Leticia y Pablo son pareja. Y tienen una relación a distancia (tres horas en coche).
Habían quedado en que, el próximo finde, Pablo iría a ver a Leticia para ir juntos a una comida con la familia de ella.
A él no le apetecía nada esa comida ni viajar ese finde, y así se lo había dicho a Leticia.
Pero ella había insistido y le había dicho que era algo especial y que por favor fuera.
Así que Pablo fue.
Pero eso no quiere decir que la historia termine bien…
Resulta que él estuvo todo el día de morros, bastante cortante y serio con ella.
Leticia pensó que Pablo la estaba castigando porque él, en realidad, no quería estar allí.
Y acabaron el día discutiendo y echándose unas cuantas cosas en cara.
Así que ella empezó a preguntarse ¿soy yo que cedo poco y debería haber aceptado que no quisiera venir? ¿O es que él es un egoísta incapaz de hacer algo por mí?
Y así estaba Leticia, sin poder parar de darle vueltas a estas preguntas una y otra vez…
¿Qué opinas tú? ¿Ella pide demasiado? ¿O él se pasa de egoísta?
Vale, te he dado cuatro pinceladas de la historia, bastada en algo que le ocurrió a una coachee (no se llama Leticia, obvio).
Y ahora te voy a contar algo importante, por si alguna vez tú también te has preguntado lo mismo que se preguntaba Leticia…
Mira, si con frecuencia te planteas si es que tú cedes poco o es que tu pareja es egoísta (es una de las inquietudes típicas en las mujeres a las que acompaño), algo está pasando. Eso seguro.
Porque en una relación, del tipo que sea, tendrías que sentir que hay un equilibrio en el que das y recibes, y te sientes tenida en cuenta y, a la vez, respetas la libertad del otro.
Como si fuera un baile en el que los ritmos se van acompasando casi sin darte cuenta…
Pero vale, más allá de este ideal, es lógico que en una pareja surjan desencuentros…
Así que te voy a hacer cuatro preguntas para profundizar un poquito más en lo que te puede estar pasando:
1.¿Das lo que quieres dar en tu relación? ¿O das de más?
Te pregunto esto porque a todas horas veo a mujeres que dan de más o hacen algo que en realidad no quieren hacer.
Porque viven los vínculos con miedo y han aprendido a ser buenas, a esforzarse y a complacer.
Y, claro, si funcionas así, tiene sentido que después esperes que el otro haga lo mismo.
En plan, “si yo doy mucho, tú también deberías dar mucho”.
El problema de base es que, si tú no te tienes en cuenta a ti, lo más probable es que termines con alguien que tampoco te tenga demasiado en cuenta…
2. ¿Aceptas que tu pareja te diga que no?
A veces pensamos que, si alguien nos quiere, siempre debería estar disponible y decirnos que sí a lo que le pedimos.
Pero entonces, ¿dónde queda la libertad del otro?
Si siempre que te pido algo tú tienes que decirme que sí para demostrarme que me quieres (o al revés) y, si no yo me enfado o me pongo orgullosa, ¿es una petición o es una exigencia?
Que claro que puedo pedirte algo y decirte que es importante para mí, pero también podré aceptar que tú en algún momento me digas que no.
Es decir, que dentro del compromiso que tenemos en la relación, cada uno siga teniendo su espacio y su capacidad de elegir.
(Otra cosa es que sienta que me dices que no a todo o que la única que cede aquí soy yo).
3. Eso que estás pidiendo, ¿es un deseo? ¿O es una necesidad?
Un deseo es “quiero que me llames a esta hora”.
Y una necesidad es “quiero sentir que te acuerdas de mí”.
Y las parejas no deberían de estar ahí para cumplir nuestros deseos.
Pero sí han de cubrir las necesidades de seguridad, amor, pertenencia, cuidado… que tenemos en esa relación.
Y, aquí, el matiz deseo/necesidad es muy importante.
Aunque, cuidado, porque lo primero para que esto funcione es que tú sepas reconocer y pedir lo que necesitas…
4. Eso que te pasa, ¿está activando alguna de tus heridas?
Y ya te digo que, si has leído hasta aquí, lo más probable es que sí…
Por ejemplo, si yo tengo una herida de haberme sentido poco vista, pues tal vez ahora le reclame a mi pareja que me vea justo como yo necesito.
Y le tache de egoísta si siento que no lo hace y que no está “tan pendiente de mí como debería”.
Y, ojo, esto no quiere decir que solo sean mis heridas y que el otro no esté siendo egoísta.
Igual sí lo es. O igual no.
O hasta puede ser que, desde mis miedos, un día le justifique a él y me culpe a mí misma por pedir demasiado, para así no tener que poner en riesgo la relación, y otro día explote y le culpe a él de ser un egoísta…
Porque, cuando actúo movida por mis heridas, no puedo diferenciar qué es de mi pareja y qué es mío… Solo veo que me engancho y entro en un bucle de dudas, sin ser capaz de salir de ahí…
Por eso, la clave de todo lo que te he contado es que, hasta que no le pongas luz a lo tuyo, no podrás saber qué es lo que de verdad está pasando en tu relación.
Resumiendo, cuando estás más perdida que un pulpo en un garaje, pueden ser todas las opciones.
Que tú cedas poco.
Que él sea egoísta.
Las dos anteriores a la vez.
O, incluso, ninguna de las dos.
Solo cuando tú estás colocada en ti, te conoces bien y no te abandonas en el vínculo con alguien, puedes responder con claridad a esto.
Y para eso no es suficiente con este post. Hace falta dar un paso más… Si quieres hacerlo conmigo, es aquí.


