Vamos a ver que tal andas tú de herida de rechazo…
Suponte que has quedado con una amiga en que este verano vais de vacaciones juntas.
Así que le escribes preguntándole si prefiere Cádiz o una isla tipo Menorca.
Te responde que lo mirará, pero no te vuelve a decir nada.
Y pasan los días y no sabes nada de ella…
¿Qué empiezas a pensar cuando ocurre esto?
Si tienes una herida de rechazo que se está activando con el comportamiento de tu amiga, seguramente pensarás algo tipo “esto es que no quiere ir conmigo de vacaciones y no se atreve a decírmelo” o “claro, piensa que se va a aburrir tantos días conmigo”.
Porque, cuando tienes esta herida, te tomas todo lo que hacen los demás como algo personal.
Piensas que es por ti, porque tú no gustas, porque a ti te excluyen, porque tienen algo en tu contra, porque prefieren a otra…
Es lo que en psicología se llama autocentrismo.
Es decir, creer que cualquier cosa que hacen los demás tiene que ver contigo (y te lo dice una autocentrista rehabilitada).
E interpretar sus comportamientos como que, claramente, te están rechazando…
Por ejemplo, si pones algo en un grupo de whatsapp y nadie responde, piensas que lo que has puesto no les ha gustado.
Si tu jefe te propone encargarte de una tarea nueva, piensas que quiere quitarte de en medio porque prefiere que otra persona se encargue de lo que estabas haciendo tú.
Si estás en un cumpleaños infantil y una mamá del cole se sienta en otra mesa, piensas que no se quiere sentar contigo porque no le caes bien.
La cosa es que, con algunas personas o en algunos entornos, todo el rato interpretas que los demás te están rechazando.
¿Por qué? Porque hay una herida de rechazo en la que la primera que se rechaza a sí misma eres tú.
Vaya, que si yo pienso que hay algo malo en mí, en algún momento acabaré pensando que los demás también lo ven y por ello me rechazan.
Sin ser capaz de pensar que, por ejemplo, esa madre se ha sentado en otra mesa porque no tenía ganas de dar conversación.
Y, precisamente por creer que lo que hace la otra persona es señal de que me rechaza, lo que haré será ponerme insistente e intentar comprobar si estoy en lo cierto…
Tal vez buscando su mirada para ver si me sonríe cuando la miro o preguntándole cualquier cosa para ver cómo responde…
O bien, lo que haré será cerrarme de alguna forma, por ejemplo agachando la cabeza y mirando a otro lado la próxima vez que me cruce con ella.
Y en ambos casos, tanto si me pongo insistente como si me alejo, reaccionaré así porque tengo esa herida de rechazo activada.
Pero sin darme cuenta de que lo que me está pasando tiene más que ver conmigo que con ella…
Y te voy a poner un ejemplo para que veas esto super claro:
Imagínate que montas en el coche con alguien que conduce a 220 km por hora, que derrapa en las curvas y que es evidente que va distraído.
¿Pensarías que esa persona conduce así por ti y que la culpa es tuya?
Porque es obvio que ese comportamiento tiene que ver con el otro y que no habla de ti…
Pero las personas con herida de rechazo no son capaces de ver esto porque todo se lo toman personal.
Y, a partir de ahí, es donde entran en ese bucle de rayadas e hiperanálisis en el que se pierden.
Lo viví durante la mitad de mi vida.
Antes me podía sentir rechazada varias veces en un solo día.
Lo mismo era por la dependienta de una tienda, que por unos compañeros de clase que por una amiga…
Porque todo el rato relacionaba los actos de los demás conmigo.
“Si Pepito me sonríe, es que le gusto. Ya puedo respirar tranquila”.
Pero, “si Pepito no me sonríe, es que no le gusto. Y me empiezo a sentir mal”.
En cambio, ahora, ni me fijo.
No presto tanta atención a lo que hacen los demás, no lo hiperanalizo y no pienso que es por mí si hacen x o hacen z.
Porque ya no reacciono a lo que pasa a mi alrededor desde mi herida de rechazo.
Y no reacciono desde ahí porque yo ya no me rechazo a mí misma.
Y esto lo veo constantemente cuando trabajo con mujeres que antes tenían esta herida…
Que alguien hace eso mismo con lo que hace meses se sintieron tan rechazadas y ahora ya no se enganchan.
Ya no se quedan dándole vueltas ni sintiéndose mal por ello.
Y, por eso mismo, sienten que dependen mucho menos de lo que hacen los demás.
Porque ya no les condiciona el miedo a sentirse rechazadas.
Y ni siquiera piensan en ello, así que viven mucho más tranquilas…
Si tú también tienes esta herida y quieres probar la liberación de vivir sin pensar que los demás te están rechazando… mira esto.


