Iria Domingo

Traductora. Madrid.

“Antes del proceso de coaching mi situación era bastante mala. Acababa de pasar por las dos experiencias más duras de mi vida y me sentía víctima de las circunstancias. Estaba enfadada con la vida, sin confianza ni esperanza en relación a mi futuro… y arrastraba problemas de autoestima, complacencia con los demás, dificultad para decir que no, una gran tendencia a no ocuparme bien de mí misma, a anteponer todo y a todos a mí… No me cuidaba ni me quería bien.

Estaba triste, enfadada, perdida, asustada y desesperada. Era incapaz de sentir ilusión por nada, me costaba disfrutar. Me sentía poca cosa.

Ahora mismo, siento que esto es sólo el principio. Siento que tengo muchas herramientas que antes no tenía, pero si tuviera que destacar algo de todo este proceso sería la perspectiva que me has dado y la toma de conciencia sobre mil cosas que antes ni me planteaba. Es como si ahora entendiera la vida desde otro punto, como si reflexionara de forma más amplia y sabia, como si se hubiese abierto ante mí un mundo de posibilidades e ideas que antes no contemplaba.

Me siento más en paz, con más recursos, más orgullosa de mí misma, más consciente de lo que implican unas cosas y de lo que significan otras. Más valiente. Confío más en la vida y en mí. Me trato mejor, me cuido y me quiero más.

Este proceso me ha dado, sobre todo, el empuje que necesitaba para hacer ciertos cambios, para introducir cosas en mi vida que llevaba tiempo queriendo hacer pero que no sabía cómo ni cuándo. Estoy especialmente contenta de haber empezado a trabajar fuera de casa y sé que, sin ti, nunca habría dado el paso. Me siento orgullosa de haber empezado a arreglarme más, a gastar dinero en ropa, a maquillarme todos los días (algo que antes jamás había hecho). Estoy contenta también de haber entendido, al fin, el concepto de “aceptar” y saber que no es resignarse, sino aceptar las cosas tal y como son y no como te gustaría que fuesen… A confiar, a entender que no siempre podemos controlarlo todo, que la vida no es justa ni meritoria en muchos casos… Ha sido, probablemente, el año más importante a nivel personal, emocional y espiritual de mi vida.

De mi coach destaco su generosidad, su comprensión, su enorme paciencia. Es una persona muy cercana, pero cercana en un sentido especial. Siempre mantiene la distancia perfecta para que sepas que está ahí, pero también te deja tu espacio para hacer tu propio camino. Personaliza cada proceso de forma única, centrándose en tus necesidades concretas, trabajando tus puntos más débiles y ofreciéndote ejercicios y opciones varias para hacer hincapié en las cuestiones que más necesitas… No puedo estarle más agradecida por su ayuda.”