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SÍ, ¡LA NECESITO!

El arte de ponerse excusas y diez para elegir

Lo pienso muchas veces: que buena profesión sería ser coleccionista de excusas. Sí, porque las excusas son de esas cosas que siempre aparecen cuando se las busca. El que quiere excusas, las encuentra. No falla.

El otro día estaba con un amigo y comentábamos un poco eso, que el que quiere cambiar, cambia, y el que no, no. Que ahora mismo hay mucha más gente quejándose de su situación (en el aspecto que sea, desde su trabajo a su forma física, el poco tiempo que tiene o su cuenta bancaria), pero son muchos menos los que están haciendo algo por cambiarla. Por supuesto que no todo el mundo puede permitirse un cambio radical en su vida, pero todos podemos cambiar algo. Llamo radical a algo como lo que hizo este amigo: hace seis meses estaba en un trabajo que ya ni le inspiraba ni le motivaba. Tenía alguna idea en la cabeza de lo que le podía gustar, pero todo muy etéreo. Comenzó un proceso de Coaching, definió qué quería y poco después dejó su empleo y se puso a emprender en eso que le gustaba. Ni un boom, ni una burbuja ni la próxima tendencia del mercado (¿o sí?), sino un proyecto relacionado con la música y con un carácter bastante altruista. Es decir, un cambio coherente, valiente y consecuente con sus valores, su felicidad y lo que quiere para su futuro. Ahora está encantado, dice que le ha cambiado la vida y le recomienda el Coaching a todo el mundo.

A mi desde luego me parece un ejemplo de que se puede, aunque siempre sea más fácil quejarse, poner excusas y no hacer nada. Dice el experto en liderazgo Robin Sharma que “las excusas son las mentiras que tus miedos te han vendido”. Pero somos nosotros quienes se las compramos y quienes nos las creemos tanto que se las contamos a todo el mundo. Mi amigo por ejemplo podría haber dicho “¿cómo voy a dejar un sueldo fijo?”, “si de la música no se puede vivir”, “y si no sale, ¿qué hago?” y muchas más. Pero se arriesgó. ¿O no? En mi opinión lo verdaderamente arriesgado es no arriesgarse a nada.

Lo que quiero decir es que si otros han podido, si a otros les va bien a pesar de la crisis o de lo que sea, todos podemos. Si queremos. ¿Y qué es lo que marca la diferencia entre el que se pone excusas y el que se pone a dar pasos? ¿Entre la víctima y el protagonista? ¿Lo que les pasa? No, eso es precisamente lo que diría una víctima. La diferencia está en lo que haces con lo que te pasa.

Y por eso, porque todos, yo la primera, nos ponemos o nos hemos puesto alguna vez excusas, he querido recopilar las diez más comunes. Habrá muchas otras, pero lo más importante no es que estén aquí, sino que sepas identificarlas cuando (te) las oigas.

  1. “Yo es que no puedo, mira mi situación”. Si otros han podido tú puedes. Esa es la mejor prueba. Hay millones de ejemplos. Te pongo uno: Pablo Pineda, el primer español con síndrome de Down que terminó una carrera y que después protagonizó una película y ganó la Concha de Plata al mejor actor.
  2. “Es que lo que yo quiero es imposible”. ¿Cómo lo sabes? ¿Qué has hecho hasta ahora por conseguirlo? Empieza por creer que es posible porque si no nunca te moverás del sitio (recuerda lo mucho que nos limitan nuestras creencias).
  3. “Ahora no es el momento”. O lo que es lo mismo, “ahora no me motiva lo suficiente”.
    En mi opinión quien se dice eso nunca encontrará el momento. Porque el momento lo creas tú.
  4. “Uy, ¡ahora con la crisis es una locura!”. Hay muchos casos de gente triunfando a pesar de la crisis. ¿Por qué siempre decimos que la culpa es de la crisis y en cambio, cuando nos va bien, decimos que el mérito es nuestro y no debido a la bonanza económica?
  5. “Es que para eso hay que tener mucha suerte”. Creer que lo que te pase depende de la suerte es comodísimo. Te dices eso a ti mismo y así no tienes que hacer nada más que sentarte a esperar a que llegue la suerte. Los triunfadores (desde la definición de triunfo que cada uno elija) asumen la responsabilidad de sus actos, de sus fracasos y de sus logros. El resto le echan la culpa a la suerte (a la buena y a la mala).
  6. “No depende de mí”. Todo depende de ti. No el cambio climático o la prima de riesgo, pero lo que forma parte de tu vida siempre depende de ti.
  7. “No sé lo que podría pasar”. Eso seguro, no tienes una bola de cristal, ni tú, ni yo ni nadie. La incertidumbre, palabra que ya empieza a gustarme, es precisamente eso: no saber lo que va a pasar. Y eso es lo bueno, porque así puedes provocar que pase lo que tú quieras.
  8. “¿Y si sale mal?”. Pues si sale mal al menos podrás decir que lo has intentado y tendrás un aprendizaje para volverlo a intentar. Todo lo que está en tu pasado es experiencia para tu futuro.
  9. “Igual estoy mejor así”. A ésta no tengo nada que objetar. Si estás mejor así, puedes seguir feliz en tu zona de confort.
  10. “Soy muy mayor”, “soy muy joven”, “es difícil”, “es arriesgado”, “no tengo tiempo”, “no sé como hacerlo”, “según están las cosas”… la lista podría ser interminable.

Lo peor de las excusas no son las excusas en sí, sino que hacen que no hagas nada por cambiar, que no actúes. No fracasas, pero tampoco triunfas. Y repito que no se trata de romper con todo, sino de hacer algo por mejorar lo que no te gusta. Un pequeño paso, una pequeña diferencia, cada día, te puede llevar muy, muy lejos. En Coaching se trabaja así, con pequeñas acciones más que con grandes intenciones.

Y ahora, si tienes una excusa, piensa en ella y pregúntate. ¿Es cierto esto que me digo? ¿Es realmente cierto? ¿En qué se basa? ¿Qué pruebas tengo? ¿Qué no hago con esta excusa que me pongo? ¿Qué haría si no me la pusiera?

Te invito a que me cuentes tus reflexiones en los comentarios.

 

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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5 comentarios

5 comentarios
    • Vanessa Carreño Andrés 13/08/2015

      Muchas gracias por tu comentario y por compartir el post, Susi. Me ha gustado mucho lo de afrontar los desafíos de la vida para sentirnos fuertes y seguros.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  1. Ivana 27/12/2016

    Me la paso poniéndome excusas, siempre. A pesar de que me siento muy capaz y llena de ideas, a pesar de que me entusiasmo mucho con todo lo que se me ocurre hacer para mejorar mi vida, siempre fallo. Nunca termino lo que empiezo, se me pasa el entusiasmo a los pocos días, me agarra pereza y desmotivación, y es ahí cuando quiero dejarlo todo. Estoy harta de llevar una vida con proyectos sin terminar y de odiarme a mí misma por eso, me hace sentir una fracasada y que sólo me queda vivir en la comodidad para luego arrepentirme el resto de mi vida…

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 28/12/2016

      Ivana,
      Tal vez te ayude ponerte metas más pequeñitas. Por ejemplo, en vez de decir voy a ordenar la casa, proponerte ordenar un cajón. Y cuando lo hayas hecho te pones otra meta igual de pequeña. Poco a poco y pasito a pasito.
      Y creo que también te serviría ser más comprensiva contigo misma cuando te entre la pereza o la desmotivación. Pregúntate qué está pasando, qué ha cambiado que te haga sentir así, en vez de criticarte y de odiarte. Se cariñosa contigo misma y date muchos ánimos para que al día siguiente, o a los dos días, te apetezca retomar el tema.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
      • Ivana 29/12/2016

        Entonces voy a poner en práctica lo que me recomiendas, y luego te cuento cómo me va.
        Muchas gracias por la respuesta, un abrazo grande.

        Responder

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