Silvia

Matemática. La Coruña.

“Comencé el proceso de Coaching porque me sentía muy bloqueada en distintos aspectos de mi vida, relacionados con el trabajo y las relaciones personales.

Sentía que me faltaba autoestima para afrontar retos laborales y para disfrutar de las interacciones con otras personas.

Sentía que no era capaz de ser yo misma y que mi personalidad fluctuaba en función del interlocutor.

Sentía que siempre estaba intentando agradar y que la opinión de otras personas la hacía mía, creándome un fuerte inestabilidad.

Ponía el foco en lo que había fuera, en lugar de en mi misma y sentía que no era lo suficientemente buena en nada ni para nadie. Que todo el mundo era mejor.

Estaba agobiada, desesperanzada, desmotivada con la vida en general. No me apetecía afrontar nuevas experiencias ni retos laborales o vitales y en aquel momento me veía incapaz de superar la situación.
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Ahora, una vez terminado el programa, me siento yo misma. La opinión ajena ha dejado de ser la que más resuena en mi cabeza y he empezado a escucharme. He dejado de lamentarme y he cambiado completamente mi estructura de comportamiento. Ya no pienso si a los demás les gustará mi comportamiento, ahora trato de pensar si a mí me gustaría. Y, además, en lugar de quejarme, trato de buscar soluciones. Soy más efectiva.

He aprendido a relativizar aspectos que antes eran cruciales y una fuente de sufrimiento.

He aprendido a disfrutar sin exigirme.

He dejado de machacarme y empiezo a perdonar mis errores. Estoy aprendiendo a comprenderme.

Me he dado cuenta de que ya soy la persona que siempre he querido ser. Que no hay nada en mí que haya que cambiar.

Me siento esperanzada. Con ganas de vivir y de afrontar retos. Más alegre. Menos gruñona. Más conectada con mis amigos y familia. Y más desconectada del resto del mundo.

Me siento más sana. Y sobre todo, más tranquila. He ganado como persona.

Me siento con más razón. He dejado de machacarme durante horas ante un error y he aprendido a sustituir eso por la búsqueda de una solución para enmendarlo. Tampoco dejo que los demás me machaquen ni me acusen. Me he vuelto muchísimo más asertiva. Y soy menos complaciente.

Como decía, miro más por mí y siento que he sufrido un cambio radical.

Por otro lado, disfruto más de mis amigos. Les aprecio más. Me permito equivocarme mucho más con ellos.

De todo, de lo que más satisfecha estoy es de haber dejado de machacarme. De empezar a cuidarme psicológicamente. De empezar a protegerme.

Del proceso destacaría el trabajo entre sesiones, me ha servido de mucho. A veces un ejercicio que trataba sobre algo completamente distinto, me ha llegado a despertar en algún aspecto en el que estaba bloqueada y que, a priori, no tenía una relación directa con el ejercicio.

No pondría ni un pero, para mí ha sido un completo acierto. Se trata de una inversión en uno mismo y cada uno decide cómo invierte su dinero.”