Hay un perfil de mujer con el triple de probabilidades que el resto de terminar en una relación de dependencia emocional.
La que sufre el síndrome del “por mí que no sea”.
Te lo explico. Lo conozco bien porque antes yo misma lo padecía.
Recuerdo estar en pareja y esforzarme lo que no está escrito porque la relación funcionara. Y, si había algún problema, esforzarme aún más.
Por entenderle. Porque habláramos las cosas. Porque cumpliera con lo que decía. Porque me entendiera a mí…
Porque no se enfadara por una tontería. Porque viera que eso no era normal. Porque no me hablara así. Porque me tuviera en cuenta. Porque no hubiera otra discusión. Por tenerle en cuenta a él…
Me esforzaba por TODO, todo el tiempo.
Y que a ver cómo hago para que esto no me afecte tanto, y que a ver como digo las cosas para que no se enfade, y que si hago esto estaremos mejor, y que a ver si así nos entendemos…
Con razón estaba siempre tan cansada…
Hasta que la situación se volvió insostenible y empecé a darme cuenta de que yo no podía seguir llevando el peso de dos personas en esa relación, de que yo no podía poner el 80% del esfuerzo y de que no solo dependía de mí que eso funcionara.
Ahí fue cuando entendí que me estaba agotando para salvar esa relación porque era esclava del “si esto no funciona, por mí que no sea”.
Y esto lo veo constantemente en muchas de las mujeres a las que acompaño (para poder ser una de ellas, rellena esto).
Que, aunque no estén bien con su pareja, tienen que agotar todos los cartuchos y sentir que han hecho todo lo que estaba en su mano para que esa relación funcionara.
“Tengo que saber que yo he hecho todo lo que he podido y que por mí no ha sido”, que me decía desesperada Paula, en su primera sesión.
El problema es que eso de “por mí que no sea” se convierte en una trampa infinita que las mantiene enganchadas en ese esfuerzo constante por conseguir que funcione.
¿Cuánto tiempo? Todo el del mundo. Porque, cuando eres presa del “por mí que no sea” y estás luchando por un imposible, se te puede pasar la vida así.
Porque el principal problema es que no te estás dando cuenta de que esto no depende solo de ti y que tú sola no puedes salvar nada.
“Necesito quedarme tranquila. No quiero pensar qué hubiera pasado si yo lo hubiera intentado. ¿Y si hubiera funcionado?”, me contaba Carmen cuando empezó a trabajar conmigo (ya llevaba varios años luchando sin resultados).
Te pasa en todas partes
Y, ojo, esto no solo pasa en relaciones largas. También puede ocurrir cuando estás empezando con alguien y hay cosas que no te encajan o que no te hacen sentir bien.
Por ejemplo, si esa persona ha hecho algo que no te ha gustado y, en vez de ponerle un límite o de decirle que no quieres eso, intentas entender por qué lo ha hecho, ponerte en su lugar y ser comprensiva.
Porque “por mí que no sea que esto no funcione”.
Que “si me quedo sola, por mí que no sea”.
Que “si alguien no me quiere, por mí que no sea”.
“Que si esto se termina, yo sepa que no ha sido por mí”.
Pero es que, cuando sufres este síndrome, no te pasa solo en las relaciones de pareja.
Ahí te pasa más, sí. Porque te enganchas más y te implicas más con tal de que funcione.
Pero también te puede ocurrir en relaciones familiares, con amigos, en relaciones laborales…
Vaya, que la incapacidad de soltar el hiperesfuerzo, porque “por mí que no sea”, puede aparecer en cualquier tipo de vínculo.
El match entre el manipulador y la “por mí que no sea”
Es de cajón que alguien que padece el síndrome del “por mí que no sea” tiene muchas más papeletas para quedarse enganchada en una relación en la que no es feliz.
Es decir, en una relación de dependencia emocional.
Pero ese no es el único peligro.
Hay otro aún mayor.
Y es que este perfil encaja a la perfección con un perfil manipulador de esos que le da la vuelta a la tortilla y te echa la culpa de todo a ti.
¿Por qué? Es fácil de entender…
Si tu pareja no se hace responsable de lo suyo y te dice que la culpa la tienes tú, y tú eres del perfil “por mí que no sea”, intentarás ver en qué puedes mejorar.
Si tu pareja es egoísta y antepone sus necesidades a las tuyas y tú eres comprensiva y antepones sus necesidades a las tuyas, porque tienes metido hasta la médula que “por ti que no sea”, cederás lo que no está escrito.
Si tu pareja no se esfuerza, ni te tiene en cuenta, pero tú te esfuerzas mucho para que eso funcione y no eres capaz de soltar porque “por mí que no sea”, te quedarás ahí enganchada por los siglos de los siglos.
Y así es como hacéis el match perfecto :-(.
Mira, te cuento un caso real que te va a poner los pelos de punta.
Chico y chica van a un concierto juntos. Ven la actuación y hablan entre ellos, pero ninguno de los dos habla con nadie más.
Y después él le pregunta a ella que a quién miraba tanto durante el concierto. Ella no se da cuenta de haber mirado a nadie en particular, y así se lo dice.
“No sé, tal vez he mirado a la gente en algún momento, pero a nadie en especial”.
Pero él desconfía y le vuelve a preguntar si es que estaba tonteando con alguien.
¿Qué hace ella si es del perfil “por mí que no sea”?
Pues la próxima vez que salgan agachará la cabeza y no mirará a nadie, para que él no se raye y no haya ningún problema.
Porque, como es esclava del “por mí que no sea”, no quiere hacer nada mal (sí, cuando te manipulan puedes llegar a creer que mirar a la gente en un concierto está mal).
Pues eso, que si tú dudas de ti, terminarás con alguien que te haga dudar de ti y te diga que lo sientes o lo que piensas o cómo ves las cosas no está bien.
Y lo aguantarás y te seguirás esforzando porque “por mí que no sea”.
¿Lo ves? Pues que te quede claro que no puedes poner un límite o empezar a cuidar de ti hasta que no te liberes de ese síndrome.
Si estás dispuesta, genial, porque sé muy bien los pasos que necesitas dar. Cuéntamelo aquí y empezamos.
PD: “Voy fenomenal, estoy super contenta. Además he tenido apenas momentos de malestar fuerte, y los que he tenido los he gestionado fenomenal”. Esto me escribió Yolanda ayer. Llevamos un mes trabajando juntas.
Pues eso, que mi forma de trabajar es práctica y real. No para que sepas la teoría de cómo sentirte mejor, sino para que lo sientas en todos los poros de tu piel. Y con mucho amor. Aquí.


