Nueva técnica para saber qué decir cuando alguien te toque las narices.

O me trago mi enfado, o me quedo sola

Mujer pensativa y seria - O me trago mi enfado o me quedo sola

Te voy a leer el whatsapp más bonito que he recibido esta semana.

Y no es de mi pareja (pobre, si se entera…).

Es de una clienta.

Sí, muchos mensajes de mis clientas me sacan una sonrisa y me hacen cosquillas en la tripa. Y es brutal esa sensación.

 

 

Al grano, esto es lo que me escribió Tania:

“Vanesa! Hoy me he enfadado sin miedo!!”.

“Le he dicho a xxx que no me estaba pareciendo bien lo que estaba haciendo con el puente. Y se lo he dicho enfadada… Sin forzar aquel tono dulce de antes y sobre todo sin miedo a estarme pasando por decírselo. Me he acordado de ti y he pensado “j0der que no tengo miedo”.

Y esto, para alguien que viene de donde venía Tania, tiene muchísimo mérito…

Vale, rebobinamos.

 

 

Tania viene de un pasado en el que nadie estuvo ahí para sostener su enfado.

En el que sintió que si se enfadaba ya no era querida.

Y en el que nadie le reconoció su derecho a cabrearse (más bien se lo castraron).

Total, que hasta ahora, con 39 años, Tania era de las que no se enfadaba nunca.

“Solo con personas de mucha, mucha confianza, y aun así me costaba”.

Pero de esto no se había dado cuenta hasta que…

 

 

Hasta que, cuando llevábamos un mes y algo trabajando juntas y ella ya era un poco más capaz de escucharse y de validar lo que sentía, empezó a quedar con un chico.

Y, la primera vez que le molestó que él le cambiara un plan en el último momento, Tania se lo intentó decir.

Pero lo hizo como pidiéndole perdón por decirlo, que “igual son cosas mías” y “bueno, si te parece bien”.

Vaya, que se lo dijo con mucho miedo a que él no sostuviera su enfado.

Y a que se acabara largando.

Y ahí fue donde Tania vio claro que había mamado eso de que «si te enfadas, te quedas sola».

 

 

Pero no le pasa solo Tania.

Exactamente lo mismo les ocurre a la mayor parte de las mujeres con las que trabajo.

Igual que me ocurría a mí antes.

Que tampoco me podía enfadar porque me daba un pánico horrible que la otra persona (amiga, pareja, madre, compañera de trabajo, vecina del quinto, etc., etc.) se fuera…

 

 

Total, que muchas nos pasamos media vida con el enfado reprimido.

Como la que mete tripa, pero metiendo la rabia padentro…

Porque el enfado no está bien visto.

Y hay que ser buena y comprensiva con los demás y no montar líos.

 

 

¿Resultado?

O bien te acabas machacando a ti misma…

O bien sacas ese enfado en otro momento y con quien menos culpa tiene…

O bien te vuelves pasivo agresiva…

(Es decir, por un lado tienes mucho miedo a mostrar tu enfado y por otro sientes mucha injusticia y mucha rabia y quieres que la otra persona lo vea y se dé cuenta).

Todo esto es lo que ocurre cuando tienes mucho miedo a enfadarte y que el otro (o la otra, quien sea) no sostenga tu enfado y se vaya.

 

 

Por eso para Tania este momentazo con su pareja, tres meses después de aquel primer enfado reprimido, fue super motivo de orgullo y celebración y me lo quiso compartir.

Porque ahora, por fin, está descubriendo que puede mostrar su enfado y que no pase nada.

Que puede estar cabreada y que los demás sigan estando bien con ella.

Y que no se alejen. Y que no la rechacen. Y que no la dejen de hablar.

 

 

Que lo que le había hecho creer quien le enseñó a ser buenecita y no dar problemas…

Aquello de que “si te enfadas no te van a querer”…

NO es cierto.

Y que ahora se puede enfadar sin hacer daño a nadie.

 

 

Incluso siendo más clara y respetuosa que cuando no se enfadaba.

Porque, además de dejar de tener miedo a enfadarse… Tania también ha aprendido a hacerlo siendo educada y sin molestar a nadie.

Así es como, quien estaba, sigue estando.

Y ni mucho menos se ha quedado sola.

Ni ella, ni yo, ni ninguna a la que conozco que haya aplicado esto.

Besos y sonrisas,
Vanessa

PD: Con quien sea que te manipuló y te hizo creer que eras tú la que tenías que tragarte tu enfado en vez de ser el otro quien tenía que saber sostenerlo, es a quien primero deberías decirle esto. Y que no te cuenten cuentos.

 

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Soy Vanessa Carreño, fundadora de Coaching to Be. Desde 2012 acompaño a mujeres que se sienten inseguras y culpables a menudo y que están demasiado pendientes de agradar a los demás, olvidándose de sí mismas.

Unas eligen trabajar conmigo de forma individual. Otras prefieren hacerlo a su ritmo a través de mis cursos online.

El cómo da igual. Lo importante es que empiezan a valorarse, a pensar en ellas sin sentirse egoístas y a hacerse valer sin sentirse culpables.

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