Hasta que empecé contigo, había aprendido más o menos a convivir conmigo misma y a saber (creía yo) llevarme, pero lo que hacía era huir y esconderme de todo aquello que escapaba a mi control para poder estar tranquila.
Vivía esperando tiempos mejores, buscando afuera algo que estaba dentro y que yo no veía…
Entonces ocurrió algo en mi casa de lo que no podía huir… Vivía con ansiedad constante y, de vez en cuando, tenía un ataque de ansiedad en el que expresaba a gritos que yo no podía más!!!
Este fue el detonante y quedamos en que iba a buscar ayuda, después de haber pasado ya por 5 personas y 3 libros de autoayuda y nada había funcionado.
Llegué a ti desesperada, angustiada, frustrada, con ansiedad constante, culpable, mala persona, me avergonzaba de mí misma.
Ahora todo ha cambiado, mi relación con mis hijas y con el resto del mundo ha cambiado. En casa se respira calma (toda la calma que puede haber con dos adolescentes, jejeje!!) y ya no tengo miedo de mí misma.
Ya no necesito darme instrucciones todo el tiempo sobre cómo actuar, ya no estoy llena de rabia y ya no siento ansiedad. Disfruto de cada momento del día, no me agobio si encuentro un atasco para ir al trabajo, pienso: «Este ratito que tengo para estar tranquila, escuchar música y pensar». Y así con todo.
Otra cosa que ha cambiado es mi percepción de las obligaciones, mi percepción de la perfección. No tengo esa losa encima de cómo tienen que ser las cosas, puedo fluir, me siento tranquila y sin presión y todo va saliendo sin llevarme a mí con ello.
Me siento muy segura de mí misma, de quién soy y cómo soy y no sólo segura, sino orgullosa, me gusta de verdad cómo soy, me siento afortunada por quien soy.
Más que cómo me siento ahora, la pregunta sería, cómo no me siento, porque esa rabia constante que me ha acompañado desde la adolescencia ha desaparecido y gracias a ella ha salido mi yo auténtico, mi yo más puro, ese que siempre he sabido que estaba y que siempre he buscado.
Ahora siento paz, estoy tranquila y me siento feliz. Disfruto de cada momento que vivo y no estoy esperando a mañana, a ver si es mejor que hoy. No existe ese diálogo interno constante conmigo misma y siento una profunda calma a diario y casi todo el tiempo y en el momento que algo turba esa calma, soy consciente enseguida y sé que debo hacer.
En «El camino a mí», el libro que escribí sobre este proceso, defino exactamente quien soy ahora:
Soy la calma que siempre soñé,
soy la paciencia que toda mi vida añoré, soy la paz que en todo momento busqué y soy consciencia cuando no lo soy.
Entonces soy compasión y soy abrazo soy perdón y aceptación,
soy aliento y esperanza soy templanza y confianza.
Una de mis hijas dice que ahora me enfado menos y ya no como antes, que tengo más paciencia, que se me ve más contenta, que se siente bien hablando conmigo y que hasta por las mañanas, que antes mejor si no me hablaba, ahora me habla normal y no pasa nada… Dice que esto le ha mejorado la vida también a ella…
Si echo la vista atrás, tal y como defino en el prólogo del libro, ésta ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida. A pesar de las dudas y los miedos generados, sobre todo, por anteriores experiencias de terapias personales, desde el primer momento tuve la sensación que esto era diferente, que eras la persona que buscaba y me doy las gracias por haber confiado en mi instinto.
Lo que más me ha gustado desde el principio ha sido esa facilidad para dar la dirección correcta a las sesiones y no permitirnos divagar más de lo estrictamente necesario en asuntos que no estaban enfocados con el momento concreto a trabajar. Me alucinaba esa manera de ir al grano y aprovechar al máximo nuestro tiempo juntas.
También me gustaba mucho el hecho de no dar mil vueltas al mismo asunto, atenderme y escucharme y darte cuenta si he comprendido algo, ya no es necesario repetírmelo ni decírmelo de 5 formas diferentes (algo que siempre me ha molestado en terapias anteriores y con profesores o profesoras toda mi vida).
De las sesiones me gustaba mucho también la calma, el no tener que estar mirando el reloj y dejar las cosas a medias porque llega la hora.
Me ha encantado el modo de gestionar mis reticencias a determinados ejercicios y la contundencia de cuando algo es necesario y no requiere mayor explicación que esa, el hecho de no dejarte liar por mis preferencias o desganas.
Otra cosa ha sido la facilidad con que me has leído siempre, aun en momentos en que yo no tenía claro que pasaba, qué necesidad había, tú siempre has sabido llevarme justo donde más lo he necesitado y de cada sesión ha salido un aprendizaje tan profundo que ya no he vuelto a olvidarlo.
Me he sentido siempre muy a gusto en las sesiones, y no creas que eso es tan sencillo. En otras ocasiones me he sentido juzgada (cosa que me ha hecho mucho daño) y muchas otras no comprendida, con la sensación de que no sabían ni qué decirme. Te he notado y sentido siempre muy segura y eso me ha dado a mi seguridad en el proceso.