L.M.P.

Farmacéutica. San Sebastián.

“Mi situación antes del proceso era que estaba perdida, no me quería ni me valoraba. Me sentía triste, sin saber muy bien qué rumbo seguir, insegura… Me fijaba en amigas mías y quería parecerme a ellas porque sentía que ellas gustaban y yo no. No me valoraba ni me gustaba nada. Tenía la autoestima por los suelos.

Sin embargo ahora no quiero parecerme a mis amigas. Creo que yo gusto tal y como soy y de hecho esas cosas que me diferenciaban de algunas amigas ahora me doy cuenta de que es justo lo que no me gusta de ellas. No quiero ser como ellas, quiero ser como soy.

También he aprendido a salir de mi zona de confort, a saber que si quiero cambiar algo, en vez de quejarme y llorar, tengo que hacer algo para cambiarlo.

Me siento más segura. Antes me hundía en la miseria enseguida por cualquier cosa, y ahora creo que tengo más seguridad en mí. Aunque hay cosas que no van como quisiera, intento cambiarlas o pienso que ya llegarán.

He cambiado en que he hechos cosas que antes no habría hecho, salir de mi zona de confort, como coger un blablacar, buscar piso o ir a charlas sola.

En mis relaciones creo que soy más segura también, en vez de hacerme pequeña, soy como soy y ahora veo defectos en la gente y no en mí. Antes siempre pensaba que era yo.

Y con mi familia también ha mejorado. Cuando viene mi hermana creo que tengo la capacidad de disfrutar más. Antes tenía tantas ganas de estar con ella que sólo pensaba en que no estábamos juntas el resto del año y pasaba más tiempo agobiada por separarnos que disfrutando. Sin embargo ahora creo que aprovecho muchísimo cuando estamos juntas y no me siento mal por no pasar un rato con ella cuando viene aquí.

Mmmm, de lo que mas satisfecha estoy es de aprender a salir de mi zona de confort en vez de quejarme tanto. De aprender a pensar “vale, tengo este problema, ¿cómo lo soluciono?”, y hacerlo. Y de valorarme más.

Lo que más me ha gustado del proceso es que en cada sesión sentía que yo era lo más importante en ese momento, sentía que Vanessa se implicaba de verdad y que le importaba de verdad. Tenía ganas de que llegara la siguiente sesión para contarle algo nuevo.

También que a lo largo de todo el proceso he tenido que pensar en mí, y analizar cosas que nunca había analizado. Nunca me había parado a pensar en mí o a ver los “problemas” desde fuera y analizarlos y buscar soluciones. Me ha gustado tener que dedicarme un tiempo para mí.

Como ya le dije a Vanessa, he estado en psicólogos alguna vez y al final es como hablar con una amiga. No me ayudaban ni me daban herramientas para pensar de otra manera, y creo que ella sí lo ha hecho.”