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Cuando la vida te lo pone delante y tú no lo ves

Yo misma la playa en Bali -

¿Sabes cuando estás necesitando algo y la Vida te lo pone delante, pero tú no lo ves? Pues eso es lo que me pasó con este viaje a Bali del que he vuelto la semana pasada.

Hace unos meses tenía claro que quería que ese fuera mi destino de vacaciones para este verano. Y entonces recibí la newsletter de Charuca, con el asunto “¿Te vienes conmigo a Bali?”.

Resulta que ella estaba organizando un viaje de mujeres justo en las mismas fechas en las que quería irme yo. Y me hizo gracia la casualidad, pero pensé “a Bali sí me voy, pero contigo no”. No era nada personal, al revés, es alguien a quien admiro y con quien comparto muchos valores y maneras de entender la vida. Pero no entraba en mis planes irme a Bali con un grupo de mujeres desconocidas. O, al menos, eso me contaba yo. “Buf qué agobio, yo voy sola que eso es lo que me gusta”, pensaba (ahora lo recuerdo y me entra la risa al darme cuenta de que a veces estoy taaaan empantanada en el miedo que ni lo veo).

Total, que unos días después de recibir ese email yo seguía sin comprarme el billete de avión. Y entonces, un día que estaba nadando, recordé el correo de Charuca y empecé a sentir algo en el cuerpo, a darme cuenta de que mi cuerpo me estaba hablando. No a gritos, como lo hacía antes, cuando no le escuchaba. Me habló, más bien, como te habla una amiga que te dice, “¿estás segura? ¿Lo has pensado bien?”. Y me di cuenta de que estaba sintiendo algo muy bonito. Era ilusión. Guaaau, ¡me hacía ilusión pensar en ese viaje de mujeres! Impensable en mí, la ermitaña por excelencia. Pero, como ahora ya sé que el cuerpo manda, le hice caso. En unas horas ya me había apuntado al retiro de jefas en Bali.

¡Bendito cuerpo, que ahora me ayuda a tomar tan sabias decisiones! Porque, aunque entonces todavía no lo sabía, seguramente esa fuera una de las mejores decisiones de mi vida.

Y allá que me fui. Llegué 24 horas más tarde que el resto porque tenía formación de Gestalt en Madrid. Y me daba miedo que cuando llegara ya todas hubieran hecho un vínculo y sentirme fuera (sí, miedo al rechazo, el mismo miedo que me había hecho creer que yo prefiero viajar sola…). Pero, no fue así. Me sentí super acogida y bien recibida. Al rato, ya me sentía una más entre ellas.

Todo perfecto, hasta que el segundo día allí me atropelló una moto y perdí las gafas de sol. Entonces, mi primer pensamiento fue que Bali no me quería, porque había escuchado eso de que Bali escoge a las personas y a unas las abraza con amor y a otras las echa de sus brazos… Vaya, que Bali es como las margaritas, o te quiere o no te quiere. Y a mí tal vez me estaba diciendo que no me quería… ¿¿¿Por qué??? ¡Si a mí me estaba encantando la energía de ese lugar! Supongo que en cierto modo me conectó con esos momentos de gustarte alguien y que esa persona no sienta lo mismo por ti. Otra vez el miedo al rechazo, con todas las letras.

Pero entonces mis gafas de sol aparecieron y alguien me explicó que, cuando hay un problema con un turista, los locales se echan encima de él. Y que si el accidente de moto había sido culpa mía y, aun así, los balineses que estaban allí no me habían acusado de nada, era señal clara de que Bali me quería. Piel de gallina, la mía y la de la persona que me lo estaba contando. No sabes qué alegría sentí, igual que cuando esa persona que te gusta te dice que tú a ella también. ¡Bali me quería!

Y, a partir de ese momento, se hizo la magia…

Visitar un poblado tradicional, conocer cómo viven, vestirme de balinesa, sentirme tan acogida por sus gentes…

Una purificación en un río sagrado, entrar al agua vestida con un sari y soltar todo lo que ahora mismo ya no quiero conmigo, llenarme con la fuerza del agua brotando de siete chorros mágicos, pedir un deseo…

Un círculo de mujeres, compartir nuestra luz, vernos a través de los ojos de eso que admiramos, un mandala que sostiene la brutal energía que generamos todas juntas, un abrazo infinito del que no te quieres soltar…

Llorar como una descosida entre pececillos de colores y manos mágicas, sentir mi cuerpo brotando a la vida, la vulnerabilidad a flor de piel sin juicios ni contención, el cálido abrazo de mis compañeras cuando más lo necesitaba…

Una boda frente al mar, 22 mujeres vestidas de blanco dispuestas a comprometerse para siempre consigo mismas, leer nuestros votos para que el Universo escuche nuestro compromiso…

Bañarme en el agua salada justo después de decirme “sí quiero” a mí misma y, de repente, recordar que alguien hace unos meses me había dicho que hiciera un ritual a mis ancestros femeninos en el mar de Bali. Y darme cuenta de que, sin haberlo planeado, me acabo de casar con un vestido de mi madre y un anillo de mi abuela. Y pienso en ellas, y en las que estuvieron antes que ellas, y les doy las gracias.

Y así cada día, cada instante, momentazo tras momentazo, palabras que ni de lejos pueden recoger lo que nos ha pasado…

¡Ha sido tan mágico todo lo que hemos vivido en estas semanas! Y me siento tan afortunada por ello, por lo que me hizo reír y por lo que me hizo llorar (en el próximo post te cuento más de esto). Porque tengo la certeza absoluta de que todo ocurrió exactamente como tenía que ocurrir. De que las 22 mujeres que hemos estado aquí, cada una, acudimos a esa llamada porque así tenía que ser. Lo que nos emocionó, lo que se nos removió, lo que nos desestabilizó, lo que nos entusiasmó…, desde el primer instante hasta el último, ha sido porque justo eso es lo que veníamos a vivir y a aprender.

Todas fuimos imprescindibles, nada fue casual.

Y así llegó un día del viaje en que me desperté enamorada. Sí, ¿sabes cuando estás en modo fuegos artificiales con alguien y por la mañana te despiertas y lo primero que piensas es en esa persona y en lo feliz que te hace que esté en tu vida? Pues eso mismo empecé a sentir yo a mitad del viaje, que estaba locamente enamorada. Enamorada de ellas, enamorada del grupo, enamorada de las experiencias que estábamos viviendo juntas, enamorada de Bali…

Así me he vuelto. Así me siento. Como flotando en paz, llena de todo lo que he vivido y de todo lo que he sentido.

Agradecida no, mucho más que eso.

Transformada no, mucho más que eso.

Viva sí, sobre todo eso. Muy viva.

Como siempre, me encantará que me cuentes en los comentarios aquí debajo lo que te ha inspirado este post. Y si tú también quieres sentirte viva, plena y llena de ti, es aquí

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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8 comentarios

8 comentarios
  1. teresa 13/07/2023

    Me emociono al leerte y vivo lo que has vivido y disfruto con lo que has disfrutado, me encanta tu viaje y tu forma de contarlo, pufffff, se me han puesto los pelos de punta, yo quiero experimentar esas sensacionessss.
    En 2017 organicé un viaje a Bali con mi ex-marido pero al final no pudimos ir porque mi madre se puso muy malita y tuvimos que suspenderlo y siempre pienso que quizás ya no vaya, que ya no tengo esa ilusión, etc…
    Pero ahora al leerte, joooo, qué envidia sanaaaa.
    Gracias por contarme tu viaje tan bonito, gracias por vivirlo, gracias por disfrutarlo.
    Saludos
    Tere

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 17/07/2023

      Muchas gracias, Teresa. Me alegro de que mi viaje te haya reconectado con el tuyo, con el que tienes pendiente. Como creo que todo pasa para algo, espero que un día me cuentes también tu maravillosa experiencia en Bali ;-).
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
  2. Ángel 13/07/2023

    Hola Vanessa, qué bonita experiencia nos cuentas! Cuánto me alegro! 😊

    En Bali has recibido todo el buen karma que has generado antes. E hiciste muy bien en escuchar tu cuerpo, es más sabio que nuestra mente.

    Yo tb he hecho lo mismo que tú…no voy a Bali pero me he apuntado a un retiro con mi grupo de Yoga y estoy seguro de que me va a venir muy bien porque la decisión la tomé por lo que sentí en mi cuerpo.

    Un abrazo

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 17/07/2023

      Muy buena decisión. Disfruta mucho ese retiro, Angel. Y compártelo después si te apetece.
      Un abrazo grande,
      Vanessa

      Responder
  3. Maria José 13/07/2023

    Enhorabuena por tan grata experiencia. Te lo mereces. 🥰

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 17/07/2023

      Gracias, Maria José. De corazón.
      Un abrazo fuerte,
      Vanessa

      Responder
  4. Marta Frías 14/07/2023

    Vanessa!!!!!
    Ay, por favor, qué emoción leerte… Y reconocerme en tantos detalles. Yo también sentí durante varios días que Bali no me quería, pero al final me di cuenta de que todo estaba ocurriendo exactamente como debía ocurrir. Tal cual lo cuentas tú.
    Nos has inspirado a todas. Eres luz, preciosa.
    Ha sido un privilegio compartir estos días contigo. Y saber que nos queda mucho más por compartir juntas!
    Te quiero, hermana.
    Marta

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 17/07/2023

      Gracias, Marta, bonita. Este viaje y lo que comparto es la suma de todas, así que mil gracias por ser parte de lo que he sentido y vivido. Nada habría sido sin ti.
      Un beso grande y todo mi cariño,
      Vanessa

      Responder

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