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Si te crees que ya lo sabes todo de ti, cuidado

Yo misma ante un paisaje espectacular

Así de claro te lo digo, y así de claro lo pienso: si te crees que ya lo sabes todo de ti y que eres un libro abierto para ti misma, mucho cuidado.

Y lo comparto desde la humildad de alguien que se da cuenta de que, cuanto más se conoce y se trabaja, menos certezas tiene sobre sí misma.

Mágico reconocer que, después de casi veinte años de terapia, ahora es cuando estoy más abierta a no saber, a dejarme sorprender, a descubrir algo nuevo de mí cada día…

Y lo mejor de todo es que ya no me da miedo reconocerlo. Ya no me asusta lo que alguien pueda pensar de mí por confesar que no me conozco palmo a palmo, que hay cosas de mí que creo saber y me equivoco. O que son ciertas y falsas a la vez. Y que sigo siendo una caja de sorpresas para mí misma (y me alegra que así sea).

Si me has seguido últimamente, por aquí o en mi perfil de Instagram, ya sabrás que he estado de vacaciones en Bali, primero con un grupo de mujeres maravillosas y después unos días sola.

Te hablé de ese viaje tan brutal en el post anterior, y hoy quiero compartirte algunos de los aprendizajes que me he traído en la maleta de vuelta a casa. Al menos los que ya he desempaquetado, porque tengo la sensación de que me queda mucho por colocar… Y qué bien que así sea, porque es una manera de que el viaje interior siga sucediendo…

Ahí van estos diez aprendizajes, espero que también te sirvan para reflexionar algo nuevo sobre ti.

1.Lo que creo saber de mí, no siempre es así.

Cuando crees saber algo sobre ti, te cierras a que eso pueda ser diferente. Y, entonces, eso que crees saber de ti te puede estar limitando.

En mi caso pensaba que a mí me gusta ir a mi bola, que disfruto un montón de estar sola y que me agobio cuando estoy con mucha gente. ¿Era mentira? No. Pero ahora le he puesto un “depende”.

Igual sí es cierto que me saturo con personas que tienen valores o prioridades muy diferentes a los míos. Y seguro que es verdad que sola estoy muy a gusto. Pero en este viaje he descubierto que acompañada de veinte mujeres, cada una de su padre y de su madre, también lo puedo estar. Que incluso puedo compartir habitación con una desconocida y sentirme súper cómoda. Y que me encanta observar y escuchar a personas que me nutren y me aportan de alguna forma.

2.Si me quedo en un juicio, me pierdo mucho.

Porque mis juicios sobre alguien son eso, juicios, no realidades. Y cuando me relaciono solo desde mis juicios y mis primeras impresiones, sin saberlo me puedo estar perdiendo grandes tesoros.

Y lo digo porque en Bali me he enamorado de varias personas con las que, a priori, habría pensado que no tenía mucho en común. Y, si me hubiera quedado solo en eso, seguramente me habría cerrado un poco y no habría ido más allá.

Bofetada al canto y buena cura de humildad, porque de este viaje me llevo varias personas preciosas, de esas que te esponjan el corazón y te hacen sentir en casa.

¡Y otra vez que la vida me regala seres de luz! Gracias, gracias, gracias, porque me siento una privilegiada por seguir conociendo a gente tan bonita.

3.Cuanto más me muestro de verdad, más acogida me siento.

Y fueron varios los momentos en los que comprobé esto.

Por ejemplo, cuando llegué un día tarde al grupo y, en vez de quedarme encerrada en mi cueva esperando a que vengan a sacarme, di un paso adelante y me abrí a lo que fuera a ser. Y lo que fue es que me sentí una más…

¡En un grupo! Que después de mucho trabajo personal sigue siendo algo que despierta todos mis fantasmas… (a veces sueño con un movimiento de esos de “me too” en el que las personas que hemos vivido bullying de pequeñas demos un paso al frente y digamos “yo también, y aquí estoy, para reconocerte a ti que estás pasando lo mismo y que sepas que no estás sola”).

Entre iguales, ahora sí, pude legitimarme y nombrar mi verdad, aunque fuera diferente a la del resto. Y decir “esto me interesa”, “esto no”, “esto me da miedo”, “esto no entra en mis planes”, “te agradezco tu consejo, pero no quiero eso para mí”… Pude decirlo, y sentirme respetada.

Igual que decir que “eso otro sí lo quiero”, que me están entrando las ganas, que la energía del grupo me está empoderando, y que vosotras estáis siendo muy importantes para mí.

Y qué fácil ha sido reafirmarme ante veinte mujeres y atreverme a dar mi opinión cuando he escuchado algo que no compartía, y verbalizar “no estoy de acuerdo con esto”, a pesar de que a las demás les parezca la mejor idea del mundo y de que alguien me pudiera rechazar por ello.

Y qué fácil ser yo, y qué fácil reconocer mis miedos… Alucinada de lo fácil que es todo cuando te abres en el lugar adecuado y en una frecuencia auténtica.

Y esto me recuerda a mi purga balinesa…

4.Puedo entrar en catarsis en público, ¡soy capaz!

Casi tres años de terapia en grupo, viendo a mis compañeros soltarse enteros, dejar sus cuerpos yendo por su cuenta sin ataduras mentales, entrar hasta el fondo en una emoción desgarradora… Y yo, siempre mirando. Mirando y pensando “nena, no pasa nada, a ti esto no te sale y punto”.

Bueno, pues resulta que sí que me sale, y me sale en público.

Y puedo dejarme caer, y puedo llorar muy profundo sin ni siquiera saber por qué estoy llorando, solo dejándomelo sentir… Y puedo desmoronarme así sin miedo, sin vergüenza, dejando fluir lo que me estaba saliendo del cuerpo… ¡Y siento mi cuerpo!

Incluso ante veinte mujeres a las que conocía de tres días antes, puedo gritar mi dolor con todas mis fuerzas y no sentirme sola ni juzgada… Ni por ellas ni por mí, que antes la primera que lo habría tachado como una muestra de debilidad o como algo por lo que me podrían rechazar habría sido yo. Pero, esta vez, ni se me pasó por la cabeza…

Aquí y ahora pude sentir mi fragilidad, sin pudor y desde la más absoluta aceptación.

Y, lo mejor, es que en ningún momento eché de menos una mano conocida que me sostuviera. Porque siempre hubo un alma amorosa que me recogía, unas manos poderosas que me abrazaban… Porque yo estuve conmigo y ellas estuvieron conmigo.

Y bendita purga balinesa, lo bien que me ha sentado.

5.Si me escucho y hago lo que me pide el cuerpo, todo se calma.

Esto ya lo sabía, pero allí lo certifiqué. En muchos momentos.

Por ejemplo, una noche me desperté a las 5 de la mañana agitada. Era la tercera noche que no dormía bien. Y sentí que necesitaba hablar con una persona y expresarle algo me había dolido. Al día siguiente lo hice. Y todo se colocó.

6.Si me abro a la magia, la magia llega.

No sé si tiene que ver con que Bali es un lugar mágico, pero han sido muchos los momentos en los que he sentido que el Universo estaba a mi favor…

Por ejemplo, pienso que tengo hambre, y me escribe Nayara para preguntarme si me trae algo de comer…

Pienso que necesito una fotógrafa, y aparece una…

Pienso que le quiero preguntar algo a Charo, y escucho su voz surgir de la nada…

Pienso que alguien me dijo que hiciera un ritual a mis ancestros femeninos, y caigo en que voy vestida con la ropa de mi madre y de mi abuela…

Y, así, todo el rato.

7.Las personas no son lo que te dicen, son lo que te hacen sentir.

Y en Bali me he encontrado a muchas personas que me han hecho sentir muy bonito.

Gente que te abre su casa, que siempre te sonríe, que nunca te pone una mala cara, (aunque la tuya lo sea), que te perdona un error o un accidente… Gente que te dice “ven a orar conmigo. No importa en quién creas tú, si le llamas Universo, Vida o Dios. No importa que creamos diferente, solo ven y ora conmigo”. Guaaau.

8.Lo que veo en el otro me habla de mí, siempre de mí.

Esto también lo sabía, pero no deja de ponerme los pelos de punta…

Sí, cuando alguien me mueve o me altera mucho, siempre hay un mensaje sobre mí al que necesito prestar atención.

Porque cuando me molesta mucho algo de alguien, de alguna manera esa persona me está haciendo de espejo.

Porque lo que veo en la otra dice muy poco de ella, y lo dice todo de mí.

Vaya, que no existe una mirada objetiva, porque siempre soy yo quien mira. Y, cuanto más conectada estoy con una mirada de amor, más amor me encuentro a mi alrededor.

9.Las mujeres hemos aprendido a ver la belleza fuera y los defectos dentro.

Esta iluminación tan clara se la debo a Marina y su taller de selfiterapia.

¿Sabes cuando te haces un selfie, ves la foto y lo primero en lo que te fijas es siempre lo mismo? Ese defecto que a ti te destaca con tanta fuerza…

Pues resulta que, si se lo cuentas a otra compañera, ella no lo ve. ¡Ni se había fijado! Y ella te cuenta el suyo, eso que tanto le avergüenza, y a ti te parece que está loca porque nadie se fijaría en semejante menudez.

Vaya, que las mismas manchas marrones en la piel pueden parecerte bellas en otra mujer y detestarlas en ti…

Así que, una vez más, el amor a una misma siempre pasa por ver la misma belleza dentro y fuera de ti.

10.Si me dejo llevar por la sorpresa, disfruto mucho más.

Cierto es que este viaje sea seguramente el que menos he planificado en mi vida. Y, no se lo digas a mi Yo de hace veinte años porque le daría un patatús, pero resulta que viajar así es una puta maravilla.

Es decir, que si voy sin juicio, sin control, sin estar pensando en lo que no veo o en lo que me pierdo… Si suelto todo esto y solo escucho cómo me siento y lo que me apetece en cada momento, todo va rodado. Y cada día es mejor que el anterior, sin necesidad de haber tachado nada en una lista de “lugares a los que hay que ir”.

Y qué fácil, oye. Qué gusto da viajar así. ¡Y tan bien acompañada! Te lo recomiendo.

Como siempre, super contenta y agradecida de que me cuentes, en los comentarios aquí debajo, qué has descubierto de ti misma últimamente. 

Y para trabajar conmigo, es aquí (ojo, lista de espera hasta noviembre). 

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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4 comentarios

4 comentarios
  1. Susana 20/07/2023

    Querida Vanessa, de nuevo reitero mi más sincera enhorabuena por esta pedazo experiencia en la que te embarcaste (que sepas que el año que viene haré yo este viaje, ya no puedo dejar de seguir esa señal de ir a Bali).
    Me ha parecido tannnn bonito lo que nos has compartido, y cómo lo has hecho, que te estoy muy agradecida por ello. GRACIAS PRECIOSA

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 27/07/2023

      Mil gracias, Susana. Espero que me cuentes cuando hagas ese viaje, y que sea tan especial para ti como lo ha sido para mí.
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
  2. Anamar 20/07/2023

    Dan ganas de lanzarse!! Así contado, siempre me habría sentido atraída por viajar sola a aquellos lugares que no consigues que nadie te acompañe de buena gana… Y por primera vez conozco un testimonio real de primera mano. Gracias por compartir Vanessa! Un fuerte abrazo!

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 27/07/2023

      Te animo totalmente a que te lances y lo hagas. Si el cuerpo te lo está pidiendo, si hay algo en ti que te dice que sí, es que es para ti… Llévate contigo y nunca estarás sola.
      Ya me contarás cuando ocurra ;-).
      Un beso grande, bonita.
      Vanessa

      Responder

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