Te cuento cómo le puse límites a la persona más tóxica de mi vida (paso a paso)

Cuando ves que otra mujer se atreve a ocupar más espacio que tú

Dos mujeres - La rabia que sientes cuando las demás se atreven a ocupar más espacio que tú

Algunas mujeres nos sentimos molestas cuando vemos a otra que ocupa mucho espacio.

A mí me pasó toda la vida.

La que preguntaba algo en clase y se daba el lujo de acaparar la atención del profesor durante un buen rato…

La que se relajaba en el probador de una tienda, como si no hubiera visto que había una cola de campeonato esperando…

La que llegaba tarde, aunque supiera que los demás no podían empezar sin ella, y ni siquiera pedía disculpas…

Y este domingo ocurrió algo que me recordó aquello.

 

Resulta que estaba de ruta con el grupo de montaña al que pertenezco y, en medio de la caminata, una mujer dijo que ya era hora de comer y que nos sentáramos allí.

Ya sabes, sin preguntar “¿qué os parece que comamos aquí?”, ni nada parecido.

Simplemente tiró su mochila al suelo y dijo “no puedo más, vamos a comer”.

Buuuf.

La amiga con la que yo iba estaba indignada.

“¿Pero cómo puede tener tanta jeta esta tipa?, ¿pero quién se ha creído que es?”, me repetía roja de furia.

 

Pues aquella mujer era una de esas que te digo que ocupa demasiado espacio.

Y eso, a las que no somos así, nos sienta fatal.

Mi amiga, por ejemplo, es discreta. Comedida. Prudente.

Ella jamás habría impuesto su opinión en un grupo de veinte personas como lo hizo aquella mujer.

Y, por eso, se subía por las paredes de la rabia.

A mí me parecía una escena desagradable, pero ya no me ponía de los nervios como antes.

Y entonces fue cuando me di cuenta de lo que estaba pasando…

 

De por qué a mi amiga le estaba crispando tanto el comportamiento de esa mujer.

Y, en cambio, a mí no me gustaba, pero ya no me sacaba de quicio como hace años.

El motivo por el que mi amiga se sentía tan mal no era que esa mujer estuviera ocupando mucho espacio.

Lo que a mi amiga le molestaba, sin ni siquiera saberlo, es que esa mujer se estaba dando permiso para lo que ella no se lo daba.

Porque mi amiga es de las que tragan lo que haga falta con tal de no molestar a nadie.

Exactamente igual que era yo antes.

 

Y, entonces, el problema no es que haya otra que ocupe mucho espacio.

El problema es que esa otra nos recuerda el que nosotras no ocupamos.

Vaya, que la rabia que sientes cuando ves a una de esas mujeres que se atreve a pedir ayuda para algo en lo que tú te las apañarías sola…

O a una de esas que dice lo que quiere sin tener en cuenta a nadie…

Esa rabia no tiene tanto que ver con lo que esa mujer hace, sino con lo que tú te haces a ti…

 

Con esos momentos en los que tú tienes mucho más en cuenta a los demás que a ti.

Con todos esos momentos en los que no te atreves a llamar la atención, a enfadarte o a pedir lo que quieres.

Porque aprendiste que no debías ocupar demasiado espacio…

El problema es que, de tanto adaptarte y meter tripa, al final ni siquiera ocupas el que te corresponde.

Y, claro, eso a una parte de ti no le gusta. Lógico y normal.

Por eso, a veces te cae fatal la que coge lo tuyo, lo suyo y lo de todas. Con razón.

Ya te digo que a mí antes me pasaba lo mismo, así que entiendo bien lo que se siente.

Pero, tranquila…

 

Porque cuando empiezas a tomar decisiones, a decir lo que te va bien y a pensar en lo que tú necesitas, esa mujer que antes te generaba rechazo, resulta que ahora ni fu ni fa.

Claro que puedes ver que es caprichosa… O que necesita llamar la atención… O que peca de egoísta.

Pero ya no te pone de los nervios.

Porque tú estás contigo y sientes que, por fin, ocupas el espacio que te mereces.

Y que ya no le estés cediendo tu sitio a nadie.

 

Para eso, también, es esta nueva forma de trabajar conmigo.

Puedes rellenar la solicitud hasta este domingo.

(Las que lo hagáis después, pasaréis a la lista de espera).

Besos y sonrisas,
Vanessa

PD: ¿Sabes cuando alguien se permite enviar un audio de whatsapp largo en un grupo y a ti eso te saca de quicio? Pues es otra señal que te recuerda que estás ocupando menos espacio del que te corresponde.

Si quieres que eso deje de pasarte, sin necesidad de molestar a nadie, pero sabiendo que te estás dando tu lugar, mira esto (es algo que no habías visto antes).

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Soy Vanessa Carreño, fundadora de Coaching to Be. Desde 2012 acompaño a mujeres que se sienten inseguras y culpables a menudo y que están demasiado pendientes de agradar a los demás, olvidándose de sí mismas.

Unas eligen trabajar conmigo de forma individual. Otras prefieren hacerlo a su ritmo a través de mis cursos online.

El cómo da igual. Lo importante es que empiezan a valorarse, a pensar en ellas sin sentirse egoístas y a hacerse valer sin sentirse culpables.

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