La semana pasada un amigo me dijo esto:
“Flipo con lo claro que hablas”.
Me lo decía como un halago. Y yo le contesté esto:
“Yo flipo con lo poco claro que habla mucha gente y lo difícil que se lo ponen, con lo sencillo que es”.
¿Me viene de serie esto de decir las cosas con claridad? Para nada.
¿Siempre ha sido fácil para mí? Y una m1erda.
Antes podía pasarme días imaginando en mi cabeza una conversación que necesitaba tener, y al final no era capaz ni de pronunciar la primera palabra.
“Bah, no es tan grave”, pensaba yo, sin darme cuenta de que estaba cagadita de miedo…
Y, ojo, tampoco ahora me resulta siempre fácil.
Pero, aun así, digo lo que necesito decir sin cortarme y sin hacer daño a nadie.
Total, que dándole vueltas a ese comentario de mi amigo, me he dado cuenta de que ahora soy capaz porque cumplo con los dos requisitos esenciales.
Los dos mismos requisitos que me encargo de que termine cumpliendo cualquier mujer que trabaje conmigo o haga uno de mis cursos.
Y que son im-pres-cin-di-bles para que alguien tenga las conversaciones que necesita tener y se quede a gusto después.
Ya sea para hablar de un tema de dinero con un ex que se está escaqueando de lo lindo…
O para decirle a su pareja algo que le está rascando mucho…
O simplemente para expresar lo que a ella le apetece…
Ya sabes, esas cosas cotidianas tipo “prefiero que vayamos a este sitio en vez de a éste”…
O “quiero hacer unas cosas y tengo que colgarte. Ya hablamos en otro momento”.
O “no me va bien lo que me propones”.
Es decir, para atreverse a verbalizar lo que están pensando sin morderse la lengua, sin justificarse y sin hacerse pequeñas.
Así que hoy te voy a contar cuáles son esos dos requisitos que algunas ya cumplen con buena nota…
El primero es ser prioridad para ti.
Vaya, que tú lo que más quieres, lo cuidas con todas tus ganas, ¿verdad?
Bueno, pues cuando tú te quieres bien y te tienes en cuenta, el miedo a lo que pueda pasar si sacas un tema con alguien, pasa a un segundo plano.
Vamos, es que, si tú sabes que a ti tener esa conversación te va a sentar bien, ni se te pasa por la cabeza cómo vaya a reaccionar la otra persona.
O, si se te pasa, desde luego que no te echa para atrás. Porque el motor que te mueve eres tú, y no son los demás.
Y el segundo requisito es que sepas decir las cosas.
Claro, muchas personas creen que hay temas que es mejor no sacar.
Porque, cuando los han sacado, la cosa ha terminado como el rosario de la aurora.
Y es lógico que, si tú te expresas y el resultado es negativo, termines dejando de decir las cosas, porque te has convencido de que eso solo trae malos rollos.
Sin ser consciente de que el problema no es decir las cosas.
El problema es cómo las dices (lo más curioso es que, solo cuando aprendes a decirlas, te das cuenta de lo mal que lo hacías antes…).
Mira, te aseguro que yo no tengo ni la décima parte de los conflictos que tenía antes, cuando me lo tragaba todo.
Porque, cuando sabes decir las cosas, la mayoría de las conversaciones terminan bien.
Y, las pocas que no terminan bien, te quedas tranquila porque sabes que tú lo has hecho bien contigo.
Que, cuando la conversación se ha puesto tensa, tú te has sabido sostener y has sabido qué hacer y qué decir en cada momento.
Y que, si el otro no estaba dispuesto a escucharte, lo has podido reconocer, sin tomártelo personal y sin tener que demostrarle nada.
Porque funcionas como una adulta colocada en sí misma y capaz de tener las conversaciones que necesita con quien haga falta.
Tu hermana, una compañera de trabajo o una persona un poco estúpida con la que te has cruzado por la calle… Quien sea.
En resumen, si no sabes hablar las cosas, estás vendida.
Pero es que, si los argumentos del otro te hacen dudar de ti y de lo que tú sientes, estás vendida desde mucho antes (porque no cumples con el requisito 1).
Y, si el miedo a que una relación se estropee está por encima de ti, de tu amor propio y de tus necesidades, lo mismo. Al punto 1.
Que, por si no te habías dado cuenta, el 1 es el requisito más importante…
Porque, si tú sabes estar contigo y de tu parte, como dueña y señora de tu vida, te ocupas de aprender a decir las cosas.
Pero tú, decirlas, las dices.
Por eso, el segundo requisito sin el primero, no sirve de nada.
Tener el mejor manual de asertividad del mundo o a un chat gpt que te chive coma por coma lo que tienes que decir es absurdo si, a la hora de la verdad, tú te sigues traicionando a ti misma.
En definitiva, para que un día alguien te valore lo claro que hablas, necesitas cumplir con los dos.
Y justo esos dos requisitos son los que vas a pulir y a dejar bien brillantes aquí.
Como ya han hecho cientos de mujeres que antes eran incapaces de tener una conversación incómoda y que ahora la tienen, y punto.
En ese orden, primero el 1 y después el 2.
Que no se puede empezar la casa por el tejado.
Para que le pongas unos buenos cimientos a tu hogar interno, es este curso.



También hay que asumir que hay gente que no se toma bien los límites que le ponen. O que manipula tranquilamente para que parezca que no ha hecho nada. Y lo mejor, según mi experiencia, es mantenerte firme, no intentando quedar encima, sino sin abandonar tu postura (si la otra persona necesita tener la última palabra pues que la tenga, no vas a ir tú detrás de ella). Y luego, cortar la relación. Dentro de lo posible.
Yo tengo experiencia en tercera y en primera persona, de una amiga mía y yo, diciéndole a alguien que teníamos en nuestra vida de manera cercana “oye, esto que has hecho me ha molestado”, de manera asertiva, y la otra persona tomándoselo tan mal que su respuesta es cortar el contacto con nosotras para castigarnos por poner límites. Al final apartándose nos hicieron un favor, porque perdimos a alguien que no nos respetaba.
*Olvidé especificar en mi mensaje anterior que mi amiga y yo le pusimos límites a personas diferentes, pero estas reaccionaron igual de mal ante nuestros límites. Es decir, ambas eran personas que no merecían estar en nuestra vida.
Muchas gracias, María. Comparto todo lo que dices. Solo añadir que a veces no es que sea una mala persona o que no nos quiera, sino que no sabe hacerlo de otra forma… Que sus miedos o sus heridas entran en juego y le dificultan sostener un límite o escuchar una crítica. Y eso no quiere decir que yo tenga que hacerme cargo de sus dificultades. Es solo que a veces esto ayuda a ver a esa persona de otra forma más compasiva.
Vamos, que te quedas más en paz cuando te separas de esa persona sin resentimiento y comprendiendo que sencillamente estáis en puntos diferentes. Y no pasa nada.
Un abrazo,
Vanessa