Pues sí, el otro día me eché a llorar por una tontería.
Resulta que estaba paseando con los perros por la orilla del río, una zona arbolada a la que voy a menudo porque ellos pueden ir sueltos.
Yo iba muy dolida por una discusión con una amiga, dándole vueltas a lo que nos habíamos dicho la una a la otra y a todo lo que se me había quedado por decir…
Y entonces mi perra se escapó.
No la veía por ninguna parte, no tenía claro hacia qué lado había ido y, por más que gritaba su nombre, no aparecía.
Esto me puede pasar muchos días (a mis dos perros les encanta jugar al escondite :-), pero ese día estaba bastante tocada emocionalmente y me puse muy nerviosa.
Y, unos diez minutos después, cuando por fin la perra apareció, me eché a llorar.
Ahí, sola, abrazada a mis perros, y llorando sin parar…
En ese momento yo podía haber pensado que estaba llorando por una tontería, pero no lo hice.
Tan solo me di cuenta de que tenía una sobrecarga emocional que estaba intentando gestionar (provocada principalmente por la discusión con mi amiga) y que hizo que yo estuviera más sensible a lo que me pasaba.
Así que ocurrió un imprevisto y esa sobrecarga emocional me desbordó.
Vale, pues esto nos pasa constantemente, y NO NOS DAMOS CUENTA.
Estamos estresadas o inquietas con muchas cosas, tenemos nuestro vaso emocional hasta arriba y, entonces, una gota pequeña lo desborda.
Y pensamos que hemos explotado por eso y nos sentimos idiotas pensando que hemos reaccionado así por una tontería…
Y que “fíjate cómo me pongo por cualquier cosa”.
¡Pero es que no ha sido por eso! ¡Ha sido por todo lo que estaba debajo!
Eso que te pasó con tu madre esta mañana, aquel problema ayer con tu hijo, ese asunto con tu pareja, lo otro del trabajo…
Lo que sea, pero cuando explotas a llorar así, nunca es solo por eso que acaba de pasar.
Siempre es porque había algo más.
Algo que te tenía preocupada, algo a lo que no estabas prestando atención, o en lo que no te estabas cuidando, o a lo que no le estabas dando la suficiente importancia…
Y en ese momento explotas por rabia, por impotencia, por cansancio, por tristeza y por todo junto….
Como si el volcán que llevabas dentro acabara de entrar en erupción…
Y decirte que eres tonta o que te has echado a llorar por una bobada no te sirve para acompañarte ni para sostenerte en esa situación.
¡No te sirve para nada!
Porque, si estas llorando, ya te digo yo que lo que te pasa NO es una tontería.
Y porque tratarte así es todo lo contrario a ser amorosa contigo misma.
Sí te sirve, en cambio, ser compasiva y mirarte con cariño, como si te cogieras de la mano y le dieras un abrazo a esa parte de ti que siente tanto dolor….
Y también te sirve ir viendo las cosas que te van pasando de una en una, y no dejar que se acumulen, porque, cuando se acumulan y el vaso está muy cargado, es mucho más difícil que puedas gestionar lo que te pasa.
Así que, la próxima vez que te eches a llorar por una supuesta tontería, cambia la mirada, deja de juzgarte y pregúntate qué estaba pasando antes de que explotaras.
Esa es la forma de aprender a estar contigo, que no tiene nada que ver con que nunca explotes o nunca te eches a llorar sin motivo…
Sino con que sepas escuchar cómo te vas sintiendo con lo que te pasa y darte cuenta de lo que estás necesitando en cada momento, para que no se te acumule hasta que reviente el vaso…
Y, si te das cuenta de que nadie te ha enseñado a hacer esto y necesitas que te acompañe en ese camino de aprender a quererte y a sostenerte, cuéntamelo AQUÍ.
…
¿Te suele pasar eso de echarte a llorar y decirte que ha sido por una tontería? ¿Qué sería en ese momento acompañarte con cariño? Hazte el favor de pensarlo y cuéntamelo en los comentarios aquí debajo ;-).



Hola Vanessa, quería decirte que llevo años recibiendo tus correos, y da la casualidad de que, muchos de ellos, han llegado en el momento en el que estaba pasando por emociones de las que hablabas y situaciones similares, increíble. Cómo si fuera personalizado e intuyeras mis cosillas… jajajaja… Por lo que veo que es muy real y nos pasa a tod@s y que no estamos solos.
Hola Almudena,
Muchas gracias por comentar y por esa lealtad de años… 💕.
Sí, cuando de verdad nos miramos en lo profundo y nos dejamos ver ante el otro desde la honestidad, somos mucho más parecidos de lo que pensábamos… Compartimos los mismos miedos a que no nos quieran, aunque en cada persona parezca una cosa diferente y cada uno lo gestione a su manera :-).
Un abrazo,
Vanessa
Que vergüenza pasé, jamás la contaría a nadie face to face… Entré a la oficina y había una jarra con refresco o quién sabe que era, le pregunte a una colega que quien trato si era refrigerio. Ella me contesto sin filtros: “no lo toque, porque es ajeno”. Sentí como una patada y mi impulso fue llorar, como si fuera una nin̈a. ¡Increíble! No pedí nada, menos tocar nada. La mujer me miró y no me dijo nada.
Hola Yolanda,
Hay situaciones que, de alguna forma, se parecen a cosas que vivimos cuando éramos niñas, y que hacen que nos sintamos exactamente como nos sentimos entonces. Seguramente la respuesta de tu compañera activó algo de eso en ti, algún miedo o herida de tu niña. Y lo importante es que le pongas luz y sepas acompañarte en esos momentos.
Un abrazo,
Vanessa
Cuando era pequeña, en cierto punto, según mis compañeros de clase, lloraba mucho. Sufría bullying continuo. Me sentía desbordada por la situación y me resigné y me abandoné. Siempre me culpé. Ahora entiendo que actué así porque no tenía apoyo.
A día de hoy, estoy exactamente igual, con un entorno hostil y sin apoyo, y ya no me culpo, sino que me entiendo. Al menos eso (mis vecinos de la residencia de vacaciones me están destrozando el horario por el ruido y no tengo dinero para irme a otro sitio).
Hola Lidia,
El primer párrafo de tu comentario podría haberlo escrito yo, tal cual. Yo también asumí que lo que me pasaba era porque había algo malo en mí, y también me abandoné.
Me alegro de que ya no te culpes y espero que, como siguiente paso, puedas llegar a resolver esa situación. El problema es que esas vivencias tempranas se siguen repitiendo de alguna forma en nuestra vida hasta que hacemos un cambio profundo respecto a nuestra autovaloración y nuestros miedos a la hora de relacionarnos y poner límites. Y te aseguro que merece la pena el resultado.
Un abrazo grande,
Vanessa