Así le puse límites a la persona más tóxica de mi vida (contado paso a paso)

La trampa de ser la buena de la película

Mujer cansada - ser la buena

Hay mujeres que se han pasado años siendo buenas.

Comprensivas. Disponibles para todo. Sin levantar una voz ni quejarse jamás.

La que dice que sí a todo. La que cuida de los demás. La que nunca molesta.

Pero llega un momento en el que se dan cuenta de que dar tanto no les ha servido de nada.

Que, después de muchos años así, miran a su alrededor y dicen:

“¡Manda narices que nadie me lo ha valorado ni agradecido!”

Claro, querida. Es que es de cajón.

Porque cuando tú funcionas desde el “siempre me esfuerzo por hacer lo que me piden, a mí hacer cosas por los demás me cuesta poco”, que me contaba una de estas mujeres, lo que pasa es que vas a dar con pozos sin fondo y terminas en relaciones en las que todo lo sostienes tú.

Y te cansas.

Y la balanza de tus relaciones se desequilibra.

Y, cuando lo ves, te enfadas.

Porque de repente comprendes que estabas para todos menos para ti, que te tenías abandonada y que no te hacías valer.

Vale, esto duele, pero aquí va la verdad que nadie quiere escuchar:

Cuando nunca dices lo que necesitas, tu entorno aprende a tratarte como si no necesitaras nada.

Y no es porque no valgas. Es porque tú misma te traicionaste para encajar.

Así que espabila, y deja de ser tan buena.

Cuando me dices “vamos” y yo voy

Mira, ese día en el que te enfadas por todo lo que has dado y no te han valorado, lo primero que necesitas preguntarte es cómo has llegado hasta ahí.

Porque lo veo en un montón de mujeres que acuden a mí para salir de ese círculo vicioso de ser la buena y la que no necesita nada (si eres de éstas y estás harta, cuéntamelo aquí).

Que están resentidas, por ejemplo, con su pareja, porque no se sienten valoradas o no sienten que él les compense todo lo que han dado.

Y me dicen:

“Quiero que me pida perdón, por todo lo que ha hecho y por todo lo que he aguantado”.

Ya. Pero esto es como si tú me dices “vamos aquí” y yo voy. Y otro día me vuelves a decir “vamos aquí” y yo voy. Y, después de treinta veces yendo, te exijo que me pidas perdón por todas las veces que fui sin rechistar.

Error. Porque la que fue cada día y sin pedir nada soy yo.

Es decir, cuando no hay límites por ninguna parte, el otro no está traspasando nada.

Yo misma, en alguna relación del pasado, quise ser la buena todo el rato y que el otro no tuviera nada que reprocharme.

Bien. Pero entonces tampoco le podía pedir que me respetara en lo que yo no me estaba haciendo respetar.

¿Te das cuenta?

Pues eso, que poner límites es decirle a alguien lo tuyo (eso sí es hacerte cargo de ti misma).

Y que el otro los traspase es que se lo hayas dicho y no lo cumpla.

En cambio, cuando te has adaptado sin ponerlos y, aun así, reclamas que el otro te valore, estás esperando que sea el otro el que se haga cargo de ti.

Como si esa persona fuera a decirte “ay mira, te valoro mucho y te doy esto porque eres muy buena”.

Pues no. La vida no funciona así.

Mira. ¿Sabes lo que me dijo una de estas coachees cuando le pregunté para qué le serviría que su marido le pidiera perdón?

“Para ver que se ha dado cuenta de que no me puede tratar así”.

Ya. Pero es que esto no va de que el otro se dé cuenta.

Va de que tú NO te dejes tratar así.

La falsa virtud

No te puedes imaginar cómo cambia la película cuando pasas de ser “la que siempre se tiene que sacrificar” a ser “la que elige cuándo sacrificarse y cuándo no”.

Cuando entiendes que llevas toda tu vida esperando que el otro te tenga en cuenta más de lo que te tienes tú.

Y cuando te das cuenta de que lo hacías porque habías aprendido que tenías que ser buena, tragar y no incomodar a nadie.

Y que ya es hora de aprender a cuidarte y darte el lugar que te mereces en tu vida (el de protagonista por lo menos, que para eso es tu vida).

¡Buf! Todavía se me pone la piel de gallina cuando recuerdo la emoción de una coachee, hace poco, al darse cuenta de cuánto se había callado y lo poco que se había tenido en cuenta…

Atenta a cómo cambia la película cuando dejas de ser la buena para todo:

“Antes estaba resentida con mis hermanos porque veía que yo daba mucho más con mi madre que ellos. Y cuando he empezado a pedir, a poner límites y a decir que no, de forma casi mágica me llevo mucho mejor con ellos”, que me decía una coachee.

Vamos, que no es que los demás te valoren menos por no ser tan buena. Es que, escucha esto bien, ¡te valoran más!

“Llevo toda la vida viendo eso de ceder mucho y adaptarme siempre como una virtud, y no lo es. Lo hacía por evitar el conflicto, pero entonces no podía esperar que tuvieran en cuenta mis necesidades. Ahora sí, porque las tengo en cuenta yo”, que me decía otra.

Pues eso.

Y esto no es para que te culpes por haberte fallado a ti misma.

Esto es para que recuperes tu poder y tu lugar.

Porque el respeto que no pides, el espacio que no ocupas y las palabras que te tragas, nadie los va a adivinar por ti.

Recuerda que nadie te debe lo que nunca reclamaste.

Si estás cansada de portarte bien siempre y quieres dejar de ser la buena para todo y para todos, rellena ESTO y te cuento cómo vamos a hacerlo.

¿TE QUEDAS UN POCO MÁS?

Cada semana envío recursos para que te sientas más segura y tranquila y dejes de estar pendiente de lo que piensen los demás.

Sí, acepto la Política de protección de datos.

ES GRATIS Y PUEDES DARTE DE BAJA CUANDO TE APETEZCA

Quién Escribe Aquí

Soy Vanessa Carreño, fundadora de Coaching to Be. Desde 2012 acompaño a mujeres que se sienten inseguras y culpables a menudo y que están demasiado pendientes de agradar a los demás, olvidándose de sí mismas.

Unas eligen trabajar conmigo de forma individual. Otras prefieren hacerlo a su ritmo a través de mis cursos online.

El cómo da igual. Lo importante es que empiezan a valorarse, a pensar en ellas sin sentirse egoístas y a hacerse valer sin sentirse culpables.

5 comentarios

5 comentarios
  1. Ana 21/12/2025

    Yo me doy cuenta de que tenía relaciones en las que reprochaba a la gente que no me hiciera caso. Nadie tiene la obligación de hacerte caso si no le sale. En las amistades tiene que haber química recíproca, y si no surge, no hay culpables, porque nadie te debe nada en ese sentido.

    Sin embargo creo que el respeto siempre debe estar ahí. Yo llevo años adaptando mi comportamiento para que mi prima y su marido no se pongan nerviosos conmigo, porque sé que les incomodo. La última vez que nos vimos les ayudé con un trabajo de su hijo y básicamente tuvieron muecas de burla en mi cara que me molestaron bastante. Se lo dije por audio, entre otras cosas que me molestaban, de manera asertiva, y su reacción ha sido negarlo todo y cortar el contacto conmigo y con mis padres. Sigo flipando y recuperándome del gaslighting.

    Yo sé lo que vi, Vanessa, otra cosa es que para ellos sea normal y les dé igual cómo me siente. Nadie puede decirme cómo tengo que sentirme cuando me falta al respeto.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 26/12/2025

      Hola Ana,
      Sí, nadie tiene que hacerte más caso del que sienta que quiere hacerte. Pero ese reproche venía de algo, de algo que tú necesitabas. Y es importante que veas qué pasaba ahí. No es el otro el que ha de hacerse cargo de nosotras, pero nosotras sí hemos de aprender a escucharnos y a entender por qué nos pasa algo.

      Y, lo segundo, si son tu prima y su marido quienes se ponen nerviosos contigo, ¿por qué eres tú la que ha de adaptar su comportamiento? Es como si a mi me sienta mal la mayonesa y le pido al dueño de un bar que empiece a hacer su ensaladilla sin mayonesa. ¿Ves que no tiene sentido? Pues aquí es lo mismo, cada uno se hace cargo de sus emociones. Tú no tienes que sostener las emociones de ellos para que no se sientan mal (sí saber decir las cosas bien, eso sí, que esto muchas veces creemos que sabemos hacerlo y por mi experiencia te diría que poca gente sabe).
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
      • Ana 29/12/2025

        Hola Vanessa, muchas gracias por contestarme. Me apunto lo primero que me dices, nunca lo había pensado así. Todos necesitamos red.
        En cuanto a lo segundo..resumiendo mucho,yo sentía que en el pasado había cogido a mi prima del brazo contándole mi vida, y esa era mi manera de compensarlo. Sí, mi prima también podía haber puesto límites si no quería oírme.
        Yo aprendí a poner límites de manera asertiva con Coaching to be, de hecho (esa es otra historia) 🙂 Del mismo modo que en el audio que envié se me notaba enfadada, pero tranquila, y eso creo que sienta fatal a gente que no puede reconocer su responsabilidad sobre sus acciones. Hacerse la víctima porque te recuerden que has obrado mal y encima decir que la otra persona está loca es manipulación, y devuelve lo mismo que me mostraron mi prima y su marido al reírse de mí: desprecio. Un abrazo y muchas gracias otra vez

        Responder
      • Ana 29/12/2025

        Hola otra vez Vanessa, la verdad es que quería concretar mi respuesta. Reformulándola diría: porque éramos familia. Pero para mí lo importante aquí es lo siguiente: yo estuve años intentando que no se sintieran incómodos conmigo. Y cuando señalé un mal comportamiento suyo que me había herido, ellos cortaron el contacto sin dudarlo. Para mí, eso pone de manifiesto la importancia que les daba yo, frente a la que han revelado que me daban ellos. Y duele, pero de todo se aprende.
        A alguien que me tratase así y no fuera mi familia nunca le habría dado ese espacio, y ya nunca asumiré roles que me pongan como algo que no soy para mí, o me denigren. Un abrazo fuerte y muchas gracias otra vez.

        Responder
        • Vanessa Carreño Andrés 05/01/2026

          Sí, hay personas que no pueden escuchar una crítica o un feedback que les transmita que lo han hecho mal. Pero eso va de ellos. Y esto va de ti.
          Importante que trabajes y coloques lo que ha hecho que durante ese tiempo te adaptaras para que estuvieran cómodos. Porque es más importante eso que lo que ha pasado ahora. Y es en la relación contigo misma donde necesitas sanarlo.
          Me alegro mucho de que hayas aprendido a ser asertiva aquí conmigo, feliz de leerlo.
          Un abrazo grande,
          Vanessa

          Responder

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicado. Los campos obligatorios están marcados como *



Vanessa Coaching to Be

Más de 20.000 mujeres ya están aprendiendo a vivir sin tanta culpa.

Apúntate gratis y escucha ahora mismo el audio "Cómo Evitar que Alguien Te Haga Sentir Mal".

Sí, acepto la Política de protección de datos.

No te enviaré nada de spam y puedes darte de baja cuando te apetezca

Los post más leídos

¿TE GUSTARÍA DAR UN PRIMER PASO?

Puedes pedir una Sesión de Valoración Gratuita para ver si te puedo ayudar.

Buscar

Oye,

no te vayas sin ESCUCHAR ESTO

¿Te gustaría dejar de dudar de ti, sentirte más segura y relacionarte sin desgastarte tanto?
Apúntate y recibe el audio “Cómo Evitar que Alguien Te Haga Sentir Mal".

Sí, acepto la Política de protección de datos.

NO TE ENVIARÉ NADA DE SPAM Y PUEDES DARTE DE BAJA CUANDO TE APETEZCA

Sí, acepto la Política de protección de datos.

NO TE ENVIARÉ NADA DE SPAM Y PUEDES DARTE DE BAJA CUANDO TE APETEZCA.

Sí, acepto la Política de protección de datos.

NO TE ENVIARÉ NADA DE SPAM Y PUEDES DARTE DE BAJA CUANDO TE APETEZCA

Sí, acepto la Política de protección de datos.

NO TE ENVIARÉ NADA DE SPAM Y PUEDES DARTE DE BAJA CUANDO TE APETEZCA