¿Sabes cuando en un par de días te pasa varias veces lo mismo?
Y te dices… “uy, uy, uy, aquí hay chicha”.
Bueno, pues lo que me ha pasado cinco veces en dos días es…
Encontrarme a alguien de quien están abusando de alguna forma y que, al contármelo, esa persona crea que toda la responsabilidad de lo que está pasando es el del otro.
Como si la pelota solo estuviera en tejado ajeno.
Ojo cuidado.
Y sé que puede doler escuchar esto…
Pero las personas adultas somos tan responsables de lo que no hacemos como de lo que sí hacemos.
Por ejemplo…
Si yo doy mi opinión sobre un tema controvertido y un amigo me dice que soy idiota por pensar así…
Y en ese momento siento rabia y vergüenza. pero no digo nada…, la responsable de no haberme defendido soy yo.
Mi amigo será responsable de haberme menospreciado llamándome idiota. De acuerdo.
Pero yo soy responsable de no haber hecho nada ante ese mal trato.
Vaya, que a veces pensamos que solo somos responsables de lo que hacemos.
Pero eso es mentira.
Porque también somos responsables de lo que NO hacemos.
Sí, sé que esta opinión puede generar controversia.
Porque parece que cuando uno insulta/ningunea/desprecia y el otro no dice nada, el responsable de lo que está pasando es únicamente el primero.
Pero no.
El primero es quien pone en marcha la conducta, digamos, “reprochable”.
Pero la responsabilidad de lo que pasa después de eso es mutua.
Y de verdad que siento si leerme te está escociendo de alguna forma.
No quiero meter el dedo en la herida de nadie.
Yo también me habría puesto de morros hace años si alguien me hubiera dicho esto.
Porque entonces no estaba preparada para hacerme cargo de mí misma.
Ni dispuesta a asumir las consecuencias de plantarme cuando no me sentía a gusto con algo.
Para empezar, no era capaz de sostener la culpa de no seguir siendo «la buenecita que no da un ruido».
Tampoco estaba dispuesta a que alguien me pudiera criticar por no hacer lo que se esperaba de mí o lo que “quedaba bien”.
Ni mucho menos estaba preparada para ser rechazada por poner un límite o decir que no.
Y, por todo eso, había muchas cosas que no hacía y que no decía (a pesar de pensarlas y de sentirme fatal por tragármelas).
Y eso, lo que no hacía, lo que no decía y lo que no me defendía, SÍ era mi responsabilidad.
Aunque yo entonces no lo supiera…
Igual que si me molesta algo de una amiga y en ese momento no le digo nada porque me parece super obvio que ella tendría que haberse dado cuenta…
Pero poco a poco voy poniendo distancia y alejándome hasta que la relación se pierde… la responsable de ese final también soy yo.
O si he acostumbrado a mi familia a ser la que siempre cede, la que se adapta y “a la que no le importa”…
La responsable de que hoy esté de morros haciendo algo que no quiero y sintiendo que nadie lo valora porque ya lo dan por hecho, también soy yo.
O si mi pareja tiende a pensar en él primero y a veces me parece que no me tiene en cuenta ni me pregunta para saber qué quiero yo…
Y yo no digo nada y voy tragando y aguantando, la responsable de no poner ese límite también soy yo.
Atención porque en todo momento estoy diciendo “ser responsable”.
En ningún momento estoy hablando de “ser culpable”.
No.
Aquí no estamos buscando culpables.
Soy cero amiga de las culpas, excepto para los delitos y los juicios de los juzgados.
Estoy hablando de ver qué parte de esto depende de mí y cómo lo que yo NO hago también tiene influencia en el resultado de lo que está pasando.
Ya sea que me callo las cosas.
Ya sea que el otro no se entera de lo que me está pasando porque yo no lo he expresado con claridad.
Ya sea que, de alguna forma, miro para otro lado en vez de cuidar de mí.
Justo para evitar eso creé La Técnica Reina.
En concreto, para que tengas un método muy sencillo con el que responder cuando alguien hace algo que te siente mal…
Y quedes como una reina haciéndote cargo de tu mitad del pastel.
En breve la lanzaré en público a un precio más razonable.
Por ahora, para quienes estáis conmigo aquí, sigue costando lo mismo que invitar al café con churro a tu mejor amiga.
Si te apuntas ahora, en dos horas lo tienes hecho. Aquí.
Besos y sonrisas,
Vanessa
PD: Es mágico ese momento en el que te enteras de que eres tan responsable de lo que haces a los demás como de lo que permites a los demás que te hagan… A partir de ahí, algo hace click en tus relaciones.
(Si quieres ponerle más respeto y dignidad a las tuyas, escucha estos dos audios).


