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Cuando, quien te quiere, te hace sufrir

Quien te quiere te hace sufrir - pareja sentada en un banco

Cuando alguien te quiere, ¿te hace sufrir? ¿Tú qué crees?

Supongo que alguna vez has escuchado eso de que “Quien bien, te quiere te hará llorar”.

Es uno de esos dichos de las abuelas. Y, mira que adoro a las abuelas, pero con esto no puedo… ¡Me da urticaria!

¡¡¿Cómo que quien bien te quiere te hará llorar?!!

¿Tú haces llorar a las personas a las que quieres?

Piensa en alguien muy importante para ti…, ¿harías algo que supieras que le iba a hacer sufrir o derramar una sola lágrima?

Si supieras que algo que tú haces daña de alguna forma a alguien a quien quieres, ¿acaso no harías todo lo que esté en tu mano por cambiar ese comportamiento y evitar su sufrimiento?

Después de haber estado en una relación de maltrato psicológico y de acompañar a muchísimas mujeres para que salgan de la suya, si hay algo que tengo claro es que, cuando alguien te quiere de verdad, hace todo lo posible por evitarte que lo pases mal.

Que si te tiene delante llorando de tristeza, de rabia o de impotencia por algo que ha hecho, ¡tu dolor le dolerá tanto como a ti!

El ser capaz de ponerse en el lugar del otro y de conectar con su dolor es un síntoma y un ingrediente imprescindible del amor sano. ¡De cualquier tipo de amor!

Quien de verdad te quiere, cuando le dices que algo te ha dolido, no te hace el vacío, ni te dice que eres una exagerada, que no aguantas nada, que esto solo le pasa contigo o que son cosas tuyas.

Ni tampoco te dice que sí que va a cambiar, pero después sigue haciendo lo mismo y volviendo a hacerte daño con conocimiento de causa…

Quien te quiere puede hacerte daño sin querer una vez, pero no dos.

Porque si a ti te duele, al otro también.

Y hará todo lo posible por evitarte de nuevo ese dolor.

Eso es amor, y lo demás son pamplinas.

Te dejo un cuento maravilloso que lo explica mejor que yo.

Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte. Aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura.

Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo que no tenía más riquezas que amor y perseverancia. Cuando llegó el momento de hablar dijo:

-Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor… Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas… Esa es mi dote.

La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar.

-Tendrás tu oportunidad. Si pasas la prueba, me desposarás.

Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer ni un momento.

De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena.

Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos.

Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y, sin dar explicación alguna, se alejó del lugar.

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa:

-¿Qué fue lo que te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta. ¿Por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste?

Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimiladas, el joven plebeyo le contestó en voz baja:

-No me ahorró ni un día de sufrimiento… Ni siquiera una hora… No merecía mi amor.

Del libro Amar o Depender, de Walter Riso

Eso es… Quien provoca y permite tu dolor, de ninguna manera merece tu amor…

¿Qué opinas? ¿Alguna vez has consentido que alguien te hiciera daño en nombre del amor?

¿Alguna vez has creído a alguien que te decía que te quería, a pesar de que te estuviera haciendo sufrir y no hiciera nada por remediarlo?

Por cierto, confío en que hayas contestado con un NO rotundo a la pregunta con la que comenzaba este post. De no ser así, de haber contestado “no sé”, “depende” o cualquier otra cosa, te ruego que te leas la guía gratuita “Lo Que Necesitas Saber cuando No Estás Bien con tu Pareja”. Puedes descargarla gratis en esta página.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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4 comentarios

4 comentarios
  1. Alicia 05/07/2021

    Así es, Vanessa. Hay que tener mucho cuidado con esos “gurús” que defienden que solo la gente que verdaderamente nos quiere tiene la capacidad de hacernos daño. Pues no, hacer daño no es una capacidad, sino una decisión, un acto gobernado por la voluntad. Todo lo demás, como bien dices, son pamplinas.

    Feliz inicio de verano. 🙂

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 07/07/2021

      Muchas gracias, Alicia. De acuerdo en lo que dices :-).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Carmen 06/07/2021

    Hay personas que se supone nos quieren y no es así. Con mis padres biológicos sufrí maltrato desde niña. Procuro no culparles. Pero me culpe a mi misma durante mucho tiempo porque me sentía un bicho raro. Solo me hicieron daño y crearon una buena falta de autoestima.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 07/07/2021

      Hola Carmen,
      Está bien, eso ya no lo puedes cambiar. Ahora solo puedes hacerte responsable de ti y de aprender a quererte, a darte eso que no recibiste, para que desde ahí también puedas construir relaciones sanas en las que sientas que recibes el amor que mereces.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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