Nueva técnica para saber qué decir cuando alguien te toque las narices.

La más simpática del barrio pone límites así

Hoy estoy más feliz que una perdiz.

Ayer terminé una mentoría con un grupo de mujeres estupendas.

Y me impactaron tanto los testimonios de cada una de ellas que salí flotando del zoom…

Una contaba que pudo decirle a su jefe «he tenido una mala semana y no tengo este informe terminado, esta semana lo acabo», y tan tranquila.

Y otra que llevaba el pelo largo se lo ha cortado a lo Natalie Portman porque a ella le gusta así. Y aunque a su pareja le gustara más antes.

Pues sí, a pesar de ver cambios como estos a diario, mi piel se sigue emocionando y mi corazón se sigue acelerando cuando me los cuentan…

 

 

Porque muchas venimos de matarnos y acabar a las tantas para terminar un informe o de mirarnos al espejo pensando más en lo que les gusta a los demás que en nosotras.

Y, desde luego, en lo que a límites se refiere, la mayoría de las mujeres que conozco venimos de esto que te voy a contar.

Y puede que tú encajes en esta mayoría o puede que no.

Veamos…

Me refiero a que la mayoría hemos aprendido que solo hay dos posibilidades a la hora de poner límites.

 

 

La primera es la de decir las cosas con agresividad y malas formas.

La típica persona a la que has visto funcionar en modo “¡esto se hace así porque lo digo yo! Y tú te callas”.

Es decir, alguien que se hacía respetar dando miedo.

Como es lógico, a ti esto te resultaba muy desagradable y no te gustaba nada. De hecho, te daba bastante rabia esa manera tan autoritaria de decir las cosas.

 

 

Y la segunda opción que hemos aprendido a la hora de poner límites es la de callarse y no decir nada.

Si nos vamos a los estereotipos, este papel suele haber sido el de la figura materna, pero no siempre es así.

Quien fuera, puede que haya sido muy evidente cómo esa persona dejaba que le faltaran al respeto y la pisaran…

O puede que haya sido algo más sutil y simplemente se haya ido dejando hacer, sin dar su opinión, sin llevar la contraria y sin ocupar su lugar.

 

 

La cosa es que la mayoría de las mujeres a las que acompaño han aprendido que a la hora de poner límites existen estas dos opciones.

1. Poner límites siendo borde y desagradable y generando miedo o rechazo en los demás.

2. No ponerlos, y así evitarte problemas y quedar como buena persona ante los demás.

¿Qué eligen? Lógicamente, la segunda opción.

 

 

Porque a nadie le gustan las personas bordes, agresivas o que hablan con malas formas. Así que, “si poner límites va de eso, mejor me quedo callada”, deducen con toda la lógica del mundo.

Hasta que empezamos a trabajar juntas y se dan cuenta de que hay una manera de poner límites que no va de ser brusca, ni de atacar a nadie, y que hace que queden mucho mejor que antes… Y cortocircuitan de placer.

Como le pasó a Olga que, antes de escuchar La Técnica Reina para responder cuando un comentario te sienta fatal, me contó esto:

“Primero dudé en comprar porque me dije, `no, no quiero responder agresivamente´, pero luego leí hasta el final lo del curso y me interesaste más cuando pusiste, `no quedarse callada pero tampoco decir algo de lo que después te arrepientas y sin atacar a nadie´ 😊”.

 

 

Claro. Y esto es lo que nadie nos ha enseñado (unos porque no lo saben y otros porque no les interesa que lo sepamos nosotras…).

Que puedes enfadarte sin dejar de ser simpática… Incluso estar enfadada y ser agradable a la vez.

Que puedes decir lo que te molesta sin hacer daño a nadie y sin que nadie te rechace.

Y que puedes ser admirada por tu forma de comunicarte y que los demás te den las gracias precisamente porque eres alguien que dice las cosas con claridad y firmeza, pero también con delicadeza.

 

 

Por eso, cuando trabajamos juntas y lo descubren, alucinan y se ponen locas de contentas.

Porque se dan cuenta de que ahora sus relaciones funcionan mucho mejor y son más reales.

Porque tú ya no tienes que aparentar ni reprimir nada, y puedes relajarte y ser más como eres.

Lo mismo con una compañera de trabajo, que con tu pareja, que con tu padre o con la persona más tóxica que conozcas.

 

 

Y porque también ven que están más tranquilas y más a gusto consigo mismas que antes.

Obvio. Y así es como deja de dolerles tanto el estómago…, porque han dejado de tragarse tanta m1erda.

Eso es lo que pasa cuando descubres que poner límites no implica ser borde.

Y que puedes ponerlos y ser la más simpática del barrio.

Y ese pequeño primer paso, el mismo que ya están aplicando Olga y cientos de mujeres más, tú lo tienes aquí.

Besos y sonrisas,
Vanessa

PD: Lo que te cuento en estos dos audios tan sencillos de poner en práctica es parte de un  método para sentir que te haces valer sin ser borde, muy diferente a todo lo que has probado hasta ahora. Si te interesa profundizar, empieza escuchando esto y en unos días hablamos.

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Soy Vanessa Carreño, fundadora de Coaching to Be. Desde 2012 acompaño a mujeres que se sienten inseguras y culpables a menudo y que están demasiado pendientes de agradar a los demás, olvidándose de sí mismas.

Unas eligen trabajar conmigo de forma individual. Otras prefieren hacerlo a su ritmo a través de mis cursos online.

El cómo da igual. Lo importante es que empiezan a valorarse, a pensar en ellas sin sentirse egoístas y a hacerse valer sin sentirse culpables.

2 comentarios

2 comentarios
  1. Elena 15/10/2026

    Estoy completamente de acuerdo en lo de poner límites, pero decirle a un jefe que has tenido una mala semana y no has hecho una tarea encomendada, y «tan tranquila» decirle que lo haces esta, no me parece ni meritorio ni mucho menos algo de lo que presumir, al menos sin contexto. Los límites, entiendo, son cuando nos faltan al respeto o no tienen en cuenta lo que pedimos o necesitamos, no imposiciones y menos en entorno laboral, y ante un superior. Es nuestro trabajo y nuestra responsabilidad, y todos tenemos malas semanas o circunstancias personales que no nos excusan de nuestras obligaciones. Ni como empleada ni como jefa me parece de recibo esa respuesta ante algo que no has hecho y forma parte de tu trabajo, francamente.

    Responder
    • Vanessa Carreño Andrés 15/10/2026

      Hola Elena,
      El contexto de esta persona es que es alguien muy perfeccionista y autoexigente que nunca había dicho «no he podido hacer esto» porque se esforzaba al máximo con tal de cumplir con su tarea, incluso por encima de sí misma y de su salud. Y que después de unos días limitada y no pudiendo hacer tantas horas extra por un tema físico pudo decirle a su jefe «me ha pasado esto y no me ha dado tiempo a terminarlo, esta semana lo tienes», en vez de pasar una noche sin dormir y enfermar aun más.
      Los límites son todo lo que necesito poner a mi alrededor para sentir que me cuido y que me hago cargo de mí. Y unas veces serán a alguien que me ha faltado al respeto y otras veces serán a alguien que, por poner un ejemplo sencillo, todas las mañanas me invita a un café y le quiero decir que no quiero que lo siga haciendo porque no me siento cómoda con esto.
      Quiero decir que a veces entendemos los límites solo como algo que se pone cuando abusan de nosotras. Y en realidad es algo mucho más amplio y más presente en nuestras relaciones que eso.
      Todos los días, cada vez que nos relacionamos con cualquier persona, en el super, en el trabajo o en casa, están presentes nuestro límites y los del otro, los pongamos o no.
      Espero haberte aclarado!
      Un abrazo,
      Vanessa

      Responder

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