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Cuando vas por la vida con las gafas sucias (y no ves un pimiento)

Cuando vas por la vida con las gafas sucias

Piensa en las personas con las que más contacto tienes cada día.

¿Tu madre? ¿Tu pareja? ¿Alguna amiga? ¿Alguien del trabajo? ¿Tu padre, hijos, hermanos…?

Pues lo lógico es que, con cualquiera de ellas, surjan conflictos, roces y malentendidos (si nunca tienes ninguno, OJO, porque ahí está pasando algo…).

Y que la responsabilidad de esos conflictos sea de ambas partes.

Que, si tú y yo tenemos un conflicto, haya una parte de responsabilidad que sea tuya y otra que sea mía.

Por ejemplo, que me hayas hecho una crítica con poco tacto (esa es tu parte) y yo haya saltado por mi necesidad de hacerlo todo bien (y ésta es la mía).

(Y que esto pase es lo habitual, porque yo voy a la relación con mis heridas y tú con las tuyas, así que en algún momento nos las rozaremos).

La clave es que, para poder resolver algo que te está pasando con alguien y que está enquistando vuestra relación, es importante que puedas distinguir qué parte es tuya y qué parte es del otro.

Por ejemplo, imagínate que estoy preparando un plan con mis amigas y le estoy poniendo muchas ganas a lo que vamos a hacer ese día. Pero, casi en el último momento, una de ellas me dice que no puede ir. Y yo entiendo sus motivos (resulta que quiere ir a despedir a su sobrina porque se va a vivir al extranjero), pero me parece fatal su falta de compromiso. Y no se lo digo, pero me enfado.

Vale, en este caso, ¿qué parte es mía y qué parte es de mi amiga? ¿Está bien que me moleste? ¿O debería ser más tolerante con que ella cambie de opinión? Si soy tolerante, ¿estaré dejando que me pisen?

Es decir, la culpa de lo que ha pasado, ¿la tiene ella o la tengo yo? ¿El problema es suyo o es mío? ¿La egoísta es ella o lo soy yo?

Pues, por situaciones de este estilo, es por lo que es fundamental que yo sepa reconocer la parte que es mía y que tiene que ver con mi mochila y mis heridas.

Porque, si no lo sé reconocer, estaré salpicando mis relaciones con lo mío, y haciendo que se estropeen vínculos que podrían haber funcionado (o esforzándome por que funcionen los que no pueden funcionar).

Tener las gafas sucias = mirar desde mis heridas

A esto es a lo que yo le llamo “tener las gafas sucias”. A mirar las cosas desde mis heridas e interpretar lo que hacen y me dicen los demás desde ahí.

A darte cuenta de que miras las cosas con unas gafas manchadas de tu historia, tus carencias y tus temores más profundos. Y por eso ves algo distinto a lo que ve otra persona que tiene sus gafas manchadas de una historia diferente.

Por ejemplo, si yo cuando era pequeña, por el trabajo de mis padres, me mudé muchas veces de ciudad y fui cambiando de amigos una y otra vez, pues es posible que ahora cuando conozca a alguien no llegue a generar una relación íntima, porque una parte de mí ha interiorizado que “total, si esto se va a acabar, mejor no me entrego demasiado”.

Y, entonces, si me encuentro contigo y nos hacemos amigas, y tú en tu historia de vida tienes una experiencia de haberte sentido rechazada y dejada de lado, cuando te acerques a mí y yo marque distancias (recuerda que evito la intimidad) tú pensarás que, de nuevo, alguien te está rechazando y dejando de lado.

¿Lo ves? Así es como en cada relación se mezcla lo tuyo con lo mío. Y cuanto más claro tenga yo lo mío y más capaz haya sido de limpiar mis gafas, mucho más segura me sentiré en mis relaciones y mejor sabré gestionar lo que me pase en ellas.

Mira, te cuento algo que le pasó a una coachee que tuve hace unos meses: resulta que había tenido un embarazo muy malo, a punto de perder el bebé. Y, durante esos días, le había escrito por wasap una antigua compañera de trabajo, pero mi coachee en esos momentos tan difíciles no le había contestado… Total, que pasó casi un año y mi coachee le contestó y le explicó a la otra lo que había pasado. Y la otra le respondió muy borde y ofendida, en plan que no quería saber nada de ella. Y hasta ahí, porque después de eso perdieron el contacto.

¿Quién tenía aquí la razón? ¿Mi coachee o la otra? Pues mi coachee sabía que en aquellos momentos tan duros no había podido contestar, que no había podido hacer más. Y la otra, seguramente, se había sentido dolida porque eso le había conectado con algo de su historia en lo que se sintió ignorada, no escuchada o poco atendida.

Es decir, las dos tenían su parte de razón. Y no se trata de encontrar un culpable al que señalar, sino de que cada una se pueda hacer cargo de su parte.

Porque, cuando tú te haces cargo de tu parte (y no se la cargas al otro), es mucho más probable que esa relación se pueda salvar.

Y porque cuando tienes claro qué parte es del otro (y no te la cargas tú), te quedas a gusto porque sientes que te respetas y te defiendes ante los demás.

Porque, en la mayoría de los casos que una relación de amistad, pareja, familia o lo que sea, se rompe o se enturbia es porque los implicados no son capaces de ver con claridad qué parte es suya y qué parte es del otro.

Para sentirte segura necesitas esto

En definitiva, que cuanto mejor te conozcas y sepas cuáles son tus heridas y que se te mueve a ti en tus relaciones, más fácil te será distinguir qué parte es del otro y no tiene nada que ver contigo…

Y eso hará que tú tengas mucha más seguridad en ti y en lo tuyo: en lo que sientes, en lo que piensas, en lo que haces y en lo que dices.

Atenta. Mira lo que me contaba otra coachee:

“Tengo una compañera que es muy altiva y te suelta las cosas con mucho carácter. Que no se calla y siempre dice lo que quiere decir… Le veo una seguridad que yo no tengo. Y, si le pregunto una cosa y no me contesta, ya me hago pequeña y pienso que estará pensando que no hago bien mi trabajo o que soy tonta”.

Aquí mi coachee estaba conectando con una herida de rechazo muy profunda y, cada vez que su compañera tenía un gesto feo, ella lo vivía como algo personal, como que “es por mí, si me ignora es porque yo no soy válida y ella lo sabe”.

Vale, sí, pero ¿eso significa que su compañera no tenía ninguna responsabilidad en cómo se sentía mi coachee?

Es decir, si el problema era la inseguridad de mi coachee, ¿debería darle lo mismo que la otra no le contestara? ¿O tiene motivos para que le moleste?

En resumen, ¿qué parte del problema era de cada una?

Como te puedes imaginar, cuanto más claro tuviera mi coachee qué parte era suya, más fácil y acertada estaría a la hora de ponerle un límite a la compañera altiva.

Es decir, aprender a relacionarme siempre pasa por, primero, mirar lo mío para, desde ahí, tener la seguridad de ver lo que es del otro y NO tiene nada que ver conmigo.

Porque, si no tienes eso bien colocado, no vas a saber gestionar una situación de conflicto con alguien.

Ya sea porque te callarás y tragarás, pensando que el problema lo tienes tú…

Ya sea porque saltarás y te pondrás a la defensiva, pensando que todo el problema es del otro…

Ya sea porque unas veces te dejarás pisar y otras te lo tomarás demasiado a pecho y te quedarás rayada varios días…

La cosa es que necesitas tener claro qué es tuyo y qué es del otro para poder sentirte segura, hacerte valer y saber defenderte cuando alguien traspase tus límites.

Respetando al otro, sí. Pero sin faltarte al respeto a ti.

Y eso es lo que vas a aprender a hacer en LÍMITES, mi curso online de relaciones.

Para que te sientas segura de qué parte es tuya y qué parte es del otro, y sepas poner límites de una manera firme a lo que es suyo (y no tiene nada que ver contigo).

Ya sabes: te llevará entre cinco y seis meses hacerlo, tendrás acceso a la plataforma para siempre y te cambiará la vida, porque ya no dudarás de ti, ni de cómo responder, ni de si algo debería molestarte o no.

Sí, quiero sentirme segura en mis relaciones. Me apunto.

(Y aprender a gestionar los conflictos como una señora, con las gafas relucientes :-).

 

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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6 comentarios

6 comentarios
  1. Costanza 29/02/2024

    Muy buen post, entender lo que es mío, lo que es de otra persona… y, a partir de ahí, valorar si realmente hay una situación de injusticia o no y tomar medidas al respecto (ya sea asumir la responsabilidad propia o poner límites a la otra persona).

    Me da la sensación de que hay mucha corriente del autoconocimiento que se queda en la primera fase (cuestionarte a ti misma y nada más). Se agradece mucho tu enfoque, más amplio y corresponsable, sin caer en culpabilización ni revictimización.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 05/03/2024

      Gracias Constanza. Sí, claro, un vínculo con alguien es algo sistémico, y para trabajarlo hay que ver ese sistema desde cada ángulo y entender qué pertenece a cada parte. Sin deslegitimar lo tuyo, pero sin ignorar lo del otro.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  2. Lidia 01/03/2024

    Yo iba a quedar con una amiga más mayor que tenía una niña pequeña. Hacía tiempo que ya no nos veíamos.
    Estábamos hablando de quedar por mensajes, y me escribió: “me llevo a Irene para que la veas…” Yo no quería en absoluto ver a su hija, pero quedaba bastante mal decirle “no hace falta”, así que le dije que ya le diría una fecha y la cosa se quedó ahí. ¿Pero a quién se le ocurre enganchar a su hija a un plan sin más?
    Yo no pondría a nadie en la tesitura de aceptar a mi hija o rechazarla si fuese madre y se diera el caso. Sé que la asertivad pasaría por decirle “no quiero ver a Irene”, pero realmente me sonaba bastante terrible.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 05/03/2024

      Hola Lidia,
      Hay maneras y maneras de decir las cosas. Se trata de tener tacto con el otro y contigo. Si tú tuvieras una hija y otra persona prefiriera quedar contigo a solas, ¿cómo te gustaría que te lo dijera? ¿De qué manera podrías comprenderla? Se trata de esto y de entender que si te legitimas lo tuyo cabe la posibilidad de que alguien no se sienta bien con ello o no le guste, incluso aunque se lo digas con tacto.
      Cada caso es distinto y cada relación es diferente, pero si la seguridad está en ti sabrás cómo gestionarlo.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder
  3. Silvia 02/03/2024

    A mí lo que me pasa es que conozco a chicos que al principio me hacen sentir bien (un avance respecto a antes), pero cuando no hago lo que ellos quieren, se enfadan. Con eso me refiero a dar yo un paso adelante en relación, o a liarme con ellos. Quizá esa sea una buena prueba del algodón: si la otra persona no te deja espacio ni darte tu tiempo en la relación, entonces es mejor alejarse. Lo que me preocupa es que yo no reaccionaría así, sino que creo que por desgracia hay muchos tíos que funcionan así como describo.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 05/03/2024

      Hola Silvia,
      Sí, hay muchas personas que reaccionan como describes. Pero también hay muchas que van a respetarte. Y se trata de escucharte, saber filtrar y descartar a quien no es. Si tienes un brújula interna bien ajustada y estás atenta a las señales, se ven bastante claras.
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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