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SÍ, ¡LA NECESITO!

La gran verdad que necesitas saber para superar tus miedos

Superar tus miedos - Bosque

¿Quieres saber cuál es? Que todos tenemos miedo. Todos. Así de fácil. No se libra nadie. Ni ese al que ves siempre tan directo y lanzado hacia sus metas ni aquella que se come el mundo y parece que no hay nada que pueda pararla. Nadie.

Todos tenemos miedo. Y el que te diga que él no, o te miente a ti o se miente a sí mismo. Una de dos.

Esa es la gran verdad. Así que si solo querías saber eso no te entretengo más 🙂

Y es que a veces pensamos que hay personas que tienen miedo y otras que no. Y, amparados en que “yo soy de los que sí”, de los que tienen miedo, miramos a los otros como si fueran de otro planeta. “¡Guaaau! ¡Qué suerte! ¿Les vendrá en los genes?” o algo así me preguntaba yo antes cuando pensaba en esto. Pero no. Ahora sé que no es así. Y que no estaba sola, y que no era la única. ¡Y tú tampoco! Por fin lo he entendido. ¡Todos tenemos miedo! Y las personas que tienen éxito y a las que parece que nada les frena, también. La diferencia es que ellos no se quedan acurrucaditos en su miedo y actúan a pesar de él. Superan el temor a que las cosas salgan mal porque saben que cada triunfo suele estar precedido por un montón de fracasos y no les preocupa pasar por alguno para alcanzar sus metas.

“Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar” (Paulo Coelho)

Si miro atrás en mi vida me doy cuenta de muchas cosas que no hice, que no dije o que no fui, por miedo. ¿Miedo a qué? Al rechazo de los demás, al fracaso, a equivocarme y arrepentirme después… Da lo mismo. La cosa es que me sentía incapaz de afrontar situaciones que otros sí resolvían y ni siquiera era consciente de que aquello era miedo porque me ponía otras excusas, de esas que da menos vergüenza reconocer delante de los demás (tipo a éstas que te conté aquí). Que aquello que tenía era miedo lo supe algún tiempo después, cuando aprendí que el miedo no se evita. Se supera.

Tal vez por eso, en mi opinión, lo más difícil del miedo es saber reconocerlo y aceptarlo. Saber que si no nos estamos moviendo, si no estamos dando un paso, si no luchamos por eso que queremos, es por miedo, y no por las mil explicaciones que nos damos y les damos a los demás, incluso aunque ellos no nos las pidan y sólo nuestra conciencia necesite oírlas…

Y también saber que tú no eres tus miedos. Tú eres tú. Y, si acaso hay algo que te define, son tus actos. Lo que hagas.

Y atreverte a decir en voz alta: “Sí señores, tengo miedo. Como el ser humano que soy, tengo miedo”.

Una vez que te das cuenta de eso y te permites aceptarlo y ser más grande que tus miedos, tu fuerza interior brota y se alía contigo para superar lo que sea.

Porque, ¿sabes qué es el miedo en realidad? Pues una especie de amigo un poco pesado que en el fondo desea lo mejor para ti y que solo quiere protegerte de algo: de que no sufras, de que no te hagas daño, de que no pierdas algo que consideras valioso en tu vida… ¿Y si a partir de ahora tú también vieras a tus miedos como amigos? ¿Y si hablaras con ellos para saber de qué te quieren proteger? Eso te permitirá planificar tus pasos para que, una vez alcanzado tu objetivo, las posibles pérdidas que puedas tener sean las mínimas y no te pillen por sorpresa.

Así, cuando aprendes a ver el miedo como un maravilloso aliado del que recoger su mensaje, minimizar riesgos y seguir adelante, puedes por fin superarlo.

Si lo haces tomarás riesgos para protagonizar victorias, vivirás aventuras alucinantes y sentirás que estás siendo quien dirige tu vida.

Si actúas a pesar del miedo, te pasarán cosas maravillosas. Vivirás la vida.

Si no actúas por el miedo, no te pasará nada. Estarás como muerto en vida.

Desde luego que, aunque te atrevas, a veces conseguirás tus objetivos y otras veces no. Pero, si no lo intentas, entonces seguro que no lo consigues. Ahí sí que tienes el resultado 100% garantizado.

Y como sobre los miedos se cuentan muchas leyendas y algunas no son ciertas, hoy vamos a contar verdades sobre ellos. Tralará 😉

  • Tus miedos tienen el tamaño que tú les das. Si piensas mucho en ellos, se hacen más grandes. Igual que pasa con un dolor de cabeza.
  • Nada es seguro ni nadie te puede garantizar nada. Ni siquiera quedarte en tu zona de confort te garantiza que todo vaya a ir bien. Pueden pasarte mil cosas aunque no te muevas. Lo único que no pasará es que logres lo que quieres. Así que pasa de quien te diga que “hay que estar seguro antes de dar cualquier paso”.
  • El miedo solo se va si le echas tú. Hablando con él, aceptándole y entendiendo de qué te quiere proteger. Con ganas, con ilusión y con coraje. Y dando un primer paso. Uno. Hoy mismo. Basta de pensar que si esperas se va a ir solo.
  • El fracaso, uno de los grandes miedos, es de lo mejorcito que te puede pasar en la vida. En serio te lo digo. Deja de evitarlo a toda costa porque de verdad que si no has fallado, no has vivido. Busca un aprendizaje en cada mal paso que des y crece con él… Imagínate qué relajación saber que no pasa nada por que falles, que si no sale a la primera ya saldrá a la siguiente… Incluso cámbiale el nombre. Yo por ejemplo hace tiempo que dejé de fracasar. Ahora, o acierto, o aprendo 😉

Sólo una cosa es más dolorosa que aprender de la experiencia. Y es no aprender de la experiencia (Laurence J. Peter)

¿Quieres saber cuál es el mejor antídoto para el miedo? Confiar en ti. ¡Confiar en ti por encima de todo! Si confías en ti serás capaz de volar tan alto como desees y no sentirás miedo. O no te dejarás influir por él. ¡Te lo prometo, porque lo he vivido! En cambio, cuando no confías en ti, tus miedos pueden parecer los fantasmas más oscuros del castillo más tenebroso.

Tú eres mucho más grande que tus miedos. Deja de creer en ellos, ¡y cree en ti!

Esto es lo que a mi me ha funcionado al 100%. Y a ti, ¿qué te funciona? Me encantará que me lo cuentes en los comentarios.

Y si quieres que te ayude a confiar en ti para superar tus miedos, estaré encantada de hacerlo. Escríbeme aquí.

Me despido con un cuento maravilloso sobre las puertas negras que todos tenemos en nuestra mente…

Érase una vez, en el país de las mil y una noches, un rey que era muy polémico por sus acciones. Tomaba a los prisioneros de guerra y los llevaba hacia una enorme sala. Los prisioneros eran colocados en grandes hileras en el centro de la sala y el rey gritaba diciéndoles:

-“Les voy a dar una oportunidad, miren el rincón del lado derecho de la sala”.

Al hacer esto, los prisioneros veían a algunos soldados armados con arcos y flechas, listos para cualquier acción.

-“Ahora -continuaba el rey- miren hacia el rincón del lado izquierdo”.

Al hacer esto, todos los prisioneros veían una horrible y grotesca puerta negra, de aspecto dantesco, con cráneos humanos como decoración y la mano de un cadáver por picaporte.

El rey se colocaba en el centro de la sala y gritaba:

-“Ahora escojan, ¿qué es lo que ustedes quieren? ¿Morir clavados por flechas o abrir rápidamente aquella puerta negra mientras los dejo encerrados allí? Ahora decidan, tienen libertad para ello, escojan”.

Todos los prisioneros hacían lo mismo a la hora de tomar la decisión: se acercaban a la horrorosa puerta negra de más de cuatro metros de altura, miraban los cadáveres, la sangre humana y los esqueletos, con leyendas escritas del tipo: “viva la muerte”, y decidían:

-“Prefiero morir atravesado por las fechas”.

Uno a uno, todos actuaban de la misma forma, miraban la puerta negra y a los arqueros de la muerte y decían al rey:

-“Prefiero ser atravesado por flechas a abrir esa puerta y quedarme encerrado”.

Millares optaron por lo que estaban viendo: la muerte por las flechas.

Un día, la guerra terminó. Pasado el tiempo, uno de los soldados del “pelotón de flechas” estaba barriendo la enorme sala cuando apareció el rey. El soldado con toda reverencia y un poco temeroso, preguntó:

-“Sabes, gran rey, yo siempre tuve una curiosidad. No se enfade por mi pregunta pero, ¿qué es lo que hay detrás de aquella puerta negra?”.

El rey respondió: “Pues bien, ve y abre esa puerta negra”.

El soldado, temeroso, abrió cautelosamente la puerta y sintió un rayo de sol besar el suelo de la enorme sala. Abrió un poco más la puerta y más luz y un delicioso aroma a hierba llenaron el lugar. El soldado abrió del todo y vió que la puerta negra daba hacia un campo que apuntaba a un gran camino. Y así el soldado se dio cuenta de que la puerta negra llevaba hacia la libertad.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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12 comentarios

12 comentarios
  1. Loli 26/06/2014

    Vanessa, cómo me gusta tu blog y que bien escribes TE VEO , escribiendo un libro sobre Coaching . ENHORABUENA
    Por anticipado

    Responder
    • Vanessa 27/06/2014

      ¡Muchas gracias, Loli! No lo descarto 😉

      Responder
  2. mamen 27/06/2014

    Al miedo hay que decirle ” fuera no te quiero ni para mi ni para nadie” sin enfadarnos sin gritar pero con rotundidad.” fuera”. Y saber la verdad: q sabemos combatirlo. “”gracias””

    Responder
    • Vanessa 29/06/2014

      Muy bien dicho, Mamen! 🙂 Recordarnos que sabemos y que podemos combatirlo.
      Muchas gracias por tu comentario.
      Un abrazo

      Responder
  3. Gilberto Estrada Trigueros 30/06/2014

    Vanessa… El Miedo en un resumen, coloquial, sabroso y poderoso, gracias, seguiré de cerca tu blog.
    GRACIAS

    Responder
    • Vanessa 01/07/2014

      Muchísimas gracias, Gilberto. Será un placer tenerte por aquí 🙂 Un abrazo

      Responder
  4. Juan Grullon 02/07/2014

    Excelente… Solo una observación, creemos que el miedo, no se TIENE, se SIENTE. Si estamos equivocado, favor edificarnos. Gracias. –

    Responder
    • Vanessa 03/07/2014

      Hola Juan,
      Muy buena apreciación. Efectivamente el miedo es una emoción (una de las básicas) y se siente. Si acostumbro a usar el verbo tener es porque en castellano casi siempre decimos “tengo miedo”, más que “siento miedo”. Lo mismo que el amor o el enfado, que también se sienten pero no solemos decir “siento amor” o “siento enfado”.
      Pero tienes razón en que el miedo se siente, muchas gracias por el comentario.
      Un saludo

      Responder
  5. Maria 21/07/2014

    Vanessa , me encanta tu articulo y esta forma tan simple de explicarlo !
    Es cierto el miedo impide de vivir .
    Un abrazo
    Maria

    Responder
    • Vanessa 21/07/2014

      Muchas gracias por tu comentario, María. Me encanta lo que dices.
      Es cierto, el miedo nos suena tan grande que pensamos que es insuperable. Pero todo lo contrario. Lo único que lo vuelve insuperable es precisamente pensar que lo es.
      Un abrazo

      Responder
  6. Ruben 01/08/2014

    Eres grande Vanessa, ojala estuvieras en México.

    Responder
    • Vanessa 04/08/2014

      Muchísimas gracias por tu halago, Ruben :-). En cierto modo lo estoy. Y en Argentina, y en Chile… Trabajo con personas de varios paises, entre ellos el tuyo. Con skype es fácil hacerlo. Así que si quieres que hablemos estaré encantada. Escríbeme a vanessa@coachingtobe.es
      Un abrazo

      Responder

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