Toño

Sector de la Comunicación. Zaragoza.

“Cuando comencé el proceso venía de una crisis emocional sin terminar de cerrar, mi separación tras 10 años de relación. Había vivido en automático durante años y al entrar en crisis con mi expareja me bloqueé, estaba desconectado de mi mismo y no sabía reaccionar ni cuidarme. Somaticé la ansiedad y llegué a un punto en el que no sabía quién era.

Tras la explosión, llegó el momento de reconstruirme y ver quién era y quien quiero ser. Todo esto me dejó en un estado de inseguridad, baja autoestima, y desorden mental (¿qué quiero?, ¿por qué soy así?); un gran ataque desde mi crítico interior y gran presencia del niño herido estaban presentes y dirigiendo el timón de ese momento de mi vida.

Me sentía inseguro, vulnerable, dependiente de los demás y un poco perdido.

El proceso de coaching ha ido acompañado de mi trabajo con mindfulness y yoga. Este conjunto de trabajos me han dado, en resumen, consciencia y aceptación, o al menos ese conocimiento, que no siempre es fácil aplicar.

Aún a veces soy crítico conmigo, aún a veces me siento inseguro; y ya sé que esto va a seguir pasando, porque soy así, tengo la fuerza, y la sombra, y las acepto a ambas, me acepto. Lo interesante es como he cambiado el diálogo conmigo mismo cuando esto pasa, y también como puedo respetar esas emociones, y como también respeto, gozo y disfruto los días y momentos cuando las emociones son gloriosas. Por eso el resumen es: la consciencia. También consciencia de los procesos mentales.

La situación después del coaching es que me acepto como ser humano, con luces y sombras; un ser humano que tiene por objetivo cuidarse y quererse (con toooodo lo que implica esto). Quererse como se es, y siendo ya soy, y no necesito hacer ni tener (soham).

Me siento ilusionado, vivo, agradecido, con mayor control sobre mí, más integrado, más conectado, más consciente. Me siento, cada día, en cada momento, como sea, con respeto, con cariño.

Mis relaciones van cambiando en tanto cambio yo, con cada persona de una manera distinta; digamos que veo dos mundos: quien siento que me interesa, y soy yo con ellos, y quien no me interesa (y uso el rol que conscientemente necesito).

Es importante un cambio: darme cuenta de que no puedo agradar a todo el mundo (eso que relaja mucho, jaja).

Mi forma de pensar ha cambiado en tanto que uso la mente como herramienta, pero soy consciente de que el pensamiento no soy yo, muchas veces mi cabeza es una jauría de monos saltarines (me hace gracia y lo observo, e intento no dejarme arrastrar).

El agradecimiento va cambiando mucho mi vida en tanto aprecio cualquier momento, si soy capaz de ponerle consciencia.

De lo que más satisfecho estoy es de quererme, de ponerme en el centro. Y también de darme cuenta de lo afortunado que soy por vivir, ¡voy a aprovechar eso!

Del coaching me ha gustado que sea un proceso de guía, donde yo he ido construyendo, pero sin autoritarismos, ni profundos análisis terapéuticos, desde el cariño. Siempre he sentido que podía contactarte con total confianza en cualquier momento.”