:

Lo que le pasaba a una coachee, que se daba cuenta de que se estaba sintiendo mal porque una amiga estaba un poco más distanciada y no le contaba las mismas cosas que antes, y observó que era su ego necesitando sentirse visto por esa amiga, y no solo un interés genuino por lo que le pasara a ella (ojo, ¡que tu ego aparezca así no significa que no quieras a tu amiga!).

Otra coachee, que se pilló escribiendo a su hermano para ver cómo estaba y esperando a que él le preguntara por un tema suyo, como si en el fondo el único motivo para interesarse por su hermano hubiera sido que él le preguntara a ella por eso y constatar su cariño (pues sí, tu ego puede tener este motivo oculto y a la vez sentir que te interesa tu hermano).

O yo misma, que sé que mi ego vive en el yoyoyo, en plan “hago esto para que me veas lo buena que soy, y no hago lo otro para no molestarte, y te doy esto para que después tú me devuelvas atención, y si no me das las gracias te culpo…, porque yoyoyo, mira todo lo que yo hago por ti… Y siempre yoyoyo, porque yo soy lo más importante”… (Pues sí, ese es mi ego, el mismo que llevo años mirando, y eso no quiere decir que no me importen los demás).

Por ejemplo, en mi caso tengo mucha dificultad para rechazar a alguien, hacer daño o que el otro se sienta excluido por mí… Y seguro que hay una parte que tiene que ver con ser buena persona y con haber sentido mucho dolor por el rechazo de los demás y no querer hacerle lo mismo a alguien…

Sí. Pero también hay otra parte muy importante que lo hace para evitar la culpa de haber rechazado a alguien. Es decir, no solo lo hago por el otro, también lo hago por mí.

Vaya, que claro que todos hacemos un millón de cosas desde el ego. Cada día.

Y el objetivo no es que no pase, sino que podamos mirarlo y reconocer cuándo estamos ahí (insisto, cuanto menos creas que estás en tu ego, más dominada estás por él).

De la oscuridad a la luz

Así que no se trata de no estar en el ego, sino de saber ver cuándo estás (si tú también quieres sacar tu parte más auténtica y que el ego deje de coger el mando de tus relaciones, rellena este formulario).

Sin irte de un extremo al otro, como nos pasa a menudo, que nos vamos del “soy cero consciente del poder que tiene mi ego sobre mí” al “ahora me creo que todo lo hago desde el ego y que todo en mí es mentira”.

Pues no, ni todo era blanco antes, ni ahora es todo negro.

Y entendiendo que cuando somos pequeñas no tenemos más opción que construir esa capa de ego para adaptarnos al entorno y a las circunstancias… Para sobrevivir, porque cuando las necesidades más básicas de amor, atención y cuidado no están bien cubiertas, no podemos aprender a querer (ni a querernos) de otra forma.

Pero sabiendo también que, si nunca hubieras querido a alguien de forma genuina o nunca te hubiera importado alguien, no te dolería darte cuenta ahora de todo lo que has hecho desde el ego.

Así que cada abrazo que has dado lo has hecho porque de verdad lo sentías, y a la vez porque necesitabas sentirte vista por el otro.

Y cada vez que has dado las gracias puede haber sido porque de verdad estabas agradecida, y también para que el otro te diera las gracias a ti.

Y cada vez que has sido comprensiva con tu pareja ha sido por amor a él, y también para no perderle.

Y así está perfecto, porque no se trata de que todo sea desde tu ego y sin pensar en nadie más, pero tampoco de que todo sea por altruismo y sin pensar en ti.

Más bien se trata de que le pongas luz a lo que te mueve en cada momento y de que pueda haber un equilibrio entre lo que das y lo que te llevas en cada situación.

Ese es el camino. Porque cuanto más te conoces y miras dentro de ti, más te das cuenta de que en realidad todo nace de tus miedos, tu ego y tus heridas.

Es decir, al principio pensamos que hacemos las cosas por los demás, cuando en realidad las hacemos por nosotras (hay quien se queda toda su vida en este autoengaño, así que bastante es que tú te hayas dado cuenta…).

… y después comprendemos que muchas las hacemos las cosas por nosotras (pero sin que eso signifique que los demás no nos importan).

Y así, poco a poco, vamos integrando ambas caras de la moneda: “a veces las hago por mí y por mi propio interés”, y “a veces las hago de forma desinteresada y genuina por los demás”.

Luz y sombra. Y en ambos casos está bien. Siempre está bien. Mientras lo veas y te des cuenta.

¿Dónde te has pillado el ego? ¿En qué momentos te das cuenta de que eres menos genuina porque es tu ego quien lleva la voz cantante? Si me lo cuentas en los comentarios aquí debajo, me encantará responderte.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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12 comentarios

12 comentarios
  1. Fátima 18/04/2024

    A veces pienso que necesito demasiado de los demás y que hago las cosas por interés, como cuando voy a comer donde mis padres los domingos o seguir con mi pareja sin estar segura de la relación. Si eso es el ego, me ha servido verlo así para no sentirme culpable cuando me pasa.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 22/04/2024

      Gracias, Fátima. Todos hacemos cosas “por interés”, en el sentido de que nos ayudan a satisfacer nuestras necesidades de pertenencia, reconocimiento y amor. Y no se trata de que eso no pase, sino de que lo veas para que en cada momento puedas ser consciente y elegir con los ojos abiertos, para que tu ego no te aleje de ti y de lo que de verdad quieres tú.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. ANA 18/04/2024

    A veces me he pillado a mi misma haciendo alguna cosa para mi hija pequeña para que diga “pero qué maja es mi madre”… en vez de hacerla por y para ella… Luego me digo: “eres la leche, Ana”, pero bueno, sea por ella o sea por mí… La he hecho y la he hecho bien…

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 22/04/2024

      Exacto, Ana. Eso es. Y no es que haya nada malo en ti porque te pase eso. El ego está presente en todos, y lo importante es reconocerlo, porque lo más habitual es que no nos demos ni cuenta de cuando estamos viviendo desde el ego. Así que genial que lo veas y a partir de ahí elijas desde dónde quieres hacerlo.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Caterina 19/04/2024

    Me ha encantado ❤️

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 22/04/2024

      Me alegro mucho, gracias por decirme ❤️.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
      • Ane 24/04/2024

        Me impresiona esta ley de sincronicidad. Empiezo a trabajarme un tema y me encuentro tu blog que siempre da justo donde me toca.
        Acabo de darme cuenta del modos operandi de mi ego de ser la buena persona. No sólo la que cumple con las expectativas de los demás, como la que no pide nada. Mi ex marido me decía: tú nunca te quejas. Pues no lo hacia de puertas afuera. Por dentro me frustraba, enfadaba, me ponía triste. Me di cuenta que sólo buscaba ser aceptada, mientras no me sentía aceptable. Gracias por esta luz em el camino. Un abrazo!

        Responder
        • Vanessa Carreño Andrés 03/05/2024

          Qué bien, Ane. Qué bueno eso de lo que te das cuenta. Y seguramente esa frustración y ese enfado los descargabas contigo misma más que con los demás.
          Espero que ahora ya no sea así y que te hayas dado cuenta de que las buenas personas piden, se quejan y no siempre cumplen con las expectativas de los demás.
          Me alegro de esa sincronicidad tan bonita :-).
          Un abrazo,
          Vanessa

          Responder
  4. Elena 25/04/2024

    Yo soy de esas que no sabe decir “no” en lo emocional, me han dolido tanto los rechazos ajenos, en lo afectivo, el sentirme excluida, no valiosa, fuera de lugar, etc, que doy mil vueltas a la hora de cortar relaciones, y luego me siento estúpida porque no me toman en serio y la culpa es…mía. Parece que temo ser brusca y cruel, y no me doy cuenta que al otro lado quizá haya alguien que se aprovecha de eso, para seguir manteniendo un vínculo que se ve que yo no quiero mantener, pero ellos sí. Y me doy cuenta, pero no sé hacerlo como quisiera. Poner punto final. Gracias por contarnos cosas nuestras cuando cuentas las tuyas y de otras.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 03/05/2024

      Hola Elena,
      Gracias a ti. Ya ves, para no rechazar a otros, te rechazas a ti. Para no hacer daño a otros, te haces daño a ti. Para no poner punto final con otros, lo has puesto contigo…
      Te dejo un post que escribí hace poco sobre lo que cuentas, espero de corazón que te sirva. Puedes leerlo aquí.
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
  5. Maider 25/05/2024

    Hola, Vanessa. Normalmente me encanta lo que escribes, pero en esta ocasión la verdad es que no estoy nada de acuerdo con tu artículo.
    He reflexionado sobre ello. Sí hay un montón de gente que es amable con los demás para creerse que es buena gente. Yo siempre he intentado ayudar a alguien porque creo que lo correcto es que todos estemos bien, que no es lo mismo.

    Responder
  6. Maider 25/05/2024

    No creo que las personas que escondieron a Ana Frank y a su familia para protegerlas durante años lo hicieran para alimentar su ego. Sino por motivos muy diferentes.Muy seguramente lo hicieron porque sabían que nadie tenía derecho a hacer daño a la familia Frank, y porque eran seres humanos ejemplares.Y si se sentían bien haciéndolo, o mejor consigo mismas, tenían todo el derecho, vaya.
    Un abrazo.

    Responder

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