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Soy pesada, exigente e intensa (y está perfecto)

Mujer riendo sobre la cama

Imagínate que pudieras ser como necesitaras en cada momento.

Sin peros, sin excepciones, sin condiciones. Tú, totalmente libre para ser.

¿Te gustaría? Vale, pues entonces vas a sorprenderte con lo que te voy a contar…

Una vez, en una sesión con mi terapeuta, estábamos hablando de algo que me había dolido con mis compañeros de terapia grupal. Y mi argumento era que, aunque eso me doliera, ellos tenían derecho a haberlo hecho así. Y que decirles que me había dolido y que yo habría necesitado que lo hubieran hecho diferente sería ser demasiado exigente con ellos.

Y, ¿sabes lo que me dijo mi psicóloga en ese momento?

“¿Y qué si eres exigente?”.

Guaaau, nunca olvidaré ese momento.

“Entonces, ¿puedo ser exigente?”, pensé.

Pues sí, puedo ser exigente. Pero la primera que ha de darse permiso para ello soy yo.

(Espera, jaja, no te lleves las manos a la cabeza, déjame que te siga explicando).

Esta aceptación incondicional y este quererte como eres es parte de la Gestalt, la escuela terapéutica a la que pertenecía mi psicóloga y en la que yo también me he formado como terapeuta.

Y comparto totalmente este enfoque de aceptar lo que eres, y no lo que deberías ser. Me encanta y va muy en mi línea de trabajo con mis coachees. Por eso aquellas palabras de mi psicóloga fueron una luz al final del túnel para mí.

El tema era que yo, por mi biografía de rechazo y de abandono, necesitaba sentirme vista y tenida en cuenta por mis compañeros.

Y sí, esto es lo mío, mi forma de sentirme y de relacionarme. Y lo primero es respetarme que esa es mi manera y que eso es lo que necesito.

¿Significa que soy exigente? Pues ese ya es el siguiente paso, poder ver si desde ahí me vuelvo demasiado exigente con los demás. Pero antes de eso está que yo pueda respetarme lo que me pasa.

“Pues sí, en esto soy demandante. En otras cosas no lo seré y aquí me sale”, por ejemplo.

Por supuesto, una cosa es que yo acepte y respete mi necesidad de sentirme vista y otra es que después vaya al otro y le exija que me vea exactamente como yo necesito, o que espere que los demás adivinen lo que me pasa sin yo tener que decirlo.

Y se trata de poder estar en lo primero sin llegar a lo segundo…

¿Te das cuenta? Y te cuento esto de mí porque seguro que también hay algo en lo que tú no te dejas ser…

Que no te dejas ser pesada, que no te dejas ser egoísta, que no te dejas ser intensa o que no te dejas ser lo que sea.

Y este post es para eso, para que tú también puedas sentir esa paz que da decir “puedo ser exigente, y está bien”, o “puedo ser intensa, y está bien”.

Así aprendiste a censurarte

Como casi todo, el miedo a mostrarnos tal cual viene de cómo nos enseñaron a mirarnos de pequeñas.

De si te criticaban por ser así o asá.

De si veías que había que ser de una determinada manera para encajar.

De si en tu entorno había una forma de ser que se valoraba más y otra que se valoraba menos.

Y así, en base a muchas cosas que vas viendo y viviendo, asumes que lo correcto es una cosa (y que todo lo demás es incorrecto).

No hay que ser pesada. Sí hay que ser servicial. No hay que ser demandante. Sí hay que ser generosa. No hay que ser envidiosa. Sí hay que ser alegre. No hay que ser llorica. Sí hay que ser fuerte. No hay que ser dramática. Sí hay que ser positiva.

Etc., etc.

Así que la que empieza a censurarse y a no dejarse ser lo que NO SE DEBE SER eres tú.

Y, por ejemplo, te apetece algo, pero te dices que querer eso es ser infantil. Y te lo callas, porque ser infantil no está bien. ¡Obvio! No se debe ser ni pesada, ni infantil, ni egoísta (o los adjetivos descalificativos que en tu caso toque poner ahí).

Tú te cuentas que son los demás los que no te dejan ser eso, pero en realidad eres tú.

Eres tú quien se critica lo que antes vio criticar a otros…

En vez de legitimar que eso ni es ser infantil, ni es nada. Que es tu verdad y tu deseo, ¡y punto!

O si cuando cuentas algo te enrollas mucho, y va alguien y te dice que eres un poco pesada, “pues sí mira, soy pesada y me enrollo, ¿y qué?”.

Y me acuerdo ahora de una coachee que estaba muy disgustada porque una amiga le había dicho que siempre iba de protagonista. Y mi coachee empezó a justificarse y a defenderse y a intentar demostrar que ella no va de protagonista.

Es decir, en vez de aceptarse y legitimarse lo suyo: “pues sí, mira, esta soy yo y esto es lo que me pasa. Como me he sentido muy poco vista, ahora necesito que me vean mucho. Y como aprendí a estar muy pendiente de las necesidades de los demás, pues ahora también espero que los demás lo estén de las mías. Y desde ahí es posible que muchas veces me ponga demandante. Esto es lo que me pasa, sí”.

¿Ves qué diferencia tan grande hay entre rechazar y negar algo de ti versus comprenderlo, aceptarlo y respetar que eso es parte de ti, de tu historia y de tus heridas?

Resumiendo: no se trata de decirte que no eres algo, sino de aceptar que puede que lo seas, y no pasaría nada.

Y, desde el más absoluto respeto a ti misma, poder verlo, poder mirarlo y poder darte cuenta de lo que te pasa…

Y, después, ya verás qué necesitas hacer con ello.

Ser algo no es serlo siempre

Las personas solemos pensar que lo que ven los demás de nosotros es lo que es.

Es decir, que si alguien me percibe pesada, es que yo lo soy.

Y no es así. Puede que lo sea o puede que no. Lo que el otro percibe es su percepción. Y es legítima. Pero eso no significa que yo sea pesada. O sí. ¡Pero es que en realidad da igual! Lo importante es que, si para que el otro no me perciba pesada yo tengo que tragarme mis necesidades, ¡entonces estoy vendida!

Porque, por si no te has dado cuenta, el precio que pagamos cuando no nos dejamos ser pesadas, demandantes, infantiles o lo que sea, es que no podemos satisfacer nuestras necesidades.

Es decir, cuando no me permito ser algo, termino saltándome mis necesidades y pasándome por encima a mí misma.

Por ejemplo, si yo necesito que me llames y me preguntes cómo voy con mi tema familiar, pero me cuento que soy demasiado exigente por necesitar eso de ti, tendré que tragarme mi malestar y mi necesidad para no serlo. ¿Lo ves?

Y te pongo otro ejemplo de una coachee (si tú también quieres trabajar conmigo, rellena esto): un día llegó super contenta contándome que, por fin, en una comida familiar, se había atrevido a pedir algo que para ella era muy importante.

Que lo había dicho y se había quedado tranquila después, porque hasta entonces siempre que intentaba decir algo le aparecía el miedo a ser demasiado demandante y victimista. Y, precisamente ese miedo a ser demandante y victimista, era lo que la había llevado a callarse y a tragarse sus necesidades tantas veces.

“A mi no me preocupaba ser exigente, lo que me preocupaba era que, si lo era, me podían abandonar… Sin darme cuenta de que estaba viviendo hacia afuera en vez de estar conmigo”, me decía.

Es decir, ella, como tú y como yo, cuando no se dejaba pedir lo que necesitaba, se estaba yendo más a la necesidad de los otros (que yo no sea demandante) que a la suya (pedir esto que es importante para mí).

Pero lo cambió. Y dejó de invisibilizarse porque aceptó que, si alguien la juzgaba de demandante por expresar su necesidad, pues allá él.

Que ella tenía derecho a ser pesada exigente, egoísta, intensa o demandante (igual que el otro tenía derecho a sentirse como fuera con eso).

Y que el hecho de que alguien le dijera que no le gustaba eso de ella no significaba que la rechazara por completo como persona.

(Sí, a menudo se nos olvida que un “no me gustas cuando haces eso” es muy diferente a “tú no me gustas”).

Y que el ser exigente en un momento puntual, no significa que lo seas siempre.

Eso es de lo que te hablo…

Incluso, y esto para las personas que tenemos una herida de rechazo muy grande ya son palabras mayores, poder llegar a sostener que alguien piense que eres pesada y te critique.

Poder escuchar eso en el otro, y poder llevarlo dentro de ti, y preguntarte qué piensas tú…

Y termino con un ejemplo magistral de otra coachee que le dijo esto a su pareja:

“Pues sí, mira, igual soy exigente cuando te digo que me mueve mucho que me dejes en visto sin contestar. Pero este es mi sentir, y necesito pedirte que por favor no lo hagas. Y no sé si te estoy pidiendo demasiado o no, pero me estoy validando y dando lo que necesito en estos momentos, que es pedírtelo a ti”.

¡Olé! Eso es estar contigo, tal cual eres. Completa, sin excepción ni condiciones ❤️.

Ya sabes que me encanta que, después de leerme, me cuentes tu sentir aquí debajo. Así que feliz de escucharte qué es eso que a partir de hoy te vas a dejar ser mucho más en paz ;-). 

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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4 comentarios

4 comentarios
  1. Olga 22/03/2024

    Hola Vanessa:
    En estos momentos, tengo muy presente mi herida del rechazo y me siento muy identificada con lo que dices, tengo que ver reflejada en ello.
    La cuestión es que si, ahora me doy el permiso para ser demandante, para ser pesada…..y si, me válido yo. La cuestión es que, por esto o porqué se yo…pero me da igual que me da lo mismo….no cambia nada. Con los de mi alrededor, familia y algún amigo, me he atrevido a ser yo….y las cosas no han cambiado. Su actitud es la misma de siempre o peor, ni llaman ni nada, y les he pedido por favor que estén un poco pendientes, que me gustaría verlos más…y el primer dia lo hacen, luego se acaba. Yo ya no quiero seguir llamando yo, no quiero seguir insistiendo…ya está bien.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 26/03/2024

      Hola Olga,
      Siento mucho que te estés sintiendo así, y entiendo lo doloroso de lo que cuentas. Puede haber personas con las que legitimarte para pedir te haga sentir escuchada, pero puede haber otras con las que no. Y se podría profundizar en los motivos de cada una, pero lo importante es que si tú sientes que con estas personas no eres correspondida, tal vez es que no pueden darte lo que tú necesitas. Y eso no es ni bueno ni malo, tan solo te da información para saber lo que puedes esperar de cada persona y para decidir si te vale con lo que ellas pueden darte (seguramente habrá algunas en las que sí y otras en las que no).
      Un abrazo cariñoso,
      Vanessa

      Responder
  2. Silvia 23/03/2024

    Si te comportas desde la asertividad, yo creo que todo está bien 🙂 Si a alguien no le gusto, tiene derecho, pero igual a mí tampoco me gusta cómo me lo dice o la propia persona. A mí siempre han intentado censurado al defenderme. Y mi madre me dijo que yo estaba loca, porque me puse a decirle a una señora en el metro que no me diese lecciones y acabamos a gritos. A las chicas jóvenes siempre hay una señora que piensa que nos puede dar lecciones, y ese día para mí ya fue el colmo. Según la señora, yo estaba tardando demasiado en pasar por el torno de metro, y me lo hizo notar con condescendencia. A lo que yo le espeté que no me aleccionase. No tenía por qué explicarle que yo estaba dejando pasar a una señora, y si tan despacio iba yo para ella, pues que se moviese ella a otro torno, ¿no? ¿Por qué piensa que está en posición de decirme a qué ritmo tengo que ir o cómo tengo que hacer las cosas?

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 26/03/2024

      Hola Silvia,
      Sí, eso es, se trata de, en primer lugar, aceptarte y observar lo que te está pasando sin juzgarlo, para después poder entender de dónde viene. Y si siempre te han censurado por defenderte es probable que haya una parte de ti que esté enfadada/resentida/necesitada de expresarse libremente. Y es legítimo que le des permiso y la dejes salir.
      Muchas gracias por compartir.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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