He dudado mucho sobre escribir este post.
Porque eso de “dar de verdad en tus relaciones” no le interesa a todo el mundo.
Normalmente nos preocupa más lo que recibimos que lo que damos.
Pero, ¿te imaginas una relación sana en la que una de las dos partes no esté dando desde un lugar genuino? Es im-po-si-ble.
Y cuando estás muy necesitada de que los demás te vean, ni les puedes ver a ellos como son, ni les puedes dar de verdad.
Porque les estás dando desde el miedo a que no te quieran y estás más pendiente de lo que te devuelven que de ver de verdad al otro (lo sé bien, solo que cuando estaba ahí no me daba cuenta de esto).
Claro, si por ejemplo estás en gustarle a alguien y en lo que esa persona piense de ti, cuando le miras, no puedes ver ni escuchar de verdad al otro. No puedes relajarte, ni ser tú misma, tal cual eres cuando no tienes que demostrar nada (y el otro lo nota, porque esas cosas se notan).
Pero lo peor es que tampoco puedes escuchar cómo esa persona te hace sentir a ti, porque el miedo a que no te elija te desconecta de ti misma y hace que te olvides de ti.
Por eso, tu mejor versión y la que haga que tengas relaciones sanas y equilibradas, siempre va a ser una que no dé desde la necesidad ni la carencia, sino desde el sentirse llena de amor, de su propio amor, y del deseo de compartirlo con otros.
Y solo desde ahí, y porque tú estás contigo y darle al otro es una elección, y no una dependencia, puedes distinguir qué relaciones son nutritivas para ti y cuáles lo son menos.
Tomando algo a la salida del trabajo
Te voy a contar una escena real, que me contaba una coachee hace poco, para que entiendas esto mejor:
Elena está tomando algo con sus compañeros en un bar a la salida del trabajo. Y entonces ve salir de la oficina a Carlos, un compañero con el que se lleva bien, y le sale el impulso de llamarle para que se una a ellos.
Pero, en ese momento, recuerda que una vez alguien le contó que Carlos necesitaba su espacio y que a veces prefería comer solo. Así que se corta y no le llama por miedo a que a él le parezca mal y la rechace.
¿Está Elena viendo a Carlos? No, porque su miedo no le deja verle.
Si le viera de verdad le podría llamar y dejar que sea él quien decida si ese día quiere unirse a las cañas o no.
Pero es que así tampoco deja salir esa parte bonita de sí misma, que es espontánea y cariñosa y quiere incluir a un compañero en un momento de ocio y compartir fuera del trabajo.
No la deja salir, porque el miedo no se lo permite.
Escucharse a sí misma sería hacer lo que le nace en ese momento del corazón. Y escuchar al otro sería aceptar que diga que no, sin tomarlo como algo personal.
Pero, al no ser capaz de hacer eso, ni Carlos puede sentirse visto por Elena, ni tampoco la puede ver a ella como es.
Pues eso, que cuando algo nace de un lugar auténtico y genuino, lo hago porque lo quiero hacer, no para conseguir algo o para evitar algo.
Si nunca te diría que no, porque no soporto que me puedas rechazar, ¿te estoy diciendo que sí desde un lugar auténtico?
Si siempre pienso en ti antes que en mí, porque necesito que me quieras, ¿estoy pensando en ti de verdad? Claro que puede ser que en parte piense en ti, pero también estoy pensando en mí y en mi necesidad.
Y desde ahí no te estoy dando de verdad, sino a cambio de algo.
De algo tuyo que necesito para sentirme bien, porque yo no sé hacerme sentir bien a mí misma.
Y aquí está el meollo del problema.
Si me quiero, me quedaré sola
Mira, me encuentro a mujeres que tienen miedo de que si se hacen valer, se dan su lugar y aprenden a quererse, se quedarán solas (si a ti también te pasa, rellena esto).
¿Qué es lo que les pasa en realidad? Pues que cuando sienten esto sigue siendo desde un lugar de carencia y de “te necesito a ti para sentirme bien”.
Siguen viviendo desde el lugar de esa niña necesitada de amor que fueron y, desde ahí se hacen daño, y terminan dando y siendo para que las quieran. Porque el cariño/valoración/aprobación de los demás es su “droga” y porque así es como han aprendido a conseguir ese amor.
Aunque sea a costa de ellas mismas.
Y entonces terminan así:
“Tengo ansia de tener una relación y a la mínima que me dan un poco de cariño me apego. Soporto lo insoportable con tal de estar con esa persona. Si me miro desde fuera me diría `¿pero que haces? ¿Cómo consientes eso?´. Pero yo sigo ahí”, que me contaba una coachee.
¿Ves a lo que me refiero con dar desde la necesidad y la carencia, y no desde la autenticidad y una elección que nazca del amor propio?
Lo gracioso es que hacemos esto para no quedarnos solas, pero en realidad es cuando más solas estamos.
En primer lugar, porque nos faltamos a nosotras mismas.
Y, en segundo lugar, porque cuando damos tanto para que nos quieran no podemos distinguir quién nos quiere por lo que somos y quién nos quiere por lo que damos.
Solo cuando tú de verdad estás contigo, puedes sentir la seguridad de que los que están a tu lado, también están de verdad.
Y la diferencia es que esas relaciones sí te nutren, te llenan y te dejan satisfecha.
Porque has cosido ese agujero de quien da para que le quieran y por el que antes se escapaba todo el amor que recibías, porque nada era suficiente si tú no te amabas a ti misma.
(Claro, igual que nadie puede adelgazar por ti, nadie puede darte el amor que tú no te das…Y todo el amor del mundo es insuficiente si te falta el tuyo).
Y porque has dejado de ser esa que da mucho y se decepciona si los demás no le dan tanto o no adivinan lo que necesita sin que lo pida.
Y ya no necesitas hacer eso de “trae, que yo cargo con ese peso tan grande que llevas. No pasa nada, a mí no me cuesta”.
(Aunque en realidad sí te esté costando, y lo hagas más para que el otro te valore que porque de verdad quieras hacerlo).
Y ya no te mosqueas cuando el otro acepta lo que tú misma le has ofrecido y deja que lleves su peso, ni te resientes cuando otro día no se ofrece a cargar con el tuyo.
Y, ahora sí, cuando das, das de verdad, de corazón y porque lo eliges así.
Y te llenas con lo que recibes, y ya no te vacías con lo que das.
Porque ya no quieres desde lo que te falta, sino desde la abundancia de un amor pleno en el que te sientes correspondida y tenida en cuenta.
Por el otro, y por ti.
Si quieres saber lo alucinante y maravilloso que es sentir eso, cuéntamelo AQUÍ.
(Spoiler: cuando te quieres y te colocas así, no solo no te quedas sola, sino que de verdad te sientes mucho más querida y valorada por quienes te rodean. Porque, ahora sí, te pueden ver A TI 💕).


