Hace muchos años que me declaré detractora absoluta del “tengo que”.
Lo tengo claro clarísimo: usar el “tengo que” debería estar prohibido.
Ya sabes… Decir cosas como:
Tengo que ponerme con ese curso.
O
Tengo que tener más paciencia con mis hijos.
Que, si te fijas bien, las decimos a todas horas.
Pero son nefastas para nuestra salud emocional…
¿Por qué?
Pues podría responderte con una sarta de teoría tipo el “tengo que” denota obligación y exigencia…
Te hace sentir como si alguien te obligara a hacer eso o como si llevaras a una sargento mandona colgada del hombro todo el día…
Además de que te quita responsabilidad sobre tus decisiones y te hace creer que no tienes libertad para elegir qué hacer.
Pero, en vez de eso, vamos a hacer la prueba del algodón para que tú misma sientas en tu piel por qué no deberías usar el “tengo que”.
¿Preparada?
Piensa en algo que tú te cuentes que tienes que hacer.
Lo que quieras. Desde poner una lavadora a llamar a tu madre.
Piénsalo y dilo en voz alta: tengo que xxxx.
Y observa cómo te sientes al decirlo.
Déjate sentir eso que sientes….
Bien.
Ahora cambia el “tengo que” por “quiero” o “voy a”.
Quiero poner una lavadora para que tener esa falda limpia mañana.
Voy a llamar a mi madre para que esté tranquila.
Esto mismo, pero con el ejemplo que tú hayas elegido.
Piénsalo y dilo en voz alta: “quiero xxxx” o “voy a xxxx”.
Y observa cómo te sientes al decirlo.
¿Qué cambia cuando dices “quiero” o “voy a” en vez de decir “tengo que”?
Tal vez ahora te sientas más relajada…
O menos presionada…
No puedo adivinar tu respuesta… De lo que estoy segura es de que te sientes mejor con “quiero” o “voy a” que con “tengo que”.
Claro.
Y te garantizo que no vas a encontrar un ejemplo en el que no puedas aplicar este cambio…
Porque incluso un “tengo que ir a trabajar” se puede cambiar por un “elijo ir a trabajar porque ahora mismo necesito tener este sueldo a fin de mes”.
Tooodo lo que hacemos, incluido lo que menos nos gusta, es para obtener algún tipo de beneficio.
Vaya, que no somos esclavas ni estamos obligadas a nada. Cualquier cosa, siempre, podemos elegir no hacerla…, si estamos dispuestas a renunciar a ese beneficio.
Total, que me rechina mucho el “tengo que”.
Y es uno de los cambios sencillos y con resultados muy potentes que suelo invitar a hacer a mis clientas.
Pero hoy quiero contarte una situación en la que SI te conviene usarlo:
Con las personas que no aceptan tus límites.
Con ellas es con las únicas con las que te animo a darle caña al “tengo que”.
Véase lo típico que alguien te dice “¿vienes mañana al cine?”.
Y a ti no te va bien o sencillamente no te apetece ir…
Pero cuando le respondes “pues quiero hacer unas cosas en casa” o “me da pereza ir”…
No acepta tu negativa e intenta convencerte.
Vengaaaa… Andaaaa…. Anímateeee….
Y tú sin saber cómo decirle que no para que te deje en paz…
¿Sabes a lo que me refiero, verdad?
Vale, pues con éstas es con las que el “tengo que” funciona como mano de santo.
Tú ahí les dices “tengo que hacer unas cosas”, y no te siguen insistiendo.
Es que ni rechistan.
Porque asumen que no puedes por una causa de fuerza mayor.
Y eso sí lo respetan.
(Ya… Otro tema sería por qué algunas personas respetan más que les digas que no puedes porque tienes alguna obligación a que les digas que no quieres porque prefieres hacer otra cosa… Como si el deber fuera respetable y el placer no lo fuera :-(.
Bueno, pues con estas personas con tendencia a ser más pesadas que un carro lleno de piedras, tener el “tengo que” a mano te vendrá de perlas.
Y si ni con esas se dan por vencidas o encima te dicen algo que te sienta mal, tengo una técnica para poner un límite a la gente experta en tocarte las narices.
Esta nueva técnica te la dejo aquí.
En cuanto la interiorices ya no habrá opción a que alguien te diga algo molesto y tú te quedes callada o le respondas algo de lo que después te arrepientas.
Y la puedes usar con tu padre, tu prima la del pueblo o alguien de tu trabajo… Con quien sea, y presumiendo de saber quedar bien.


