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SÍ, ¡LA NECESITO!

¡Salta el precipicio!

Chica al borde del precipicio

Cuando alguien te cuenta que está mal, que no le gusta su trabajo, su pareja, el poco tiempo libre que tiene o la vida que lleva, en mi opinión, lo peor que puede terminar diciendo es “pero bueno, que me quede como estoy”. Porque ese “que me quede como estoy” significa que, si la cosa no va a peor, esa persona no va a hacer nada por mejorar. Con lo que puede estar así siempre… Por eso, si en algún área de tu vida tú también dices “que me quede como estoy”, quiero decirte que lo mejor que te puede pasar es que vayas a peor. Sí. Que vayas a peor, porque entonces tu única opción será ir a mejor.

Así que toma una decisiónsalta. Hasta el fondo del precipicio si hace falta.

¿Qué va a ser horrible? ¿Qué no lo vas a superar? ¿Que qué va a ser de ti? Mira, el ser humano (tú incluíd@) tiene sus límites muy por encima de lo que cree. ¡Somos capaces de superar muchísimo más de lo que imaginamos! Sí, seguramente te llevará tiempo, esfuerzo y compromiso. Pero, ¿qué importa eso si lo que está en juego es tu bienestar? Te aseguro que, partas de la profundidad que partas, lo que importa no es dónde estás sino a dónde te diriges. Y si el destino te motiva de verdad, todo habrá merecido la pena.

Y es que a veces, para conquistar el cielo, primero hay que bajar al infierno… Así que, si agarrado al borde del precipicio no eres feliz (¿lo eres?), ¡suéltate! Te prometo que no es tan horrible. Al contrario. Lo mejor que tiene saltar es que nadie quiere quedarse ahí abajo, así que harás lo que tengas que hacer para levantar el vuelo y volar alto hacia tu bienestar. En cambio, el que vive acomodado al borde del precipicio, aún con el esfuerzo y el malestar que eso le genera, no hace nada por moverse de ahí.

Así que salta. Si yo he podido, tú también… En mi caso, el día que yo decidí saltar lo hice porque quería algo más. Porque me di cuenta de que la vida no podía ser eso. Porque me empeñé en descubrir por mí misma si la felicidad era un mito o existía de verdad.

Y sí, existe. Existe la felicidad plena.
Existe la paz interior.
Existe el ser quien quieres ser.
Existe el sentirte bien con las personas que te rodean.
Existe el dedicarte a algo que te apasiona.
Existe el disfrutar cada momento sin pensar más allá.
Existe el ser tú sin importarte lo que digan los demás.
Existe el que los demás te valoren y te respeten por quien eres, no por quien aparentas ser.
Existe el estar a gusto contigo mism@, creer en ti y verte capaz de alcanzar tus sueños.

Y también existe el alcanzarlos.

Existe.

Así que, si aún no te has caído por el precipicio, salta. Encuentra tu precipicio y salta.

Como en este cuento, haz lo que necesites hacer para empezar a ser feliz.

Un maestro samurai paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de realizar visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias. Llegando al lugar constató la pobreza del sitio: los habitantes, una pareja y tres hijos, vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado; la casa, poco más que un cobertizo de madera…

Se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: “En este lugar donde no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen para sobrevivir?”. El señor respondió: “amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo”.

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, se despidió y se fue. A mitad de camino, se volvió hacia su discípulo y le ordenó: “Busca la vaquita, llévala al precipicio que hay allá enfrente y empújala por el barranco”.

El joven, espantado, miró al maestro y le respondió que la vaquita era el único medio de subsistencia de aquella familia. El maestro permaneció en silencio y el discípulo cabizbajo fue a cumplir la orden.

Empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante muchos años.

Un bello día, el joven agobiado por la culpa decidió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar. Quería confesar a la familia lo que había sucedido, pedirles perdón y ayudarlos.

Así lo hizo. A medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy bonito, árboles floridos, una bonita casa con un coche en la puerta y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y fue recibido por un hombre muy simpático.

El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años. El señor le respondió que seguían viviendo allí. Espantado, el joven entró corriendo en la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacia algunos años con el maestro.

Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita): “¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?” El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que puedes ver ahora”.

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Acerca de Vanessa Carreño

Trabajo con mujeres que se sienten inseguras, no se valoran ni tienen confianza en sí mismas, le dan muchas vueltas a la cabeza y se preocupan mucho por lo que piensen los demás.

Con mis programas de Autoestima, Relaciones Personales y Dependencia Emocional consiguen ganar confianza en sí mismas y sentirse seguras y capaces de alcanzar sus objetivos. Aprenden a valorarse, se atreven a ser ellas mismas y empiezan a disfrutar de su vida y de sus relaciones.

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3 comentarios

3 comentarios
  1. Noelia 28/08/2014

    Puede que no tengas claro si tu vida es la que quieres tener?. A veces puedo pensar que querría algo más, pero qué?. Soy una egoísta por querer siempre más? Por estar insatisfecha muchas veces?.
    Sin embargo no soy capaz de tener la motivación suficiente para cambiar
    Buen post para reflexionar.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 29/08/2014

      Hola Noelia,
      Por supuesto que sí. De hecho es más habitual no tener claro lo que quieres en tu vida que tenerlo. Lo importante es saber si lo que tienes ahora es lo que quieres o no. Si te das cuenta de que no, de que quieres algo más, de que cambiarías algo, de que esto no es lo que tú sueñas para tu vida, ¡adelante! Eso no es ser egoísta. ¡Eso es quererte! Quererte a ti misma y querer cosas buenas para ti. ¿Quién va a hacer eso mejor que una misma? Y ahí no hay nada de egoísmo. O no de un egoísmo malo. Porque, al contrario de lo que nos contaron de pequeños, ser un poco egoísta a veces puede ser muy bueno. Solo vivimos una vez (que yo sepa) y nos merecemos ser muy, muy felices. ¿Verdad que sí? 🙂
      Respecto a la motivación, es algo muy importante, pero en cierto modo es normal que la tengas bajita si no tienes claro lo que quieres en tu vida. Descúbrelo, defínelo, descríbelo… y a medida que eso tome forma, las ganas locas irán ganando terreno. Te lo aseguro.
      Muchas gracias por tu comentario y un fuerte abrazo.

      Responder
  2. Felicity 11/05/2017

    Muchas gracias Vanessa. Realmente los cuentos que introduces en tus entradas son muy inspiradores. A veces es mucho mas fácil verlo todo con perspectiva teniendo estos ejemplos. A día de hoy creo que saltar del precipicio ha sido la mejor decisión de mi vida. A pesar de haberlo pasado mal un tiempo empiezo a ver el futuro que realmente me merezco. Animo a todo el mundo a lanzarse sin dudarlo!

    Un fuerte abrazo

    Responder

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